Cuentos de Honduras, conoce sus mejores narraciones culturales

Las sociedades latinoamericanas tienen una gran predisposición a la creación mitos, mucho se ha dicho respecto a esa imaginación e inventiva latina que se llena de pasiones y guiños amorosos, presentamos aquí un ejemplo con los cuentos de Honduras.

cuentos de Honduras

¿Qué son?

Honduras es un país que se encuentra en la región central de América, su capital es Distrito Central que junta a Tegucigalpa y Comayagüela estas dos poblaciones tan solo con su nombre ya nos dejan ver su cercanía con el mundo indígena prehispánico, la cual no se puede dejar de considerar porque incluso en su bosque tropical tiene antiguos centros indígenas donde podemos encontrar jeroglíficos tallados en piedras y estelas, conoce más aquí sobre los mitos mayas.

Como es un país en el que la interacción con españoles fue fértil y al llegar los mismos tuvieron con quien encontrarse para compartir culturalmente no dejaron de aparecer ciertos relatos, cuentos y micro-cuentos que hoy forman parte de un imaginario colectivo tan antiguo que su origen se pierde en los antecedentes de donde vino la información y solo han sido transmitidos de generación en generación por tradición oral.

Muy similar a como los griegos se contaron sus antiguas historias los unos a los otros así ha ido pasando en Honduras con cada uno de los cuentos que contaremos a continuación que son muy ricos a nivel cultural, leerás sobre nombres que solo pueden venir de Honduras y en el transcurso del discurso podremos ir reflexionando un poco acerca de las similitudes que podemos encontrar entre estos cuentos y otros de la misma región.

Como por ejemplo con el primero de los cuentos que te vamos a presentar puesto que en él encontrarás a un personaje que seguro te suena hasta de las películas infantiles, ¿recuerdas a Pie Grande?, pues esta figura que ya no sabemos si es mitológica o no parece pasearse de punta a punta por América Latina y tener casi que en cada país su homólogo.

Pues, sí, los homólogos no son solo los presidentes de distintos países que se llaman entre ellos así porque comparten el mismo tipo de cargo en cada lugar de origen o una palabra destinada solo a cónsules de distintos países y regiones del mundo.

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No, una bestia de la cual no se tienen pruebas también puede tener pares iguales que misteriosamente aparecen y desaparecen en diferentes regiones del continente, o será quizá que es el mismo y lo recorre de arriba abajo desde hace tanto tiempo dejando huella en sociedades tan antiguas que por eso seguimos escuchando de él como un viejo rumor en el cual podemos elegir si creemos o no.

Inmersos en estos cuentos nos vamos a poder encontrar toda una serie de relatos donde elementos históricos van a conjugarse con otros fantasiosos, así como, religiosos y de la vida cotidiana propios de este país centroamericano, los mitos de Honduras están fuertemente arraigados a un fervor popular que hace que no expiren y que sigan siendo actuales aunque vengan de un tiempo en el que las crónicas y las cartas se enviaban en barcos de madera.

Porque efectivamente los orígenes que tuvieron estos cuentos de Honduras son una serie de relatos originados principalmente desde las crónicas pero en ellas no hay un registro exacto de los datos ni de dónde vino la información, incluso hay muchas que se han perdido, por eso se empezaron a entender como mitos que se difunden por todo el país.

No hay versiones oficiales siendo esta otra de las razones por las cuales los sujetos cuenta diferentes versiones de las historias por eso los particulares lo cuentan un poco a su manera agregando o quitando alguna información, es el caso de lo que llegó a nuestras manos en relación con información de fuentes primarias, es decir, personas o sus descendientes que estuvieron cerca de los hechos.

De la misma forma en la que estos cuentos de Honduras tienen en su seno un montón de misterio ocurre que dependiendo de quién los lea tendrá diferentes resultados o efectos en las mentes de quien los reciba. Si por ejemplo los lee un niño o niña, no será lo mismo que los haya leído una persona que sea adulta y por eso entre estos mitos podemos encontrar incluso algunos dedicados a los más pequeños de la casa.

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Para ellos, los que tienen la mente más nueva, cual si fuera una pizarra en blanco, los niños y niñas es mucho más fácil creer en estas historias y no pasarlas tanto por los filtros de la duda que a los adultos muchas veces nos quitan el asombro y el disfrute de muchas ideas locas que pensamos irreales porque no coinciden con lo que tenemos en la mente de lo que debe ser una historia.

Sin embargo comparativamente con otros países de Latinoamérica, Honduras no es un país que tenga una gran cantidad de relatos o cuentos cortos como si los pueden tener países como México, Perú o Chile, pero la riqueza de la inventiva humana reflejada gracias a ellos no nos dejan otra forma de verlas que como maravillosas.

Especialmente por ese contenido que tiene que ver con lo Maya y lo mucho que se reflejó en su mentalidad puesto que enriquecen con sus temáticas a las narraciones más locales de Honduras, sobre todo después de la colonización, por ejemplo, el Pie Grande hondureños que veremos en breve es comparado con el dios Chan de los mayas o su dios de la lluvia.

Mucho de esto se debe a los incendios que provocaron los españoles a los propios códices hechos por las propias partes religiosas españolas en el proceso de colonización, como los franciscanos. Documento hechos para ayudar a salvar las distancias entre el pensamiento indígena y el español. En respuesta a esta situación surgieron los pseudo-cronistas de tradición oral gracias a los que nos llegaron cuentos de la talla que leeremos a continuación, acompáñanos a aprender sobre los cuentos de Honduras, empezando por el Sisimite.

Cuentos de Honduras populares

En los cuentos de Honduras más populares podemos ver una mezcla de sabiduría popular, elementos cotidianos que conforman la vida y una sencillez que hace muy cercanas a las obras y le han permitido a este pueblo mantener en el tiempo todo un conjunto de ideas que parten de su forma de ver el mundo.

El Sisimite

¿Recuerdan a las bestias como Pie grande de Estados Unidos o el Yeti del Tibet?, pues, El Sisimite es el nombre por el que se conoce a una criatura muy similar en los cuentos de Honduras, pero, no parece ser puro cuento ya que la criptozoología, que es una pseudociencia que trata de probar la existencia de animales fantásticos, le ha dado a El Sisimite un sello de veracidad.

También llamado Itacoyo parece haber sido visto por primera vez, entre 1850 y 1950, por estudiosos y arzobispos curiosos y especialistas de la vida del país, personajes como: el historiador Jesús Aguilar Paz (1895-1974); el clérigo y arqueólogo Federico Lunardi (1880-1954); o la antropóloga de Estados Unidos y Francia Anne Chapman (1922-2010). Dan fe de la existencia de El Sisimite.

Según ellos y las leyendas populares este críptido o animal fantástico es en parte mono y en parte humano; su pelaje es negro o marrón oscuro; mide aproximadamente dos metros y medio; tiene un rostro y cuerpo humanoide pero con rasgos de simio; y  es muy fuerte y puede romper huesos con la facilidad con la que nosotros rompemos un mondadientes.

Además de todo esto una de sus características más importantes es que tiene los pies al revés, es decir, que donde nosotros tenemos el talón él tiene los dedos y viceversa, es por este motivo que cuando se observan sus huellas no nos están mostrando hacia donde fue sino de donde vino.

La leyenda más conocida de El Sisimite fue contada por una joven que sufrió un prolongado rapto de su parte, de su testimonio nos llegan mayores datos acerca de la vida de esta bestia humanoide que los expertos alegan vive en las alturas de la montaña y come bayas y frutos de la naturaleza, es decir, no es carnívoro.

Cuentos de Honduras

Sin embargo, por la vivencia de esta mujer y por sabiduría popular se saben otros pequeños detalles acerca de su vida, por ejemplo, que le gusta raptar a jóvenes campesinas y llevarlas a su cueva para violarlas o que también le gusta comer cenizas.

Resulta que la joven en cuestión, cuyo nombre no podemos revelar por temas de ética en la investigación, fue capturada por El Sisimite en un momento en el que estaba arando el campo en una región rural de Lepaterique, sus amigos y familiares después de meses de buscarla la dieron por muerta y se rindieron, pero al cabo de un tiempo más apareció la joven en el pueblo desconsolada y contando lo que había pasado.

El Sisimite la había secuestrado y llevado a su cueva en donde pasó aproximadamente 11 meses durante los cuales quedó embarazada porque fue violada, su embarazo fue de trillizos. Al nacer estos niños, parto que la debilitó mucho porque su dieta era en base a bayas, frutas y frutos secos y además tuvo que parir sin asistencia ni de una partera, sus hijos resultaron ser tanto humanos como simios y cuando estuvo repuesta la mujer decidió irse.

Para eso se escabulle en una de las ocasiones en las que El Sisimite se ausentó para buscar comida en la naturaleza pero uno de sus hijos comenzó a llorar y esto hizo que la bestia se diera cuenta de que la mujer no estaba en la cueva y empezó a buscarla con sus hijos en brazos, quienes estaban llorando por el ajetreo y el hambre.

Al llegar a un río la mujer lo cruzó sin saber que esa podía ser su salvación porque el mitad simio, mitad hombre, no lo quiso cruzar y se quedó con los hijos a quienes alzó en brazos mostrándolos a su ex víctima con la esperanza, quizá, de que reconsiderara el irse pero la mujer no se quiso devolverse y solo siguió huyendo pero escuchó como la bestia lanzó a sus hijos al agua para que el río se los llevara.

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Todavía los pobladores de la localidad e incluso de toda Honduras cuentan o reconocen la historia que contó esta mujer que escapó de El Sisimite, incluso otros detalles o contribuciones de los exploradores más arriesgados sostienen que en las cuevas de las montañas se pueden ver huellas de manos en los techos bajos que fueron hechas por los Sisimites que no se puede asegurar del todo que no estén vivos y en algún lugar del país.

La carreta fantasma

Si entramos en un papel esotérico, La carreta fantasma puede ser entendida como un cuento de Honduras donde encontramos la historia de un alma en pena, la historia se remonta a inicios de 1900 en una época en la que la localidad de San Rafael se llamaba a sí misma La Carreta y era un espacio de incipiente progreso al cual muchos hondureños y hondureñas se trasladaron con las intenciones de crecer económicamente.

En ese lugar había una gran cultura de comercio en cuanto al café y otros alimentos por lo cual cada vez más se llenaba el espacio con nuevos vecinos muchos de los cuales construían sus propias haciendas. Pero en la localidad existía un señor que ya de por sí tenía mala fama, su nombre era Bartolo.

Él estaba siendo llevado por la amargura y el alcohol, tenía problemas con todos sus vecinos y no establecía amistad con ninguno, solo cumplía con su labor de carretero llevando productos de la finca hacia el puerto donde los barcos se llevaban las materias primas para refinar lo que la naturaleza daba, sino hacia los mercados para su venta local. Después de cumplida su labor iba a la cantina y gastaba sus ingresos en alcohol, no le gustaba ir a misa y parece que era un aprovechado.

En una ocasión planeando cómo obtener más dinero se le empezó a ocurrir un plan que lo llevó a la perdición puesto que pensó en la idea de robar los “dineritos” para la fiesta de Octubre que se festejaba en La Carreta como parte de una serie de celebraciones anuales en relación a la agricultura y al comercio, en la que los ganaderos y dueños de fincas organizaban verbenas, compartires, carreras de caballos y un montón de atractivos para los habitantes.

Por estos días las carretas se movían mucho porque además de todo estaban promocionando los productos que se producían en cada finca, lo que hacía de estas ferias una gran ocasión para hacerse conocer como productor. Sin embargo, lejos de esta fiesta y este disfrute se encontraba el pensamiento de Bartolo, él lo que quería era hacerse de los fondos que la sociedad de vecinos había dispuesto para los gastos de logística.

Bartolo sabía dónde estaban guardados los mismos, porque era de conocimiento público que el ex cura del pueblo resguardaba el dinero de las fiestas de cada año y como este señor anciano vivía en una modesta casa cerca de la iglesia un día decidió que entraría a la misma para llevarse el botín, pero no pudieron los sigilosos pasos en esa noche menos que despertar y alertar al viejo cura quien empezó a gritar que lo estaban robando y los vecinos lo ayudaran.

Esto alarmó gravemente a Bartolo y decidió matar al cura, le propinó una serie de puñaladas en el tórax que lo hicieron desfallecer entre plegarias y lamentos para quedar silencioso en el suelo de su casa, como Bartolo lo quería, pero, ya era demasiado tarde el alboroto había despertado a los vecinos y cada vez era más obvio que aparecerían frente a la puerta con antorchas y amenazas ya que se les veía prender las luces y salir de sus casas.

Bartolo salió corriendo por la puerta trasera que daba al campo, huyó lo más rápido que pudo sin siquiera haberse llevado el dinero por el cual se había metido en ese problema, corrió tanto y sin saber hacia dónde se dirigía que de pronto se vio frente al río y aunque tenía la impresión de que lo había seguido ya en el afluente de agua se calmó un poco pero no sus piernas que estaban tan temblorosas por el miedo y la fuga que al intentar cruzar terminó zambullido río abajo, cansado y sin ver claramente, en una corriente bastante fuerte.

Bartolo fue encontrado muerto después unos días de intensa búsqueda que emprendieron los indígenas al darse cuenta de la situación y aunque los vecinos no se preocuparon de esto, su cuerpo fue removido de estar atascado en un conjunto de piedras que se encontraban ahí.

Al pasar los días siguió la vida con su transitar cotidiano de carretas de arriba para abajo durante las horas de trabajo, el cuerpo de Bartolo fue incinerado por el Estado porque en lo inmediato no se encontró un familiar cercano que se hiciera cargo de los requerimientos funerarios; sin embargo, empezó a ocurrir algo que llamó la atención de todo el pueblo.

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Resulta que por la calle La Carreta, ahora San Rafael, cada noche después de las doce de la media noche y antes de las dos de la madrugada se escucha el rumor de una carreta y su golpeteo habitual cual si estuviera llevando productos de un lado al otro y por más que los habitantes de la calle se asoman no la pueden ver solo escuchar. Este es un fenómeno que según los cuentos populares de Honduras sigue pasando incluso hoy en día.

Al poco tiempo apareció un familiar de Bartolo quien aseguraba haber sido su sobrino y que preocupado por lo ocurrido le pidió consejo a Dios para saber cuál era la situación espiritual de su tío y según el joven recibió la información de que estaba pagando un castigo por sus actos que no le permitían entrar al reino de los cielos, pero, que al mismo tiempo estaba acompañado por el cura quien era la carga que iba en la carreta.

De este cuento de Honduras se ha especulado mucho, algunas versiones lo acortan hasta solo su núcleo para dirigirlo a niños y no hacer énfasis en lo terrorífico que puede tener, pero si en la reflexión acerca de lo que es robar y qué consecuencias puede traer.

Lo que sí es incuestionable es que este cuento de Honduras es parte de su imaginario colectivo, sustentado en un pasado no tan lejano y al cual tenemos mayor acceso en cuanto a datos, nombres y señales que nos permiten reconstruir los hechos y entender porque los hondureños y sobre todo los de San Rafael se asoman a su calle esperando ver una carreta que no ven.

La mina de agua sucia

Este cuento de Honduras proviene del Municipio de la Llama, del departamento de Santa Bárbara, antiguamente el cerro en el que se desarrolla tenía un nombre cuya traducción del náhuatl significaba mujer vieja. Uno de los puntos de referencias más verídicos es ubicarnos en las proximidades del río Cececapa donde hace muchos años entre los pobladores de la vecindad se encontraban viviendo un padre y una hija, en torno a los cuales gira esta historia.

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En el pueblo había un rumor de que en el cerro se podía encontrar una mina de agua sucia en donde se ofrecían sacrificios por algún bien pero nadie sabía cuál era ese bien que se retribuía ni tampoco cómo llegar a ese sitio. El padre de la historia, sin embargo, con el mayor de los misterios y muy sigilosamente desaparecía cada viernes con una gallina y unas velas blancas hechas en Castilla.

Llegó un momento en el que la hija tenía tanta curiosidad por lo que estaba pasando y causaba que su padre desapareciera por horas cada viernes que empezó a seguirlo con mucho cuidado de no ser descubierta y como de tal palo tal astilla. El sigilo de la joven fue tal que logró llegar sin ser sentida ni advertida a la entrada de una cueva muy dentro de la montaña a donde su padre se sentó y empezó a desempacar los artilugios que había traído consigo durante todo el recorrido.

El señor empezó a hacer un ritual y casi de inmediato un remolino de fuego apareció desde el piso y se empezó a dirigir a donde la chica se encontraba escondida entre los matorrales, esto la hizo salir corriendo del lugar y fue cuando la pudo ver lo que causó mucha rabia en él y ocasionó que se la llevara de vuelta a casa entre severos regaños y castigos puesto que el camino para llegar allí era un secreto que solo debía conocer su padre.

Una vez volvió al sitio, el señor terminó de hacer un ritual que tampoco se sabe cuál es pero que se conecta con un ser que es una especie de lagartija gigante de oro que habita en el interior de la mina de agua sucia y al que después de hacerle el sacrificio de la gallina blanca y prender unas velas, este permite que se le corte una parte de la cola.

Como esa porción de cola se regenera en él para el próximo viernes siempre está disponible ese recurso, para quien le haga cuando se deba su sacrificio, sin embargo, muy pocos deben saber cómo llegar y cómo invocarlo. Luego de quedar aprovisionado quien ofrece la gallina puede vender el oro, que son galones macizos del mismo y sustentarse con esa venta.

Es el caso de lo que hacía el padre de este cuento de Honduras quien una vez tenía su porción de oro semanal se dirigía al Salvador y vendía en el mercado lo que había cortado, así se evitaba preguntas ya que lejos de su pueblo no se conocía el rumor de La mina de agua sucia.

Inevitablemente vemos en esta historia cómo se conectan a la realidad deseos de abundancia económica y su búsqueda, esta es una vieja idea según la cual en Latinoamérica existe algo llamado El Dorado que en ciertos puntos olvidados y conocidos por pocos se pueden encontrar fuentes de oro.

Esta idea que trajeron los españoles tuvo muy buena acogida en la cultural hondureña y en muchas de las regiones por eso no es difícil encontrar relatos como los cuentos de Honduras en los que con rituales o excavaciones se puede descubrir un tesoro.

La Sucia

Entre los cuentos de Honduras hay unos más populares que otros pero sobre todo destaca el de La Sucia, que afecta más que todo en la actualidad a los mujeriegos ya que constantemente reciben advertencias de las personas que están cerca de ellos, las cuales los previene de que les puede aparecer La Sucia. Cuya historia recuerda mucho a los tortuosos cuentos de terror largos que tanto miedo causan.

Esta es una historia de despecho y desilusión que tiene como eje central a una mujer que fue abandonada y que al no poderlo superar decide suicidarse pero su alma sigue penando buscando venganza en los hombres que tienen relaciones con varias mujeres, cual si así se vengara de su ex pareja.

Se cuenta que la historia comienza en una casa de familia clase media hondureña, entre 1900 y 1950, en la cual podemos encontrar a una joven muy bonita viviendo con sus padres y ayudándolos en labores habituales del hogar como por ejemplo ir al río a asear la ropa. En estas rutinas de limpieza la joven llega a conocer a un joven muy bien posicionado socialmente, que tenía recursos económicos y era como ella muy apuesto.

Los chicos se enamoran y planearon casarse lo que sus dos familias consintieron y aprobaron pero llegados al día del matrimonio se les presenta un inconveniente y es que la joven no está bautizada, ambos estaban en el altar con sus vestidos y galas propias de la ocasión, pero sin ese requisito de la fe de bautismo el acto no puede proceder y aunque se le pidió al cura que realizará el bautizo en el momento para proseguir, la actitud de la joven provocó que este no accediera a la solicitud.

La chica estaba gritando y peleando por el inconveniente y el novio la veía decepcionado a la vez que el cura la recriminaba, después de su matrimonio frustrado la mujer cayó en una depresión tal que no se quiso bañar más con regularidad ni tampoco cambiarse el vestido de novia. Ese era su futuro feliz y seguro pero ahora estaba truncado por una situación que pudo haberse arreglado con ir a otra iglesia y probar a ver dónde se podía bautizar.

El hecho es que la mujer no se recuperó de esa tristeza y al verla tan abandonada de sí misma su novio decidió separarse de ella. Desde entonces empezó a ser llamada La Sucia porque ya no se bañaba nunca, ni se cambiaba, solo vagaba por las calles con su tristeza a cuestas y así pasó un tiempo relativamente corto hasta encontrarse con la chismosa del pueblo quien le contó que su ex futuro esposo estaba por contraer nupcias con otra mujer.

Esa fue la gota que derramó el vaso luego de enterarse de eso La Sucia en un desconsuelo profundo y sin dudarlo siquiera, sin confirmar la información y sin respirar para reponerse, decidió emprender su camino hacia un risco que se encontraba cerca del pueblo y desde allí entre sollozos y maldiciones que salían de su boca se lanzó para morir.

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Pero la historia no terminó allí, a estos de cuentos de Honduras ahora es que le queda tela por cortar, resulta que el alma de La Sucia no ascendió al cielo y se ha quedado vagando hasta ahora en el mundo terrenal, persiguiendo a todo hombre que comparte íntimamente con más de una mujer y asustandole.

Primero aparece ante ellos como una bella chica pero cuando estos se acercan se descubre el misterio de La Sucia quien de hecho ha provocado más de un susto entre los hondureños puesto que, esta ánima como producto de la inventiva social no ha dejado de trabajar en el imaginario colectivo desde que ocurrieron estos hechos en una pueblo perdido de Honduras hace muchos años.

La aparición de la virgen de Los Remedios

Existen muchas versiones de interés para los hondureños y para la iglesia sobre la aparición en Honduras de la virgen de Los Remedios, a diferencia de muchos otros relatos de apariciones marianas entres estos no se cuenta que la virgen haya sido trasladada de su lugar de origen para después volver por sí misma como sí ha ocurrido en muchos otros relatos de este tipo, no, en este caso la virgen de Los Remedios desde que apareció siempre ha estado en la misma localidad.

El lugar al cual se debe la virgen es Tómala, muchos dicen que ella ama este lugar, en el cual existe un pozo que va muy de la mano con la advocación que se le asigna a la figura mariana ya que al parecer hace milagros, cura enfermedades y es sanador. Este es el cuerpo de agua en el que ella apareció hace muchos años, según relatan los cuentos de Honduras, y se halla en las inmediaciones de la iglesia.

Fue visitado por muchos peregrinos cada año quienes iban a bañarse en él o a humedecer con su bendita agua las partes de sus cuerpos que le duelen o donde tienen alguna afección, a través de un ejercicio de fe esto hacía que los feligreses confiaran en que sus dolencias se iban a curar gracias al agua de la virgen de Los Remedios.

La virgen de Tómala o la virgen de Los Remedios cuenta con dos iconografías por las cuales se les reconoce, la primera de ellas es la que provino en su momento del imperio español y es una imagen modesta que está adornada con elegancia embelleciendo el altar mayor de su iglesia; y la imagen encontrada que es parecida a una muñeca con una peluca y esta es una representación un poco más rústica de la misma figura virginal.

Conociendo más detalles de la virgen sabemos que fue encontrada por una campesina de la población de Yamaranguila, cuyo nombre fue Magdalena Lemus, en un árbol habitual de la zona cuya ubicación es precisamente donde hoy se encuentra edificada la torre del campanario de su iglesia. Como toda virgen hay que saberle rezar y por eso también creamos contenido para que aprendas a dirigirte a La Magnífica.

En ese mismo lugar había una enorme piedra y debajo de ella un pozo que tras su hallazgo el Alcalde de Yamaranguila decidió que se podía emprender la maravillosa idea de vender agua para beneficiar a las personas de la población, pero todo se dificulto porque de repente el pozo se empezó a secar y brotar más abajo a una profundidad que para el momento no alcanzaban las maquinarias con las que contaban.

Desde entonces se dejó el asunto del pozo tranquilo, ningún otro gobernante quiso vender agua de él y por eso en la actualidad solo se sabe que se encuentra allí como fuente de agua bendita para el pueblo. Esto se suma a varios testimonios de personas que en su tiempo contaban haber visto a la virgen con el niño en brazos a un costado del cuerpo de agua sagrada.

Este pozo entre los cuentos de Honduras es un gran enigma puesto que entre muchos hondureños se afirma que fue posible sanarse gracias a sus aguas sagradas y además se ha mantenido por muchos años manando agua fresca, la roca que tenía cerca sigue allí y es tan grande que hasta 20 personas se pueden colocar encima de ella.

Actualmente muchos peregrinos pueden acercarse para observar las huellas de la virgen que son figuras de sus pies labradas sobre la roca, aunque se presente cierta dificultad para verlas en este momento porque se encuentran un poco borrosas. Parecen estar así debido a que durante mucho tiempo los devotos de la virgen limaron los bordes para sacar del espacio donde la piedra se transforma en huella un polvo que creían que se podían tomar para sanarse más rápido de sus enfermedades.

Cuentos históricos

A referirnos a los cuentos de Honduras que son históricos hacemos un repaso acerca de los componentes mágico-religiosos de cada civilización que ha tenido parte en la concreción de un país como el centroamericano, es decir, aquellos que han ayudado a formar las ideas de nación que vinculan todos los hondureños en el entendimiento de que tienen una patria o que comparten ciertos mitos, leyendas e historias y esto los hace ser quienes son como colectivo.

El Cristo de Santa Lucía

Una de esas historias que tienen lazos importantes con la formación de las ideas de nacionalidad son precisamente los cuentos de Honduras que se refieren al Cristo de Santa Lucía, una localidad en la que a inicios de 1900 se vivió una confusión generalizada debido a unos crucifijos que las autoridades religiosas estaban dispuestas a ceder que habían pertenecido tanto al Municipio de Cedros como al de Santa Lucía.

Pero vaya sorpresa cuando los habitantes de estas localidades se dirigen a los mencionados crucifijos y los encuentran cambiados, así es, el Cristo de los Cedros se localizaba en Santa Lucía y viceversa, como si acaso hubieran sido cambiados sin informar a nadie y tomando a todos por sorpresa hasta los de las próximas generaciones que se enteraron de estos cuentos de Honduras.

Esto creo mucho desconcierto y alguna que otra perspicacia, pero, la mayor parte de la gente entró en angustia queriendo de inmediato y con la mayor premura posible devolver el arte sacro a donde pertenecía originalmente. Ya en enero de 1901 los habitantes y religiosos de ambas localidades se reunieron en Tegucigalpa, capital de Honduras, puesto que tenían la determinación de realizar una convivencia.

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Fue en enero de 1901 cuando los habitantes de ambos pueblos se reunieron en Tegucigalpa, capital de Honduras, con la finalidad de realizar una convivencia y luego efectuar el canje de crucifijos, esta iba a ser una celebración muy amena en la que estas personas compartieron rezos y experiencia con la idea de que llegara el momento en que pudieran intercambiar los crucifijos.

Sin embargo, ocurrió algo que nadie se esperaba y es que los habitantes de Santa Lucía quienes habían emprendido su peregrinación al lugar de encuentro sin que ocurriera mayor contrariedad de repente llegaron un sitio llamado La Travesía de Tegucigalpa ya muy cerca de la capital y casi para entrar en ella, en ese momento la imagen religiosa se volvió sumamente pesada.

Las personas que iban cargando el crucifijo se detuvieron y se dieron cuenta de que la imagen era muy pesada porque lo que prácticamente no la podían mover, a cada paso que intentaban dar y entre los pocos que lograban el peso que cargaban se volvía cada vez mayor, como si estuvieran elevándolo a la potencia.

Llegaron a pensar que todo se debía a que los hombres que estaban llevando el crucifijo se habían cansado después de haberlo cargado por tanto tiempo, recordemos que entonces esta peregrinaciones se hacían un ratico a pie y otro caminando. Por este motivo decidieron reemplazarlos para poder continuar con su marcha pero ningún intento dio frutos positivos, a los nuevos hombres también les parecía un peso gigantesco.

Llegaron a compararlo con el peso de toneladas pero otra situación curiosa en este cuento de Honduras, que está minado de ellas, fue que si giraban y daban vuelta atrás a su marcha el crucifijo dejaba de pesar, cuentan que en dirección a Santa Lucía la imagen pesaba lo que pesa una hoja seca y era tan fácil llevar como es fácil sostener una tela al hombro para que no se la lleve al viento.

La imagen en dirección al departamento y no a la capital ocasionaba tanto ruido como ocasiona una pluma en el viento, que no es nada y menos comparado con los quejidos, alaridos y quejas que los hombres expresaban en dirección contraria.

Todas estas curiosidades provocaron que los santalucenses entendieran que Cristo y Dios no quería desampararlos ni siquiera por un breve lapso de intercambio, no se cuenta que lo mismo haya ocurrido con el municipio de Cedros al cual se comunicaron inmediatamente para cancelar el acuerdo y reseñarles lo ocurrido. En honor a los hechos en el lugar en el que ocurrieron los hechos se erigió el Monumento al Cristo de Santa Lucía, mismo localizado actualmente en el Boulevard Morazán en Tegucigalpa.

Este sitio quedó así santificado y honrado desde entonces hasta ahora y para los años venideros, siendo como es un lugar de encuentro y de celebración de la protección de Dios, además, un espacio para volver a pensar sobre ese enigma de cómo aparecieron crucifijos invertidos entre dos iglesias o es así como nos llega los cuentos de Honduras.

El bulero

Según los cuentos de Honduras por allá por los años 1700 llegó a la ciudad Gracias a Dios un hombre que repartía bulas, por cierto, la bula es un documento de la iglesia que esta le otorga a sujetos para infundirles la autoridad de informar a los feligreses acerca de algunas directrices que debían seguir como, por ejemplo, no comer carne en ciertas épocas del año.

Cuando ya se estaba aclimatando en el pueblo y era bien recibido por este, el hombre decidió trasladarse al centro de Gracias a Dios y se encontró con una feria de Octubre en la cual todos los pobladores tenían asignado un papel y desempañaban alguna tarea, pero todos desde el disfrute y la alegría.

El bulero en este ambiente de dicha se dio cuenta de que en una de las mesas de la feria se estaba desarrollando un juego de cartas y aunque estos juegos son del azar y en muchas ocasiones la iglesia ve tales prácticas con ojos de desaprobación, el bulero quiso jugar con ellos y para eso pidió permiso.

Los demás jugadores estuvieron de acuerdo por lo que se sentó y empezó a jugar con los otros compañeros después de que estos lo aprobaron. Entre los presentes se encontraba la esposa del alcalde que era una mujer muy refinada, pero que alguna que otra trampita aplicaba para ganar lo que estaba apostado sobre la mesa. El bulero se dio cuenta y ya harto de esto empezó a darle cachetadas a la señora por tramposa, según lo que cuenta la leyenda de Honduras.

Al ver esto los otros jugadores se molestaron mucho y quisieron arremeter contra el bulero pero este se escabulló, aunque esta evasión no le duró mucho porque muchas personas incluso que no estuvieron presentes se dispusieron a buscarlo para darle la paliza de su vida, tan terrible como uno de aquellos cuentos de Honduras que tienen que ver con el terror.

El forastero, como por ese breve momento fue visto por sus congéneres, creía que si iba y se internaba en la iglesia no le iban a hacer nada porque dentro de ella no se puede golpear a nadie. Por eso fue al templo de las Mercedes y los sacerdotes lo protegieron por la razón de que linchar a ese hombre dentro de la iglesia era profanar suelo sagrado.

Sin embargo, esto no fue motivo suficiente para contener a la horda enfurecida que prosiguió en entrar a la iglesia y pudieron atrapar al hombre pero costandole esto al recinto algunos muebles rotos e incluso que una piedra diera justo en pleno rostro de la virgen de las Mercedes. Los sacerdotes estaban indignados por el grado de agresividad al que vieron llegar a los habitantes de esta localidad, incluso el bulero fue ajusticiado en la plaza frente a la iglesia.

Los curas montaron en cólera y lanzaron una maldición sobre el poblado que se extendía hasta la quinta generación después de esa y así anduvo el pueblo condenado lo que se reflejaba en una forma de vida cada vez más complicada y con dificultades de desarrollo por más que se esforzaban. No fue sino hasta la aparición de Manuel Subirana que después de conocer la horrible leyenda les brindó apoyo para librarlos del maleficio.

El sacerdote Subirana les encomendó que fueran al cementerio y desenterraron los despojos del bulero para incinerarlo en una hoguera, hasta que quedaran sus restos vueltos cenizas, esto fue exactamente lo que hicieron y desde entonces la prosperidad empezó a llegar otra vez con más fuerza a cada habitante del pueblo, así como a los negocios y la salud. Progresivamente Gracias a Dios se fue liberando de toda maldición que estuviera pesándole sobre su desarrollo.

El piano de Valle de Ángeles

Esta historia está fuertemente relacionada, al igual que La Sucia, con temas de índole amoroso y todo comienza con un relato muy interesante del Valle de los Ángeles según el cual una de las señoras de la localidad que se llamaba Dolores y era la mujer más sana y amable de su pueblo estuvo por muchos años viviendo con su pequeña hija en una de las calles del lugar.

Hasta que la niña se convirtió en una mujer y seguía viviendo con su madre, una señora muy cariñosa a quien la mayoría de gente del pueblo la tenía en gracia. La hija de Dolores no había interactuado mucho con su padre cuando era niña porque este había muerto muy joven, lo único que sabía de él es que era músico y que por eso había un piano en casa que ella nunca había aprendido a usar porque no le llamaba la atención.

Casi nada despertaban la emoción de esta jovencita, había ido a la escuela, tenía algún que otro amigo pero la verdad es que no era una persona como muy enérgica, esto le preocupaba a su madre. Quería que su hija disfrutara la vida y viajará y conociera cosas hermosas de culturas diferentes o de su propia cultura, pero que tuviera ese empuje y esas ganas de vivir ya que entre estos cuentos de Honduras ya podía haber aprendido suficiente de terror y magia pero según su madre le seguía faltando.

Sin embargo la joven seguía en su apatía diaria sin comunicarse mucho, llegó un día en el que doña Dolores escuchó provenir de la sala el viejo piano una melodía majestuosa como si fuera obra de unas manos prodigiosas y no se equivocaba, cuando bajó las escaleras corriendo medio emocionada y medio conmovida por el hermoso sonido encontró a su hija frente al piano.

Resulta que era una gran pianista, su talento fue tan fuerte que la llevó a conocer incluso toda Europa haciendo giras y participando en orquestas por todo el mundo, este fue un gran alivio para su madre que como era una persona muy generosa donó a la iglesia de Valle de los Ángeles el hermoso piano que había pertenecido a su esposo y con el que su hija descubrió su don.

Con el tiempo se empezó a escuchar en el interior de la iglesia una melodía que provenía del piano, era como si el instrumento recordará el magnífico momento en el que la joven descubrió ese hermoso talento que tenía y este cuento en Honduras ha llegado a estar tan vigente que hasta en la actualidad a las chicas que sienten cierto desgano por explorar y descubrir partes de sí mismas se les recomienda tocar algunas notas en el mencionado piano, además, dicen que eso les da un plus para conseguir novio.

La leyenda de las sirenas

Esta es una de esas historias que tienen mucha relación con seres que tienen algo de míticos y algo de reales, críptidos se les podría decir, pero, que además aparecen no sólo en los cuentos de Honduras sino también en los mitos de otros países vecinos. Definitivamente es una constante en el consciente o inconsciente colectivo de América Latina.

Según uno de los cuentos de Honduras hace mucho tiempo existía un hombre que frecuentemente realizaba viajes entre costa y costa pero solía pasar por el río Wampú durante el verano. Cuando este hombre llegó a una zona cercana llamada El Chorro convocó una reunión para que el pueblo se organizara y salieran todos juntos, o gran parte del mismo, a pescar.

Cuentos de Honduras

Esta asamblea debía dirigirla un hombre y una mujer jóvenes que tuvieran experiencia en dirigir asambleas, esta reunión se iba a llevar a cabo en un lugar aledaño al río y a su vez iba a servir para solicitarle a las sirenas que los ayudaran, proporcionándoles o favoreciéndoles con bastantes peces en el río.

Bien entrada la tarde aquello se había convertido en una celebración, había chocolate en polvo, aquel que los antiguos indígenas llamaban chorote, comida de todo tipo y también bebidas alcohólicas hechas en base a yuca y todo tipo de alimentos con los que se le brindaban agasajos también a las sirenas.

Al día siguiente los hombres irían a pescar cuyamel y otros tipos de peces y al finalizar esa pesca juntarían todos los peces en un solo sitio disponiendo leña y cocinandolos para comerlos, pero luego emprender el retorno hacia sus casas. Para aprovisionar sus hogares se repartían los pescados en parte iguales para ser justos y también guardaban los equipos para cocinar ocultos en el monte entre matorrales.

Cuentan los cuentos de Honduras que para recibirlos cada vez que los pescadores se ausentan para trabajar al llegar a sus casas se les suele tener prepara comida y bebida especial. Reunidos todos en una sola casa, de esta forma se hacía otra gran fiesta. El objetivo de estas ceremonias eran agradar a Dios, esta era su principal aspiración con la celebración de esta bienvenida.

Cuentos de Honduras

El pueblo de esta localidad era sumamente religioso y vivía en armonía con los seres de la naturaleza por eso eran favorecidos por ellos para mantenerse prósperos y con alimentos. La leyenda de las sirenas es sin duda cautivadora y no tiene como objetivo asustar a nadie solo hacernos ver que entre los cuentos de Honduras también hay cabida para las historias con finales y sucesos felices.

Cuentos de Honduras Infantiles

Como dijimos entre las primeras líneas de este artículo los cuentos de Honduras tienen toda una serie dedicada a los más pequeños de la casa y entre estos podemos ver reflejadas todas esas historias conmovedoras e interesantes, pero como son para ellos están pensadas para que sean más sencillas y digeribles de lo que podrían ser las de los adultos.

La piedra de oro

La mina de Yuscarán era un lugar muy transitado, de los cuentos de Honduras para niños sabemos que, un día a cuatro hombres muy trabajadores estaban allí afanados cuando de repente escucharon algo que nunca habían oído. Era un sonido hueco y metálico, el hombre que entre ellos era el más curioso e intrépido tomó un mazo y empezó a golpear las piedras volviendo a buscar el sonido.

Cuando la encontró notó que era un material extraño por más golpes que le daban no se rompía pero si se deformaba el material y seguía sonando como si estuviera hueco por dentro, entre él y sus tres compañeros pudieron sacar la grandísima roca la cual le pareció tener el peso promedio de una persona adulta.

Pero cuando la limpiaron de todo el hollín de la mina se dieron cuenta que era de oro, uno de ellos dijo:

Minero: Lo mejor que podemos hacer amigos es repartirnos la piedra en partes iguales, así agradaremos a Dios y todo felices.

Pero no fue una idea tan bien recibida como se podría esperar, por más de una hora estuvieron discutiendo la cuestión olvidando que estaban en una colina y que a la entrada de la mina donde estaban solo había una caída libre hacia un pozo con piedras, lo que hacía de este espacio uno más inseguro que cualquiera y sobre todo para riñas.

Sin embargo, lo que terminó pasando fue que la carreta donde se encontraba la piedra empezó a correr montaña abajo y por más esfuerzos que hicieron los hombres de encontrarla nunca pudieron hacerlo. Difundiendo esta historia por el pueblo acerca de lo que habían vivido, no pasó casi nada de tiempo para que se convirtiera en uno de esos famosos cuentos de Honduras.

Cuentos de Honduras

Por más que muchos exploradores se han internado en el bosque para buscar la piedra en las inmediaciones de la mina, no hubo quien la consiga hasta ahora por más que buscar el lingote perdido siga siendo uno de los grandes atractivos del turismo de aventura en Honduras.

El ángel de la balanza

Esta es una de esas narraciones estrellas entre los cuentos de Honduras en la que encontramos la fábula de un niño cuya historia es muy inspiradora y nos deja muestras de amor y solidaridad a las que si les prestamos atención pueden ser grandes lecciones de vida para razonar cómo estamos viviendo y cuáles son nuestros hábitos de consumo.

Recuerda a un poema de Baudelaire llamado El niño pobre, ambos nos relatan de diferente maneras una historia que comienza con un niño viendo a través del cristal de la vitrina de una tienda con juguetes, casi babeado, absorto por completo en sus ilusiones y sueños e imaginando tal vez, que juega con aquel tren dorado o que colorea con aquellos creyones de cera.

Esas vitrinas que en navidad no hacen otra cosa que desplegar una gran cantidad de aparatos que por su disposición y sus decoraciones, despiertan las fantasías de aquellos que tienen para comprar un montón de juguetes y también de los que no.

Pero este niño, que tal vez ya intuyes querido lector o lectora, es un niño pobre y toda esta visión era hechizante, todo lo veía brillar desde la parte de afuera del cristal olvidándose del frío que dejaba entrar a su cuerpo el viejo suéter que cargaba, concentrándose solo en la calidez que las luces aportaban al conjunto de juguetes y sin recordar siquiera que no lo podía comprar.

Cuentos de Honduras

Claro había artefactos que le llamaban más la atención que otros, por ejemplo, no reparaba tanto en las muñecas, ni en las cocinas, aunque hambre quizá no le faltaría, ni en los bebés de juguete, no, no, se fijaba más en las bicicletas, en los aviones, en los carritos de madera, su imaginación estaba atrapada, entretenida y divertida en todo esto.

Sin embargo, por triste que pudiera parecer el niño que se llamaba Ángel y que rondaría los 11 o 12 años sabía o estaba resignado, situación muy peligrosa, a que no tendría suficiente dinero para satisfacerse el deseo de comprar alguno de esos juguetes. Ni él ni su madre puesto que eran muy pobres y esta como muchas otras ocasiones de limitación hacía que se le llenara el corazón de pesar y tristeza.

Ángel se dedicaba, en lugar de a jugar como los otros niños, a hacer pequeños trabajos como lustrar botas, efectuar mandados y cargar leña y no iba a la escuela pero era bueno en matemáticas, esto le permitía subsistir aunque fuera con muy poco dinero.

Con esos pequeños ingresos podía aprovisionarse de algún bocado para él y su madre sin pedir en la calle, de este modo él ayudaba a esta dama humilde que era su delicada madre quien también se ocupaba en faenas como planchar la ropa de otros o ser el servicio en algunas casas y entre los dos juntaban lo suficiente dinero para vivir medianamente en la pequeña chocita cercana al río del pueblo.

De vuelta a la vitrina Ángel podía ver toda clase de juguetes, indígenas de pieles rojas que parecían gritar libertad y respeto con sus arcos, flechas; disfraces de cazador; revólveres de juguete; trajes de vaqueros y caballos en miniatura que le robaban la atención al niño. Se preguntaba el infante cuánto costarían esos artilugios que veía allí, ¿qué precio tendría ese tanque o ese otro bello autobús? Veía, veía y solo veía el pobre Ángel.

Pero en la noche ya acostado en su cama la imaginación lo llevaba a imaginarse como un piloto de avión, como un marinero de barco, como un explorador y una gran variedad de personajes, pero, eso si, nada le robó el corazón como lo hizo aquel duendecillo de nariz verde, mirada picara, sombrero ladeado y chaqueta roja que aunque podría parecer insignificante para él era impresionante.

Este pequeño muñeco cobraba vida expresada con movimientos cada vez que el vendedor de la tienda le daba cuerda y lo hacía emprender una marcha extravagante que estaba compuesta por temblores compulsivos y pasos que le hacían avanzar mientras el inocente espectador solo se destartalada de la risa y empezaba a calcular cuánto tiempo tendría que estar ahorrando para poder pagar por aquel anciano en miniatura.

Habría sido un gran éxito ponerlo a funcionar en su círculo de amigos que vivían en condiciones difíciles como él, aquellos que se congregaban en el parque para vender dulces. Incluso podría ser un atractivo de marketing que llamara la atención de distintos compradores o la de sus hijos. Ya se imaginaba escuchando a sus amigos gritando ¡Ponle cuerda!, ¡ponle cuerda Ángel!, lo iban a ver como un emprendedor, un manager, un…

¡Voy a guardar dinero!- dijo el chico para sí mismo – ¡Lo voy a poder comprar porque voy a ahorrar de todas las ganancias de mis pulidas y de los recados que hago para la comunidad y así como de las cargas de leña!

Esto le tomó relativamente poco tiempo, desde que lo vio ilusionado en la vitrina de la tienda hasta el momento de poderlo comprar no había transcurrido más de un mes, porque si bien lo primero vino ocurriendo los primeros días de diciembre ya lo segundo vino a suceder el 24 de diciembre. Fecha muy especial, en la que las propinas fueron buenas y la compra pudo ocurrir muy rápidamente, tenía incluso más dinero del que necesitaba para comprar al duendecillo.

Ya de noche que era el tiempo en el que volvía a casa pasó antes por la tienda y había mucho ajetreo en la calle porque al parecer las personas siguen gastando dinero incluso horas antes de la cena navideña, el hecho es que entró a la tienda y empezó a buscar un vendedor que le recibiera el pago por su maravilloso duende cuando de repente ocurrió algo inesperado.

Ángel se encontró con el ángel de la balanza, tocayo suyo de nombre. El ángel estaba en un punto de entrecruce de dos luces de lámparas, tranquilo, con una paz manando de él y bendiciendo esa fiesta. El niño volteo a los lados para ver si alguien más lo estaba viendo y compartir con ellos su emoción, pero nadie más en toda la tienda tenía el privilegio de ver al ángel.

El niño veía al ángel casi traslúcido de cara blanca y resplandeciente muy parecido a aquello que vemos en los vitrales de las iglesias, del ser alado provenía un sosiego inexplicable. La figura humanoide que adoptó para presentarse ante el niño, tenía en la mano una balanza que no era más que una alegoría a la representación de la justicia.

Ángel recordó que no era la primera vez que lo había visto, su madre le había hablado de él y en más de una ocasión una figura similar había visto aunque nunca tan nítido como en aquella oportunidad. Este era su ángel de la guarda, el mismo que se le aparecía cada vez que necesitaba tomar una decisión difícil.

Pero en esa oportunidad todo estaba claro así que no sabía porqué estaba ahí, es decir, había trabajado duro por su juguete y estaba a punto de comprar a su mono de jardín que tanto había querido, pero, la presencia del ángel lo hizo pensar en algunas cosas. De repente le llegaron visiones de su madre lavando en el río por horas hasta la noche que era cuando Ángel llegaba.

Y lo entendió, comprendió que tenía la opción de elegir darle de regalo a su madre algo que la hiciera notar que su hijo había pensado en ella durante su día y de repente un nuevo brillo apareció en sus ojos, era la luz de la conciencia, al ver esto el ángel de la guarda colocó la acción positiva en un lado de la balanza destinado para eso y se retiró.

Ángel: Vendedor, ¡deme una camisa de mujer!

Vendedor: ¿Es para tu madre?, te tengo lo ideal.

El joven se llevó una modesta y señorial camisa que según compartió con el vendedor se ajustaría perfectamente a las tallas de su madrecita trabajadora y no conforme con eso, pidió que se la envolvieran en papel de regalo.

Ángel, el chico, salió de la tienda con su bulto bajo el brazo y su duendecito en el bolsillo, las propinas y pagos por sus encomiendas le habían proporcionado el dinero suficiente para regalarse a sí mismo y a su madre un poquito de amor en esa oportunidad transmutados en objetos materiales y se fue lo que se dice corriendo, aunque los cuentos de Honduras, al igual que tienen muchos más relatos sobre ángeles, sostienen que casi estaba volando.

Forest iba lento comparado con Ángel quien muy dichoso y abundante compartió obsequios navideños esa noche con su madre que también por su parte preparó un pastel como pudo en la pequeña hornilla que tenían en la choza y, sí, si puede hacer pastel sin horno solo que no queda igual, ademas, le dio la mejor sorpresa de todas porque le dijo que ambos iban a empezar a estudiar.

La mina Clavo Rico

La leyenda de la mina Clavo Rico forma parte de otros de esos cuentos de Honduras que tanto por extensión como por sencillez suele ser contados más que todo a los chiquitos de la casa, cuando no son ellos mismo quienes se los leen a sí mismos o demás variantes de esa posibilidad como escucharlo en Internet, por ejemplo.

Además de todo el cuento aporta una hermosa moraleja, todo empezó en el filón, o grieta repleta de minerales explotables, que se descubrió en el año 1585 en Choluteca, durante el periodo de la colonia. La futura mina fue enormemente aprovechada debido a los muchos recursos valiosos que se extraían de ella y que hacen que incluso hoy por hoy sea explotada pero en menor medida.

Muchos comparan esta montaña rica con el famoso Dorado que vinieron buscando los españoles inspirados por la búsqueda de oro a borbotones, esa mítica ciudad cuyas calles estaban hechas de oro y no pudieron encontrar por más que buscaron. Quizá lo más cercano a esto pueda haber sido ver las espléndidas obras que hacían, por ejemplo, los Incas con el mineral, pero, además de minas como Clavo Rico no encontraron grandes fuentes de oro.

Aunque para resarcir esa desilusión de Clavo Rico sacaron muchas pepitas de oro ya que el mineral abunda en Latinoamérica, que fueron enviadas a la monarquía española quien financiaba expediciones y el asentamiento en la nueva extensión de su imperio.

cuentos de Honduras

Pero a Clavo Rico, según los cuentos de Honduras, se le acabó el oro en la superficie y por eso tuvieron que empezar a cavar. La primera excavación importante de la mina fue de un kilómetro. Los trabajadores estuvieron trabajando allí por muchos meses hasta que encontraron una pared que no pudieron derribar con facilidad si no hasta que muchos hombres paso a paso retiraron las piedras.

Luego de derribada la pared encontraron tras de ella un enorme lagarto dorado que era completamente de oro puro, muy similar al que en otros cuentos de Honduras podemos ver que se le corta la cola. Una vez enterado el líder de la excavación se alegró muchísimo y los mandó a extraerlo profiriendo amenazas hasta al cielo, según las cuales ni los ángeles podrían verlo después de extraído ese lagarto.

Pero apenas los trabajadores pusieron la primera mano encima del lagarto, la cueva se estremeció y se derrumbó por completo quedando todos ellos muertos bajo el peso de haberle caído encima toda una montaña.

De toda esta historia nos llega la idea o la moraleja de que es importante respetar los misterios y seres míticos y extraordinarios que son de la naturaleza, independientemente de que sean de oro y por razones comerciales de los humanos queremos aprovecharnos de ellos para enriquecer fortunas y poblaciones, en fin, que aunque el dinero es muy importante es mucho más importante el respeto.

Los dos huerfanitos

La historia de los dos huerfanitos cuenta una narración que aunque es para niños si cuela entre sus letras una simiente de terror, en este cuento se relatan algunas cosas sobre el diablo que de ahora en adelante llamaremos: rabudo. Pero también como en otros cuentos de Honduras podemos encontrar en ella muchas referencias a la naturaleza y sobre todo, a sus energías elementales y que se dirigen a los humanos en forma de animales que los o nos apoyan a superar adversidades.

cuentos de Honduras

¿Has visto la película de La noche de las luciérnagas?, te lo preguntamos porque te puede ayudar a crear una imagen en la mente de estos dos huerfanitos, estos de los cuentos de Honduras eran dos niños que también por motivos violentos perdieron a sus dos padres y como no eran felices ni respetados en casa de sus familiares decidieron irse a vivir a la calle.

Efectivamente fue lo que hicieron, tenían meses viviendo en un bunker de refugio para casos de emergencia que había en el pueblo y ningún adulto consciente ni institución de apoyo había tenido la sensibilidad para cobijarlos de alguna manera. Eran un niño y una niña, el niño era mayor como de 10 u 11 años y la niña como de 5 o 6, él hacía algo de dinero cargando bolsas en los mercados pero no les daba suficiente para comer.

En cierta ocasión el niño pasó por una finca que era de un señor nada querido en el pueblo, era muy amargado y se decía, tal vez en broma, tal vez en serio, que era el mismísimo rabudo. El niño no sabía los rumores y al ver que sus árboles daban muchos frutos empezó a robarle por la noche.

En una de esas ocasiones en las que el niño se metió a la hacienda al anochecer fue atrapado por el hacendado y ya estaba sufriendo una paliza en castigo cuando empezó entre gritos a explicar su historia y su lamentable situación, según los cuentos de Honduras esto conmovió el corazón del rabudo y le dijo al niño que llevara a su hermana que él los iba a ayudar.

Así se hizo y el rabudo los recibió, a la niña como cocinera y al niño para que se ocupara del campo que antes robaba. Con los días su hospedador se fue volviendo más cruel y más tirano porque ya se le había pasado la poquita bondad que supuestamente había sentido y ya había urdido un plan para hacer que esas almas llegaran al infierno. Pero los niños tenían suerte como tantos niños de otras historias tradicionales.

Pero entonces un día mientras la niña estaba intentando cocinar, un colibrí apareció en la ventana y le comunicó sin usar palabras en qué situación se encontraba, le dijo que tenían que irse y que ellos, los animales del bosque los ayudarían.

El plan consistía en retar al rabudo a bailar sobre unas tablas de madera que estaban sobre un pozo pero antes de eso cambiar las tablas para que se cayera y en el fondo como había agua hirviendo el moriría y volvería al infierno de donde nunca debió salir. Luego los niños para librarse de ser perseguidos debían meter los restos en una vasija y entregárselo a una rana que se iba a llevar esos despojos a algún lugar que nadie podía saber.

Y así pasó, el rabudo como era muy competitivo no pudo aguantar que lo retaron de hacer algo y fue a bailar sobre las tablas que se rompieron dando inicio a la treta que le devolvió la vida a los niños y desde entonces entendieron que por más precaria que fuera una situación, como lo era para ellos su pobreza, siempre podían superarla si tenían su libertad.

Cuentos de terror

El terror es sin duda uno de los impulsos más fuertes en los humanos para elucubrar y crear cuentos que dejen volar la imaginación, pero, son acaso estos cuentos de Honduras productos de la inventiva humana o alguna vez en ese país de hermosas playas se vieron esas figuras misteriosas que podrían asustar a cualquiera.

El Comelenguas

El Comelenguas es una bestia alada que fue vista por primera vez volando en los cielos del departamento de Nacaome y aunque asustó mucho a los pobladores pareció que simplemente apareció y desapareció sin hacerle daño a nadie hasta que después de esa misma noche, al día siguiente empezaron a ver rebaños de reses muertas cuyos cuerpos compartían una característica en común.

cuentos de Honduras

Las reses estaban muertas en los corrales pero lo único que les faltaba era la lengua y tenían la mandíbula descolocada como si hubieran estado peleando pero el resto de su cuerpo estaba bien, esto estuvo pasando unos meses hasta que los rebaños prácticamente desaparecieron, y por solo desaparecer la lengua se le llamó a aquella criatura El Comelenguas que, al igual que el Pájaro León en su tiempo asustó tanto a los hondureños, pasó a formar parte de los cuentos de Honduras.

El cerro Brujo

Estados Unidos de Tegucigalpa y El Sitio son dos asentamientos hondureños que tienen acceso directo al cerro Brujo, montaña que ha venido a tener este nombre por distintas anécdotas que ocurren en el cerro y de generación en generación desde hace más de 70 años se vienen contando.

Algunos escépticos dicen que solo son cuentos de Honduras para meterle miedo a los niños pero otros como la señora Paula Sierra cuentan historias que nos hacen pensar mucho acerca de si será o no brujo ese cerro, su testimonio uno de los más populares entre los que investigan estos temas se remonta a su niñez siendo ya ella una sexagenaria y gracias a él tenemos por seguro que en ese cerro por lo menos se ha invocado al rabudo.

Cuando la señora Sierra era una niña en una ocasión pasó frente al cerro y vio una bola de fuego que desde la punta a la falda del mismo descendía encendida pero sin quemar nada hasta llegar a la base y formar un gran estruendo, pues, su padre le dijo que se debía a una persona que había vendido su alma al mal ¿O quizá era una chica curiosa siguiendo a su padre?

Estos cuentos de Honduras parecen retroalimentarse unos a otros y estar interconectados, lo que se sabe aparte del cerro Brujo es que ni siquiera constructores, ni periodistas o exploradores han podido intervenir el espacio sin empezar a vivir situaciones extrañas que apagan sus cámaras, descontrolan sus relojes y hunden o pierden sus máquinas y equipajes.

El cuento de Honduras mitológico de La Chorca

La Chorca es una figura casi mitológica que aparece en los cuentos de Honduras y tiene como características que tiene un gusto excesivo por la sangre, se le puede comparar con los vampiros en ese sentido pero de su mito se desprenden historias un tanto más siniestras de las que podemos ver en películas.

A La Chorca le gusta sobre todo el sabor de la sangre de los bebés por eso en ocasiones se los ha tomado dejándolos secos en su cuna, esto causa un gran miedo para las parejas y madres hondureñas. La iglesia sostiene que se puede solucionar si los niños son bautizados y por eso con intenciones de prevenir los niños son bautizados casi apenas nacen.

La Chorca en vista de este acortamiento de plazo para hacerse del sabor que más le gusta, dejó de aparecer tan seguido pero no dejan de escucharse cuentos en Honduras que acusan su reaparición o la frustración de sus planes en una que otra ocasión.

Se dice que incluso en una ocasión trató de secar a un bebé que estaba aún en el vientre de su madre y si no es por un hombre que pasaba por la calle del frente y entró a ayudar por los muchos y estruendosos gritos que escuchaba, La Chorca, habría cumplido su fatídico objetivo.

La mujer de Casamata

Según los cuentos de Honduras cuando estaba recién fundado el Cuartel de Policía de Casamata, cada viernes estaba el mismo poblado de ladroncillos de baja calaña como era Emeterio, que ya era un conocido reincidente que había pasado muchas noches en la cárcel por participar en peleas callejeras.

En cierta oportunidad Emeterio había dejado muy mal a su contrincante tanto que los policías le advirtieron que si se llegaba a morir sería arrestado inmediatamente y que el juicio seguramente lo condenaría a muchos años de prisión.

Esto le causó tanto miedo al pobre bribón que empezó a llorar en vista de la posibilidad de vivir el resto de su vida en la cárcel. Era un lugar realmente incómodo no había camas, ni donde acostarse, todos los presos dormían en el piso, a temperaturas muy frías y sin iluminación tanto que en ocasiones se acercaban unos a otros pero solo para no sufrir de una hipotermia.

Fue en uno de estos amorochamientos que se llevaron los presos de esa noche una gran susto porque de repente empezaron a ver que al lado de Emeterio había una mujer con vestido azul que le acariciaba el cabello. Empezaron a pedir a gritos que los sacaran de inmediato, los presos llamaban a los guardias atemorizados por la mujer.

Al llegar los policías no vieron a nadie y pensaron que solo era un motín de los presos por lo que redoblaron la seguridad, revisaron todas las otras celdas del recién inaugurado cuartel y no vieron ninguna mujer y al pasar los días la única siguiente novedad fue que el hombre al cual Emeterio casi mata se recuperó tal como si nunca hubiera peleado con nadie.

El buscapleitos protagonista que era del tipo de hombres que beben en cantinas y traen problemas a la sociedad, como en algunos cuentos de Honduras, recuperó su libertad aunque cinco días después estaba otra vez en la cárcel pero ahora por un problema más grave ya que había ofendido a un diputado. Estando en la cárcel la extraña mujer volvió a aparecer y ser contemplada por los presos de esta vez, incluso intentaron detenerla pero ella empezó a flotar y ahí sí les dio miedo a todos pero entre gritos se fue desvaneciendo poco a poco en el aire.

No se sabe la suerte que hacía que Emeterio saliera tan rápido de la cárcel pero luego de una semana el diputado retiró los cargos; sin embargo, lo que pasó después sorprendió a muchos porque resulta que encontraron en la celda donde él estuvo confinado un rosario de piedras blancas que según el jefe de policía y los cuentos de Honduras había pertenecido a su madre 20 años atrás y que incluso este había estado dentro de su féretro cuando la enterraron.

La mejor limosna

Este es uno de esos cuentos de Honduras que dejan ver las facetas terroríficas que pueden tener incluso los humanos en vida, porque cuenta la historia de un mendigo que murió en condiciones deplorables propias de la vida que tienen estos seres. Esta historia de no estar en esta selección de cuentos también habría podido estar en un periódico local que contará la historia de titulares de muerte.

La historia es la de un hombre de avanzada edad que vivía en la calle, hacía poco había salido de la cárcel porque había matado a una persona. Hay países en los que estas penas pueden ser perpetuas o abarcar solo muchos años de vida pero eso parece ser en las legislaciones más recientes mientras que en las antiguas se ven períodos más cortos para pagar por esto o por lo menos eso nos dejan ver estos cuentos de Honduras.

cuentos de Honduras

El hombre estaba desvencijado empobrecido, deprimido, comiendo de la basura y del estiércol, sin encontrar trabajo por su historial prontuario y con una enfermedad que le hacía muy difícil caminar.

Llego a una casa para pedir limosna y toco la puerta sin saber que se la iba a presentar la propia muerte, había tocado a la casa de otro asesino que también era un resentido social y cuando abrió con revólver en mano y vio a aquel hombre tirado en el suelo, sucio y con las manos extendidas se le removió el corazón y pasó, a continuación, lo que los cuentos de Honduras tienen.

Mendigo: ¡Limosna! ¡Limosna! por favor ¡Limosna! — Exclamó a gritos— ¡Tengo hambre! ¡Me muero de hambre!

Y es aquí donde hizo gala la compasión del bandido, quien después de dejarlo muerto de un disparo le dijo:

Esto es lo mejor que le puedo ofrecer a usted.

Tal vez sea cierto, quizá eso era lo mejor que tenía para darle por aquello que dicen que solo damos lo mejor que tenemos y es así como entre todos los cuentos de Honduras este en particular tiene para mostrarnos que puede pasar cuando un ser se encuentra con su propio reflejo, es decir, simplemente cuando un asesino le toca la puerta a otro.

Las luces misteriosas

En Santa Regina una localidad hondureña que se encuentra entre las faldas de una montaña por algún tiempo estuvieron apareciendo una serie de luces como en ninguno de los cuentos de Honduras aparecían. Los pobladores intentaron razonar y echar cabeza de cuál era la razón lógica de la aparición de esas enigmáticas luces, pero, nadie daba con una respuesta certera que convenciera a todos y los dejará contentos.

Algunos decían que seguro eran personas que bajaban de la montaña en la noche pero las luces eran demasiado nítidas como para tratarse de una lámpara en la selva, otros decían que eran luces de carros pero como estaban en una montaña este argumento no tenía lógica ya que no había ni una carretera en ese ese espacio.

Algunos otros pensaron que eran ovnis pero a pesar de la probabilidad entre estos cuentos de Honduras parecen ser las explicaciones que menos brotan a la imaginación. De lo contrario, la opción que logró tener mayor popularidad fue una según la cual se trataba de una representación lumínica, y tal vez hasta de sus propias almas, de un hecho trágico que había sucedido hacía muchos años en Santa Regina.

No había seguridad de quienes habían sido las personas involucradas pero entre las señoras mayores del pueblo se volvió a escuchar aquella historia vieja según la cual dos señores se habían peleado hasta la muerte y un niño que era hijo de uno y padrino del otro los trataba de separar pero también murió en el intento.

Las enigmáticas luces por su comportamiento recordaban ese relato que a las abuelas les habían contado sus abuelas y que por ser tan viejo no se precisaba quienes habían sido los involucrados, según lo que interpretaban las doñas las luces que eran dos grandes a los lados y una pequeña en el medio que aparecían en las noches con tinieblas, representaban al niño y a los adultos.

Estas luces grandes se alejaban unas de otras y de repente chocaban nuevamente en el centro repetidas veces hasta que se iba desvaneciendo el poder y potencia tanto de los choques como de la misma visión de la luces. Para las abuelas cuando esto pasaba era porque estaban representando el final de la pelea cuando ya estaban muy cansados pero no dejaban de pelear.

Estas enigmáticas y misteriosas luces fueron desde cierto punto interpretadas como la representación de una pelea entre amigos que terminó con la vida de estos y de un niño, la historia la cuentan las luces y pasaron a formar parte de los misteriosos, terroríficos pero a la vez conmovedores cuentos de Honduras.

Cuentos cortos de Honduras

Los cuentos cortos de Honduras son unos de la serie que ya nos van acercando al final de esta selección de narrativas y que nos han permitido asomarnos a ver que encontramos en el inconsciente colectivo, como diría Jung, de los hondureños pero si los vemos con ojos más nuevos como los que pueden ser de un niño podemos decir que nos han permitido asombrarnos, asustarnos, ilusionarnos y hacernos preguntas.

Aunque sean pocas las palabras son muchas las aventuras y sucesos que a veces nos descolocan y otras nos llevan a disfrutar mucho de la inventiva que encontramos en los cuentos de Honduras.

El Gritón

El gritón aparece entre los cuentos de Honduras al igual que aparece entre los mitos de Bolivia y en ambos países se relatan anécdotas del mismo que son muy similares, pero, en los que no se deja de aclarar que no hay pruebas verídicas de su aparición en Honduras.

Sin embargo los campesinos y los jornaleros conocedores de todos o casi todos los sonidos que hacen los animales de la selva nos cuentan que hay un cierto sonido como una especie de grito que proviene de la naturaleza y no se corresponde con ningún animal, estos sonidos suelen asociarse más tarde con sucesos que le pasan a los hombres que recorren el bosque y ha causado traumas y muertes entre las familias hondureñas.

La mula herrada

Esa sorpresa que veníamos comentando es el caso de lo que nos pasa con el cuento de la mula herrada que es uno de esos cuentos de Honduras ante los cuales podemos quedar en pocas palabras: fríos.

Resulta que hace mucho tiempo en cierta ocasión una joven y su madre sufrieron un terrible accidente con una mula, el animal se había salido de control y arremetió contra la madre dejándole todos los huesitos rotos. La hija cuido a su madre durante tres días pero luego se fue en busca de vendas para los yesos a la capital, pero cuando llegó a Tegucigalpa se enteró por medio de un vecino que su madre había muerto.

Cuentan los cuentos de Honduras que al cabo de un tiempo y por un claro de luna que dio en la tumba de la señora, la doña revivió pero convertida en un ser híbrido que era mitad mujer y mitad mula, a la que incluso se le podían ver sobresalir las herraduras que tenía el animal en las pezuñas.

El Timbó

Al igual que el Pie grande el Timbó, que no, no va del timbo al tambo, era o es un ser críptico aunque la criptozoología no ha tenido grandes visos de él; sin embargo, este animal al que los lugareños de Sabanagrande han visto caminar erguido cual humano es sumamente peligroso y provoca mucho miedo aunque su dieta se base en huesos de humanos enterrados.

El Timbó según se ha visto tiene pezuñas largas capaz de excavar cualquier tipo de suelo y su figura es humanoide pero recubierta de un pelaje rojo del que sobresalen unos ojos rojos que brillan en la oscuridad.

Cuando en las mañanas se observa algún terreno del cementerio que fue removido y la tumba profanada se le suele atribuir al Timbó quien según los cuentos de Honduras saca los huesos de las tumbas viejas de muertos a los cuales ya sus familiares no lo visitan y se los come.

El duende

Entre las leyendas latinoamericanas es habitual encontrarnos con la figura del duende, desde Argentina hasta México y desde Brasil hasta Ecuador, es decir, de ancho a largo, podemos ver duendes, gnomos o figuras similares que más allá de adornar los jardines pueden ser el núcleo o causa de diversas historias como en el caso de los cuentos de Honduras.

cuentos de Honduras

Si le preguntas a un viejo hondureño, sobre todo si este es campesino o cultiva la tierra, nos va a decir que los duendes no son seres míticos sino que son muy reales como cualquiera con la diferencia que son pequeños y suelen estar escondidos entre los matorrales, además, de que se encariñan con las mujeres y a veces pueden generar uno que otro problema porque son muy traviesos.

Según los cuentos de Honduras estos seres traviesos y misteriosos no aparecen todo el tiempo pero cuando están por ahí hay que tener mucho cuidado de no retarlos porque son unos excelentes peleadores que cuando tienen la oportunidad pueden propinar tremendas palizas a sus adversarios.

La casa embrujada de Santa Rosa de Copán

La casa embrujada de Santa Rosa de Copán cuenta una historia que como la de cualquier casa embrujada los jóvenes al escucharla empiezan a porfiar, pero, aunque no hay crónicas, ni notas periodísticas, ni denuncias policiales que hayan hecho registro de los hechos se cuenta que las razones por las que la casa está embrujada y nadie puede dormir en ella sin morir el próximo día son las siguientes.

Resulta que hace muchos años en esta misma casa vivieron dos niños huérfanos y un cura que estaba encargado de cuidarlos pero llegó un día en el cual todos aparecieron muertos en situaciones extrañas y desde entonces la casa por más y diversos cuidadores que ha tenido no ha podido ser del todo habitada y menos remodelada sin que la propia casa se transforme a como era originalmente.

La leyenda del cíclope

Toco tu boca es un cuento del argentino Julio Cortázar que también habla de cíclopes y justo por esta casualidad nos muestra que no es tan extraña la aparición de esta figura entre los cuentos de Honduras, que si revisamos otros cuentos regionales no aparece tan frecuentemente, pero, su impronta sí nos llega de algún lado y hace indudable y verídico que haya habido cíclopes en Latinoamérica.

Es el caso de lo que ocurrió en la zona selvática de Mosquitia, departamento del país costeño, a dos personas que en cierta ocasión iban recorriendo el bosque en un paseo dominguero que para su mala suerte fue el último de su vida o por lo menos que hicieron con tanta paz.

Ya inmersos en la selva Julián Velázquez y un amigo suyo que era brujo se encontraron de repente con un pequeño poblado que nunca habían conocido y del que no habían escuchado hablar, pero, cuando repararon en sus habitantes se dieron cuenta que tenían un solo ojo y eran sumamente altos y gordos.

Salieron corriendo de inmediato pero por más rápido que trataron de salir de allí no lograron huir y se vieron atrapados por los cíclopes, seres que creían mitológicos y que no habían sido vistos en Honduras hasta ese momento.

Como los cíclopes eran tan rápidos y fuerte los alcanzaron y apresaron con una facilidad indecible y los empezaron a alimentar cinco veces al día hasta que el primero de ellos engordó lo suficiente como para despertar su apetito y hacer salivar sus papilas gustativas, Velázquez vio como degollaron a su amigo y luego se lo comieron.

Ya desesperado trató de escapar y para su suerte lo consiguió pero se dice que ahora vive en Laguna Seca y que no habla para nada de estos temas, además, cuando le mencionan siquiera alguno de los cuentos de Honduras manda a callar al que sea que se lo haya dicho.

En estas extrañas circunstancias nos despediremos haciéndole un homenaje al grande de los cuentos, el escritor argentino Julio Cortázar que al igual que Jorge Montenegro, un faro enalteciendo los cuentos de su patria Honduras, nos ha inspirado y dejado huella tanto en nosotros como en la literatura, aquí una cita de Toco tu boca, parte del capítulo 7 de Rayuela, 1963:

“Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos…”

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