Cuentos de Terror Largos e historias de miedo

Los cuentos de terror largos, son perfectos para esos seres humanos, que disfrutan de una buena historia de miedo. Son crónicas largas y muy aterradoras, con ellas querrás buscar lugares hechizados, seres que producen escalofríos y espantos que quisieras ver.

cuentos de terror largos

Cuentos de Terror largos

El cuento de susto, o cuentos de terror largos, estimado en el total sentido de la definición, es toda aquella estructura intelectual breve, en su mayor parte de intención imaginaria, cuya primordial intención es producir susto, o alteración de la tranquilidad, la idea es inquietar al lector, quitarle algo de tranquilidad, axioma que no exceptúa en el escritor otras presunciones creativas y retóricas. Los cuentos de terror largos, básicamente cumplen con esta definición.

Cuentos con alegoría moral

En este tipo de cuentos de terror largos, el motivo de miedo, mortificación u horror, lleva a encontrar una lección, aprendizaje o  solución honorable de alguna clase. Esto no es típico de los cuentos de terror largos, pero se utilizaba mucho para encaminar a los jóvenes. Si te gustaría hacer tu propia versión de los  cuentos de terror  largos, puedes leer cómo hacer un cuento.

Domovoi el guardián

Llegué a cumplir mis 15 primaveras sin conocer a los padres de mis padres, esto por problemas familiares, que nada tenían de ver conmigo. Habitaban en otro continente, uno diferente a donde vivía con mis familiares, este era un viaje que me resultaba fascinante, y el inicio de uno de los cuentos de terror largos.

Al arribar a la casa de los abuelos, me sentía muy insegura. Pero al estar frente a ellos, todo se iluminó y los abracé, ellos a su vez me agarraron con mucho cariño. Eso disipó cualquier duda, y el día transcurrió alegremente.

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A los hermanos nos pusieron juntos, en el mismo dormitorio, que estaba hecho un desastre. Como mi compañera de cuarto se encontraba de muy mal humor, decidí dejar el cuarto y salir a caminar.

Encontré a la mamá de mi madre, dejando un platillo con pastel y un vaso con bebida láctea, debajo de la escalinata. No era mi intención mirar a hurtadillas, me devolví calladamente a acostarme, para mi sorpresa encontré la habitación que brillaba de limpio, incluso el desorden que había hecho mi hermana con el contenido de su maleta, había sido acomodado en la misma.

Pensando que mi hermana la había ordenado, y se molestaría si yo desordenaba, decidí dormir en la sala. Estaba profundamente dormida, cuando un sonido fuerte en la salida de atrás, me despertó. Alguien trataba de abrir la puerta a juro, al asomarme por ella solamente vi a una persona trotando hasta desaparecer en la arboleda.

Sentí que me observaba, y al voltear, para mi sorpresa vi un señor viejo y pequeño de tamaño, cerca del hogar. Todo su cuerpo tenía cabello, tan sólo estaban libres cada ojo y su apéndice nasal. Tenía unos pequeños cachos y un rabo que intentaba disimular entre sus piernas. Todo un personaje de cuentos de terror largos.

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Salí rápidamente a esconderme, haciendo un gran escándalo por el susto, desperté a todo el que estaba durmiendo. Cuando me increparon por el escándalo, me dio vergüenza que se burlaran de lo que había visto, y simplemente dije que alguien había intentado entrar en la casa.

Ante esto mi abuelo simplemente me dijo, quédate tranquilo, en esta casa hay un guardián que la protege y que no permitirá que nada ocurra. Esto no me calmó, me asusté mucho más. A solas intentaba pensar qué hacer, ya no podía dormir tranquilo, no sabía si vigilar a ver quién entraba, o si ocultarme bajo la ropa de cama.

Sentí un ruido muy leve en la ventana, y mi alma dejó de latir al ver una manito llena de pelos, que la cerraba tratando de no hacer ruido. El dueño de la mano, se movía con sigilo por toda la habitación, llegó al mueble de dormir de mi hermanita, en ese instante, cambió de figura y quedó convertida en mi abuela. Ceñía a mi pariente fuertemente, mi susto fue tal que me desmayé.

Al recuperarme, mi cabello estaba arreglado, y la abuela nos consolaba, y nos decía, que todo el susto se debía a Domovoi, un duende de Rusia que cuida las casas. Este duende arregla el cabello de los que le agradan, y espanta a los que no.

A mi hermana, la había espantado, porque con su desorganización lo había disgustado, ya que le gustaba el orden y el aseo. Nos dijo que él protegía la vivienda y a sus habitantes. Para él se colocaba el bocadillo y la bebida debajo de la escalinata.

En ocasiones, nos contó que en este cuento de terror largo, se escucha llorar a un niño, este es el retoño de Domovoi. Si arropas el lugar donde se escucha el llanto, la mamá del bebé responderá a la interrogante que se le haga, con la condición de que sueltes a su niño.

Hay que dejarlos estar con tranquilidad, porque no se ven pero siempre están. Si se molestan hay que invitarlo a cenar con los habitantes de la casa. Se les acondiciona un lugar en la mesa con una hogaza cubierta de un lino blanco. Además se les puede rendir homenaje guindando calzado que no esté nuevo fuera de la casa.

En este tipo de cuentos de terror largo, si se escucha reír, es un augurio de cosas buenas, y si se muestra molesto vienen cosas malas. Si te mudas y quieres que vaya a la nueva vivienda, debes conseguir una postura de gallina, colocarlo bajo una rata y tenerlo por un período de nueve días. Al día 10 Domovoi, aparecerá en tu nueva vivienda, en lo que llegue, cuelgas el calzado no nuevo para que se quede y un trozo de pan bajo la estufa.

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Cuando tenía que regresar a casa, mi abuela me dijo que me llevara el Domovoi. Realicé todo el rito, antes de partir. Una vez llegué a casa, puse el zapato, tape los espejos y cambié de lugar mi cama, enseguida se notó su presencia. Todo comenzó a estar mucho más ordenado y limpio. Y a partir de allí tuve los sueños más tranquilos y reparadores que podía desear. Al final, no parecía ser uno de los cuentos de terror largos, con los que antes me asustaba.

Zapatillas de ballet

El siguiente de los cuentos de terror largos nos relata que desde la edad preescolar, Miriam iba a clases de baile clásico, en la medida que iba creciendo, crecían sus ganas de seguir bailando. En la adolescencia, ya estaba profesionalizada como bailarina, pero siempre bailaba dentro del coro, nunca le daban un papel protagónico, y esto ocurrió por mucho tiempo.

La profesión que escogió es muy exigente, se dedicaba solo a eso, dejó de lado todo lo demás. Con el tiempo comenzó a tener dudas, sobre si sería exitosa realmente como profesional, estaba por cumplir un cuarto de siglo. De esta forma sería la de bailarina de más edad en la compañía de ballet.

Sentía que sus sueños, se derrumbaban, y no lograba resolverlo, objetivamente sabía que cumplía con todo lo necesario para protagonizar, no entendía por qué no le daban el papel principal, se esforzaba, era elegante y buena bailarina, además de ser muy disciplinada. Este sueño sin cumplir la llevaría por la senda de uno de los cuentos de terror largos.

En una presentación de la temporada, la fue a ver al vestuario, una admiradora; las otras bailarinas hicieron mofa de ella, pues ellas eran visitadas por jóvenes mientras que a ella la visitó una mujer vieja. La muchacha cortésmente, recibió y atendió a la señora, tal y como se merece un admirador, conversaron mucho rato, hasta que todos se fueron y quedaron solas.

En medio de la conversación, la bailarina le dijo a la anciana, ya que también estuvo en esta profesión, me va a entender, lo único que me falta para retirarme feliz, es tener un papel protagónico. Mientras lo decía un aire de tristeza se pudo apreciar en la cara de Miriam. Esto era algo que le causaba mucha decepción.

A todo esto, la señora la interrogó, ¿qué darías por tener lo que quieres?, con un tono de malicia. Miriam sin darse cuenta de la expresión, se dio prisa en contestar: pagaría el costo que hiciera falta, dijo triste al pensar que no sería posible nunca.

La anciana contestó, ¿serias capaz de dar tu vida?, ya para este momento la señora no tenía nada de dulce en su expresión. La joven se puso a llorar y le dijo, ¿es que ya no he dejado mi vida en esta profesión?, a esto la anciana le respondió, que no lo había hecho, que no era lo mismo dedicarse que dar la vida.

A esta reflexión, Miriam le dijo que realmente si estaría dispuesta a dar la vida por su sueño. Entonces la anciana, le dijo que todo está dicho, y le entregó unas zapatillas, con estas instrucciones, que de allí en adelante las utilizará, que con ellas obtendría el papel, y la anciana conseguirá lo que necesita.

Al decir esto la viejita se fue, y la dejó con las zapatillas. La muchacha pensó mucho en lo que acababa de ocurrir, pero no lograba entender, incluso pasaron los días y seguía con dudas, pero las zapatillas seguían allí. No dejaba de pensar a pesar de esto, que la señora le dijo que con ellas le darían el papel.

Entonces decidió hacer el intento, y se puso las zapatillas, por irracional que le pareciera. Creía que no perdía nada con probar. Apenas se las puso, sintió una muy extraña sensación, algo estaba ocurriendo, se sentía una triunfadora, exitosa que nadie era mejor que ella. Efectivamente al hacer la audición, no tuvo competencia, efectivamente nadie lo hizo mejor que ella. Le dieron el papel inmediatamente que salió a bailar.

El día de la primera función, todo se encontraba perfecto, la escenografía y toda la producción estaban impecables, Miriam lo hizo de forma fabulosa. Ya lista para el gran final, se encontraba en el centro de la escena, y solo bailaba ella, nadie más, el público enloquecía de verla bailar, la vitoreaban a cada paso que hacía, daba un gran espectáculo.

Miriam era feliz, la aclamaban y sus piernas se movían cada vez a más velocidad, era un baile muy pasional. Daba vueltas simplemente impecables sin descanso, como si tuviera una energía interna inagotable. Estaba cumpliendo su sueño, era la bailarina más importante y el público la aclamaba.

Bailaba con total entrega, y en la primera hilera de asientos se encontraba la vieja mujer, y ella fue la primera en aplaudir. Una gran luz iluminó a Miriam, pero ella seguía bailando, daba vueltas sin parar, no lograba detenerse. Ocurría algo anormal, ella tenía la sensación de estar en el aire, se sentía muy liviana más que la brisa. Nunca supo que era uno de los trágicos personajes de los cuentos de terror largos.

Sentía que podía bailar sin parar por todos lados, y seguir indefinidamente sin parar. Mientras más aplaudía el público ella más bailaba. La música dejó de sonar, el público seguía ovacionando a la bailarina, no dejaba de aplaudir. Bajaron el telón, y al terminar de cerrarse, junto con él cayó la muchacha, había muerto. Los negocios son negocios, dijo la vieja mujer, mientras tomaba nuevamente sus zapatillas.

No tocar

La señora Anaya, tenía por costumbre mandar a confeccionar un vestido nuevo, para cada ocasión especial a la que era invitada. Al recibir el anuncio de una fiesta, tomó a su hijita Magui y fue con ella a la costurera. Era una muchachita de tan solo 5 años, no le llamaba la atención a fiesta; pero le gustaba mucho donde estaba, porque allí hacían los trajes de las princesitas, y había muchos para escoger y mirar.

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Pronto la niña se dio cuenta, que no era tan divertido, pues tuvo que estar de pie mucho tiempo, mientras la entallaban por todas partes, probaban colores, realizaban ruedos, y todo lo que implica hacer un vestido de fiesta. Luego, no conforme con esto, tuvo que esperar sentada mucho rato mientras trabajaban con su mamá.

Cuando la niña se aburrió, se puso a curiosear y jugar por la tienda, sin prestarle atención a los carteles de no tocar que se encontraban por toda la tienda. La niña tocaba todo lo que encontraba a su paso, telas, hilos mostradores, de paso los carteles no le importaban porque no sabía leer. Es así que por aburrimiento se introdujo en la historia de uno de los cuentos de terror largos.

Caminando encontró un depósito, que estaba muy disimulado, como para que nadie lo viera, por muchos contenedores y enseres varios. Como era pequeña, logró colarse entre los objetos atravesados, hasta llegar a unas cortinas que estaban frente a una puerta. Había muchos carteles de prohibido pasar, pero como la niña no sabía leer, para ella eran simples carteles sin sentido.

Al entrar pudo ver muchos maniquíes de diversas medidas, algunos tenían los trajes más bellos que la niña hubiera visto. Uno de ellos fue el que inmediatamente captó su mirada, por ser de su mismo tamaño, tenía un fabuloso ropaje que a ella con toda seguridad le quedaría bien.

En el área, otra vez se encontraban los carteles que decían no tocar, pero nuevamente la niña sólo podía ignorarlos, y siendo curiosa como todo infante, con sus manos acaricio la hermosa tela del vestido pequeño, que tenía muchos colores hermosos, y era sumamente suave al tacto, más suave que sus manitas.

No sólo la tela del vestido se veía bellísima, el vestido en sí mismo era una obra de arte, y el maniquí, era la imagen de una hermosa niña parecida a ella, sólo que algo congelada. Magui, curiosa como era, tomó de la mano a la muñeca, y justo en ese momento, los ojos cobraron vida, y un vaho oscuro salió de su parte interna, siendo aspirado por la niña.

No tuvo tiempo de pedir auxilio, su cuerpo comenzó a ponerse rígido, en un lapso muy breve de tiempo, ya el mal estaba hecho. Allí quedó Magui, estática en una esquina del depósito, se había convertido en un maniquí, uno más para la macabra colección, de los cuentos de terror largos.

Fue buscada por mucho tiempo, durante meses, simplemente no la pudieron hallar. La dueña del local era conocedora de la terrible hechicería, que había en los maniquíes, pero le dio miedo entrar al depósito y verificar si la niña era uno más de la colección. En verdad, un sorprendente tipo de cuento de terror largo.

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El gato en la habitación

En un momento dado, en un día como cualquier otro, las personas no pudieron seguir abriendo sus ventanales, las casas ya no podían ventilarse con ayuda de la brisa que entraba por las ventanas. Una gran cantidad de gatos, invadieron el vecindario, y se apropiaron de todos los quicios, como que si siempre vivieron allí.

No se notaban mucho mientras había sol, pero en lo que la oscuridad se apropiaba de las calles, maullaban como que si formaran una orquesta, jugaban entre las matas, y tenían la terrible costumbre de meterse en cualquier casa que dejará una ventana o puerta abierta.

Esto fue haciendo que la gente se obstinaba de los gatos, pero a pesar de esto nadie hizo nada en contra de los felinos. Con trancar las ventanas era suficiente, con esta simple medida, quedaban en la calle el maullido colectivo y los que lo producían. Aunque siempre había el despistado que descuidaba el cierre de ventanas.

Estos despistados, invariablemente debían a mitad de la noche salir de su sueño reparador, para sacar algún gato de su casa. Esto era una pesadilla, pues al ser gatos salvajes, no salían con la facilidad que se podría imaginar. La gente no sabía que era parte de uno de los cuentos de terror largos.

Este era el caso de Roberto, sus progenitores se encontraban de un terrible humor, y ya disponiéndose a dormir, escucharon un ruido. Por supuesto, a gritos pidieron al muchacho que, se hiciera cargo de sacar al felino. Lo hicieron porque Roberto era el despistado que no cerraba su ventana, y por ella entraba siempre algún gato.

De inmediato, y para evitar más reclamos, Roberto busco al autor de los ruidos. Siguió el sonido y le pareció que salía de debajo de la cama de su hermanita que estaba profundamente dormida. Introdujo la barredera y la pasó de lado a lado, con esto se suponía que el gato saldría por algún lado.

Esto no dió ningún resultado, entonces decidió jalar la escoba y, para su gran asombro, lo que sacó fue una especie de hombrecillo viejecito, con la indumentaria rasgada, este mordía con furia el cepillo de barrer, inmediatamente levantó la vista y miró fijamente al niño. Este no comprendía lo que pasaba.

Solamente estaba allí, recostado en el piso con la escoba en las manos, y el hombrecito en el otro extremo. Roberto no podía dejar de mirar fijamente, lo que parecía ser un duende, sin darse cuenta que éste se acercaba, peligrosamente a su pie con intención de morderlo. Llegó al dedo gordo de su pie, y lo mordió varias veces con tanta fuerza, que le arrancó el dedo.

Jugando con el dedo gordo del pobre niño, se subió a la cama con intención de hacer lo mismo con la hermanita. Pero en ese instante, dos gatos que habían entrado por la ventana, cayeron sobre el duende, y entre maullido y chillido, destrozaron a la criatura, por todas partes saltaba la sangre, y trozos de carne.

Con semejante escándalo, los progenitores se levantaron y corrieron al cuarto de la niña, pero lo que vieron al principio los asustó mucho, desde su posición lo que veían, era como que si un grupo grande de felinos estuvieran atacando a la muchachita. Fueron en su ayuda y al estar cerca vieron que la niña estaba sana y salva, y que los gatos arremetía era contra el hombrecito siniestro.

Lo devoraron sin dejar rastro, en un ataque sangriento, pero impidieron que la niña sufriera daño alguno. Esto realmente era por lo que los gatos estaban tan activos por las noches, y por lo que entraban a las viviendas. Nadie logró saber de dónde salían los hombrecitos, pero desde aquel día, cuidaban a los gatos salvadores.

Desde ese instante, todos retomaron la costumbre de dormir con las ventanas abiertas, pues si entraba un duende a su casa, esto permitiría a los gatos entrar a ayudarlos. Esta es una de las historias de los cuentos de terror largos.

Advertencias

Ismael López, hacía tiempo, que cada vez que salía de su vivienda, le parecía ver señales de advertencia por todas partes. Si miraba hacia arriba, le parecía que las formas de las nubes eran señales para él, le parecían flotantes interrogaciones. Si pasaba por alguna pradera, le parecía que las mieses cosechadas formaban también extraños signos. No lograba explicar aquello, pero ya estaba convencido de que eran algún tipo de advertencia.

Como en todos lo cuentos de terror largos, parecía que algún poder providencial, le diera aviso de que podía pasar algo no muy bueno. No dejaba de pensar que porque sólo él podía notar aquello, era un perfecto tipo normal, vivía solo, ni siquiera tenía una mascota, y de paso era simplemente torpe en lo que se refería a llevar un hogar.

No se consideraba especial ni mucho menos, nunca había hecho nada heroico, no era hombre de fe. Su mejor logro era pasar por la vida sin que lo notaran. Por esto se extrañó de ser justamente él, quien notara estas advertencias, que ya era imposible ignorar. Dentro de sí sabía que algo malo pasaría. En un comienzo le causaba gracia, pues pensaba que era fruto de su imaginación, pero ya era mucho no podía ser casual.

Ese día, arribó a su vivienda, y antes de entrar vio parado en la sala a alguien muy alto. Pensó avisar a las autoridades, pero sentía demasiada curiosidad, así que entró. Inmediatamente pudo ver que no era uno, eran muchos, y no eran seres humanos, eran angelicales.

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Como se sorprendió, solo se le ocurrió preguntar qué hacían en su casa.  Interrogó sin pensarlo, solo llevado por la sorpresa, la vestidura de los ángeles eran unos sobretodo; el de mayor tamaño, se la sacó y la puso a un lado, en ese momento fue que cayó en el hecho de que eran ángeles.

Venimos en busca de tu auxilio, estamos a la víspera del apocalipsis, este no tarda en venir, y en vista de que tú eres realmente neutral, no profesas fe por nadie. Necesitamos que estés en nuestro grupo, nosotros no tenemos bando, no estamos ni con dios ni con satanás. Estamos tratando que la humanidad esté con nosotros y que tú seas el vocero de los ángeles.

Aquello lo tomó por sorpresa, le costaba creerlo, estaba claro que no soñaba, y entendía por fin lo que significaban todas las señales, se comunicaron con él por bastante tiempo, él era el que no leía correctamente los mensajes. Esta solicitud generaba una duda enorme en Ismael, por quien se decantaría, por los ángeles o por dios. Realmente nunca se había planteado ser un hombre de religión.

Aquel ser angelical, leyó los pensamientos de Ismael, y le dijo, que de él sólo querían que fundara una religión, para que veneraran a los ángeles, igual que lo hacen con dios. Le dijo que ellos lo recompensarían ampliamente, y que sería el rey de donde él eligiera, sería un hombre privilegiado en el mundo de los ángeles.

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Además le dijo, que habían contactado a otros en varios lugares del mundo, y todos tuvieron la misma duda durante algún rato, pero terminaron aceptando.  Le preguntaron por la decisión que tomaría, que cuál sería.

Sin pensarlo más, le contestó al ángel, me decido por el único dios. En ese instante el ángel que hasta ese momento se veía angelical, se convirtió en demonio, sacó una espada y trató de asesinar a Ismael, pero dios intervino y lo salvó. Sacó de la casa a los ángeles insurrectos, protegiéndolo. En ese momento Ismael despertó al caer al piso desde la cama, todo fue un terrible sueño.

Siguió con su vida como si nada, pero se volvió un hombre de fe, a partir de ese día comenzó a predicar el amor a dios. Un día cuando salía para su trabajo, vio en el piso la sombra de un ángel aleteando, pero al mirar al cielo no vio nada.

Dios lo continuaba defendiendo, ahora era su hijo y siempre lo protegería, y ya no formaría parte de la narrativa de los cuentos de terror largos. Si quieres leer más sobre este tipo de cuentos, puedes ver moralejas.

Cuentos con importante metáfora psicológica

Estos cuentos de terror largos, están escritos de tal forma que manejan la psicología y emociones del personaje principal, generando la interrogante de si todo ocurre realmente o es una enfermedad de la mente del protagonista. Este tipo de cuentos de terror largos, suelen jugar con la imaginación del lector para generar miedo.

Cuento del señor doctor

El poblado era víctima de una epidemia, cada vez más personas eran víctimas del raro mal. Permanentemente entraban nuevos enfermos, de este mal a la oficina del recién graduado médico, aún estaba en las prácticas. Al verse desbordado por la enfermedad, pidió auxilio a la ciudad vecina, era lo único que podía hacer.

La ayuda tardaba en llegar, mientras los habitantes que estaban sanos, lo intentaban auxiliar, con el cuidado de los enfermos, hasta el punto en que todos enfermaron excepto dos niños de aproximadamente diez años, y por supuesto él. Estaban siendo víctimas de los clásicos sucesos de los cuentos de terror largos.

Los pacientes no fallecían, porque continuaban comiendo normalmente, pero perdían peso de forma alarmante, por lo que no tenían energía para salir de la cama. El otro síntoma era que se tornaban de una palidez espectral, tornándose su piel a un color cetrino y muy pálido. Pero todos los análisis salían con valores normales.

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El galeno, muy confundido, trataba arduamente de encontrar otros indicios o síntomas que le dieran luces sobre la rara enfermedad. Pero sus recursos eran pocos, lo que limitaba su capacidad para diagnosticar a los enfermos. Intentó con todos los tratamientos que se le ocurrían, pero no lograba ninguna mejora en ninguno de los pacientes. El joven desesperado salió del hospital, atestado de pacientes, y comenzó a lamentarse en voz alta.

En la plaza del pueblo, se lamentaba a gritos, pues todos los habitantes estaban en el hospital, allí estuvo durante horas, hasta que llegó un ventarrón tan fuerte y con tanto polvo, que abrió las ventanas del hospital, entrando a donde estaban los enfermos, que es algo típico en los cuentos de terror largos.

El doctor se regresó, lo más rápido que pudo, para proteger a los pacientes del viento y el polvo, pero cuando llegó a la sala de hospitalización, vio algo espeluznante. En el centro de la sala, el polvo que entraba por la venta, remarcaba la silueta de una criatura, gorda y rechoncha.

Este ente, estaba lleno de tentáculos con los que drena la sangre a los enfermos. El médico, simulando que no lo veía, llegó hasta su escritorio, allí hizo como que leía algo, y con su celular pudo apreciar mejor una imagen de la criatura. Claramente desaguaba a sus víctimas, arrancándoles la vitalidad poco a poco, a través de los tentáculos que parecían mangueras.

Todavía, haciéndose el que no notaba nada extraño, hizo salir a los niños del lugar, para ponerlos a salvo. Buscó un machete y regresó a la sala de enfermos, rápidamente con ayuda del machete cortó los tentáculos de la bestia.  Salía muchísima sangre, con lo cual se hizo más evidente la criatura, pues ésta quedó bañada del líquido rojo.

El Joven doctor, siguió atacando a la bestia con el machete hasta que lo convirtió en pequeños trozos. Para su sorpresa cada pedazo seguía con vida, y entre todos lo atacaron de forma muy agresiva. Ante el escándalo, los niños regresaron al recinto, y al ver lo que pasaba, tomaron unos palos, y a golpes con un palo le quitaron los trozos de monstruo al doctor.

Inmediatamente, golpeado como estaba, el doctor junto con los niños, utilizaron alcohol y unos fósforos para quemar cada trozo de la bestia. Esta fue la única forma de que dejaran de moverse.

A partir de este día, todos los enfermos comenzaron a recuperarse, de forma muy rápida, al poco tiempo todos estaban en sus casas plácidamente. En el informe del caso, por supuesto que no se escribió la verdad, no hay quien crea que una criatura que se alimentaba de sangre, casi acabara con todo un pueblo. Nadie se atrevió a desmentir al médico, ese sería el secreto del pueblo.

Para la gente de este pueblo, él era el mejor doctor del mundo, fue capaz incluso de librar a las personas de una mal sobrenatural. Ya nadie lo volvió a llamar el joven médico, a partir de ese evento lo llamaron el señor doctor, y esta pasó a ser una más de las historias de los cuentos de terror largos.

El recital de Carlitos

Carlitos, fue muy ilusionado a dar un concierto de piano, su progenitor le había jurado que asistiría esta vez. Era algo que le ofrecía regularmente y que nunca cumplía, nuevamente el muchacho le creyó cuando dijo que iría. Pero como de costumbre no llegó, haciendo que el niño regresara muy triste a su casa, toda la familia asistía, pero él siempre quería que fuera su papá.

Estaba muy desconsolado, lo que más lo afectaba, era que cuando se trataba de los deportes que practicaba su hermano mayor, no dejaba de asistir. Esto lo decepcionó mucho, pues claramente el problema no era estar muy ocupado. Estaba tan triste, que trataban de consolarlo pero no lo lograban,  se metió a su habitación y perdió la cuenta del tiempo que estuvo llorando.

En algún momento, que se calmó, le llamaron la atención unos extraños sonidos que llenaban su habitación, parecía un roedor arañando sus gavetas y sus cosas.  Comenzó a buscar para ver que era, y se sorprendió enormemente al ver que lo que hacía el ruido no era un animal.

En lugar de un roedor, vio un hombre muy chiquito, su tamaño no era mayor que el de la palma de su mano; era de color oscuro y estaba muy arrugado, poseía una par de alas traslucidas y deterioradas. Para mayor extrañeza, comenzó a hablar, e interrogó al muchacho sobre el porqué de su llanto. Aquí comienza para el niño su propio capítulo en los cuentos de terror largos.

Por alguna razón se sintió confiado, y le narró su lamentable percance, y de cómo le ocurría siempre. El raro personaje, le indicó a Carlitos, que podía concederle un deseo, pero con la condición de que no le dijera a nadie que lo había visto. Sin pensarlo, el niño, solamente quería que su papá le prestara más atención, y que fuera a su siguiente concierto. Así que eso fue lo que pidió la hombrecito, a cambio de no decir nada.

Pasado un tiempo, llegó una nueva fecha para un concierto del niño, este se vistió muy emocionado y con una gran sonrisa, pues estaba seguro que esta vez su padre estaría entre el público. Ya llegando la hora en que debía comenzar el evento, el único asiento vacío, era el del padre de Carlitos.

El niño al comenzar a caminar por el escenario, miró hacia la entrada, y pudo ver la silueta de su padre, no le lograba mirar bien, pues las luces de los reflectores le daban directo, pero por la silueta estaba seguro de que era él. Fue su mejor recital, interpretó cada pieza como un virtuoso.

Los asistentes chillaban, le ponían de pie, comenzaban a llorar, y corrían, era una locura, la gente no tenía control, se habían desparramado por todo el teatro. Carlitos no se fijaba en nada de esto, solo estaba pendiente de su padre, que se aproximaba despacio.

Mientras más cerca estaba el padre, con mayor intensidad tocaba el muchacho, y los asistentes proferían gritos hasta casi desmayarse. Al llegar al frente de su hijo, el niño estaba radiante de felicidad, era algo innegable, se abalanzó sobre él y lo abrazó con fuerza. El padre no respondió al abrazo, simplemente no podía.

Lo que el niño abrazaba era un cadáver, el hombrecito cumplió su palabra, y dado que el padre había fallecido en un accidente de tránsito, igualmente lo hizo asistir a la sala de concierto, sacándolo del mundo de los fallecidos. Pero al muchacho solo le interesaba que su padre por fin asistió, mientras el resto de los asistentes huían despavoridos. Aquí culmina uno de los aterradores cuentos de terror largos.

Cuento de las gotas de un secreto

En un fin de semana muy caliente, me tuve que quedar sin nadie más en la vivienda de mi abuelo y abuela. Los fuimos a buscar, para asistir en familia a un juego de mi hermanito, mi madre prefirió que me quedara ya que me encontraba muy enferma, y no quería que me mojara con la lluvia. No sabia que me introducía en uno de los cuentos de terror largos.

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Me acomodaron frente al televisor, pusieron el aire acondicionado y me dejaron a la mano refrigerios, también me dejaron instrucciones de llamarlos si me sentía peor. Yo decidí apagar el televisor y acostarme, el dolor de cabeza no me dejaba hacer otra cosa. Me tumbé en el suelo para estar más fresca.

Iba a dormir, cuando el televisor se encendió solo todo lleno de ruido. Me levanté a desconectarla, y se prendió el radio, nada de esto tenía explicación racional. En eso se escuchó un fuerte portazo, alguien había entrado a la casa. Sabía que no era nadie de la familia, eso no tenía sentido, además estaba sola.

De pronto vi un par de huellas pantanosas, y no vi al que las hizo, definitivamente no estaba sola. Al no saber para donde fue el intruso, inmediatamente me oculté bajo la cama. Trate de llamar a mis padres, pero el celular no tenía señal. De pronto me di cuenta que los pasos se dirigían al cuarto en el que estaba escondida.

Para que no me delatara el chocar de mis dientes, coloque uno de mis dedos entre ellos. Sentí como alguien se sentaba en la cama, el colchón se hundió sobre mí. Lo podía escuchar respirar, pero no podía ver nada. Escuché un alarido de mujer, y el colchón se agitó con mucha violencia, y después todo quedó en calma.

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No me atrevía a salir de mi escondite, sentía el cuerpo rígido de miedo, ni siquiera sentía el dolor por estar mordiendo mi dedo, esto para evitar gritar. De pronto sentí algo húmedo que caía sobre mí, era sangre, al principio pensé que era mía. Al serenarme un poco, me di cuenta que no era mía, se chorreaba a por el colchón.

El pánico hizo que me desmayara en aquel punto, ya no podía soportar más. Al recobrar la conciencia, estaba rodeada por la familia, habían curado mi dedo, y no paraban de interrogarme. Al decir la verdad, fui llevada a un psiquiatra, y me declararon peligrosa, porque me había lastimado a mí misma.

Todo terminó cuando mis abuelos dijeron la verdad: su otro hijo, ahora difunto, mató en esa cama a una muchacha, y esto se repetía a diario para mortificar a los abuelos, quienes no decían nada por vergüenza. He aquí esta triste y malvada historia de los cuentos de terror largos.

Cuentos de terror largos fantásticos

Estas son narraciones, son cuentos de terror largos, que no respetan las leyes universales, sus personajes son monstruosos, seres o eventos fenomenológicos que aterran y no se pueden explicar.

El niño dentro del muñeco

En la ciudad de Guadalajara en Jalisco, nació Marcela Aguayo, ella trabajaba como niñera. En alguna época laboró en un centro de cuidado infantil gubernamental.  Su madre contrajo un penoso problema de salud, y ella se vio forzada a dejar este empleo, para ser la cuidadora de su señora madre.  De esta forma vio muy disminuidos sus ingresos, y por lo tanto los ingresos de su casa.

El único ingreso con el que contaban, era el de una compensación laboral que había dejado su progenitor al morir. Debido a lo severo de su enfermedad, y a pesar de todos los cuidados que tuvo, la mamá de Marcela murió al lado de ella.

Luego de haber realizado el funeral, y haber cubierto todos los gastos, se encontró sin dinero, y sin empleo. Al morir su mamá, dejó de cobrar la compensación laboral del papá.

Buscó durante algún tiempo empleo de manera infructuosa. Cierto día leyó un anuncio, donde solicitaban niñera, en una de las mejores zonas de la ciudad.

Se dirigió a la casa de la solicitud, al llegar lo primero que notó, era como unas solicitantes del puesto, huían del lugar en pánico, unas bravas por el desperdicio del día, otras con cara de haberse asustado mucho. Por fin fue su turno para la reunión con los posibles empleadores. No sabía que estaba entrando al mundo de los cuentos de terror largos.

Una pareja bien entrada en años la recibió, le informaron que debían viajar por una emergencia al día siguiente. Necesitaban alguien, que se ocupará de cuidar a su vástago, a Marcela esto no le sonó raro en lo absoluto.

La pareja, ni siquiera miraron las referencias de trabajos anteriores, le indicaron que primero debía conocer al niño. Cuando la llevaron frente al infante que debía cuidar, Marcela soltó una sonora carcajada, pues era un monigote en forma de niño, ella pensó, debe ser un mal chiste.

El aspecto del monigote, era el de un niño de más o menos diez años, estaba sentado en una silla. Pensando que la pareja tenía alguna demencia, y por necesitar el empleo, decidió seguir adelante. No encontró lo malo, en seguirles el juego por los tres días que estarían fuera.

Al aceptar el empleo, la pareja le advirtió, que a su niño no le gustaba estar a oscuras, así que nunca debía apagar la iluminación, ni siquiera a la hora de acostarse. Además tenía que narrar alguna historia para que se durmiera. También le advirtieron que tenía que estar con él, hasta que acabara de comer. Si no se hacía todo esto rigurosamente el infante se molestaba y podía ser muy malo.

Al día siguiente, Marcela arribó a la casa, vio cómo se marchaban los padres, y se preparó para cualquier cosa, excepto  ocuparse del infante. Desde que llegó, tuvo la impresión de que el monigote, la veía fijamente, es más en algún momento, sin ninguna duda notó que giraba la cabeza para mirarla.

Mientras más lo observaba, más le daba la impresión de que tenía vida, ella empezó a ponerse nerviosa, no se imaginaba estar dentro de uno de los cuentos de terror largos. Con el fin de calmarse, agarró al monigote y lo metió en la habitación y la cerró, se fue al salón de la casa. En la medida que la noche avanzaba, comenzó a escuchar cómo cambiaban de lugar objetos, en la habitación del infante.

Pensando que había entrado un delincuente, llamó a los agentes de la ley. Estos revisaron toda la casa, al no ver nada extraño, se fueron. Al salir le dijeron a Marcela que no podía llamarlos sin que estuviera sucediendo nada.

Un poco más tranquila y creyendo que es fruto de su imaginación, se quedó dormida. Por la mañana, al levantarse, pudo observar que la mayor parte de los enseres  donde cocinaban, incluso los materiales e ingredientes, se encontraban por todas partes. Había sustancias por todas partes, y donde habían caído los ingredientes secos, se podían observar unas pequeñas pisadas.

Eran de zapatitos de infante, acudió rápidamente a la habitación que había trancado el día anterior. En este lugar se encontraba el monigote, totalmente cubierto de ingredientes secos, y su expresión había cambiado por una muy malévola.

Salió muy asustada de la casa, le pasó llave a la puerta, y la colocó en una jardinera. Al voltear pudo ver al monigote agitando su brazo en despedida, no volvió jamás para aquel lugar. El muñeco es un personaje típico de los cuentos de terror largos.

Cuento de la mujer al final del camino

El lugar de nacimiento de Romina, según sus añoranzas, era una valiosa fortuna. Recordaba con mucho cariño sus paseos por las áreas del pueblo, sus meriendas con helado y dulces, nada que le hubiera ocurrido después, lograba opacar esto.

cuentos de terror largos

Ya tenía 20 años sin ir a su pueblo de visita, a pesar de que era algo que deseaba hacer de corazón. Sentía verdadero anhelo por mirar un amanecer entre los cerros, y ver como estos rayos de luz llegaban a las viviendas campestres, para que se vieran doradas y así servir de decoración en el paso de los reflejos entre las plantas.

El camino se le hacía muy largo, tantas eran las ganas de llegar, deseaba poder mostrar a su descendencia donde había crecido, eso era algo que la llenaba de felicidad. No tenía ni idea de que se dirigía a formar parte de uno de los cuentos de terror largos.

Arribaron luego que anocheció y los visitantes no lograron visualizar nada de lo que les contaba Romina. Estaba tan oscuro, que lo único que se podía ver eran las luces del automóvil en el que viajaban. Había tanto viento que las hojas en el bosquecillo sonaban fuerte, como un silbido, y los maderos crujían, al doblarse, incluso los más grandes.

Parecía como que los árboles al doblarse trataban de atrapar el carro. Los niños se encontraban muy asustados, su mamá los calmaba contándoles lo bien que luciría todo al aclarar el día, y que se divertirían mucho. Continuaron rodando por aquella oscuridad, a duras penas lograban ver alguna desvencijada vivienda.

A los muchachos, les extrañaba no ver a personas en las calles, la madre les decía que era porque al ser gente de campo se acostaban temprano, para madrugar al día siguiente. Al principio, Romina encontró natural no ver gente, esto cambió cuando toco en algunas viviendas, buscando posada, y nadie acudió a atenderlos.

No les quedó otro recurso, que acudir al templo del pueblo, allí tampoco lograron nada, ni pudieron entrar al solar, hasta los enrejados estaban fuertemente asegurados. Llamó por un rato a ver si alguien se asomaba, pero nada ocurrió, en ese rato sólo pasaron mucho frío por causa de la brisa helada.

Regresó al auto, allí sus hijos se acusaban entre ellos, por una podredumbre que apestaba y que fue repentina. Al llegar la madre los muchachos salieron del carro, por causa del olor, pero afuera era incluso peor. La pestilencia era el aviso de que se acercaba un fantasma de aspecto femenino, se encontraba suspendida en el aire al final del camino.

Recelaban de lo que veían, pensando que era fruto de su imaginación, no podían entender lo que pasaba. La mujer se acercó poco a poco, con movimientos exacerbados, permitiendo que la vieran bien, les enseño que no tenía pies, en lugar de cabello tenía serpientes, y estaba llena de cortaduras que sangraban en sus brazos.

Cada vez que ella avanzaba, el grupo retrocedía, eso no fue muy útil, porque en lo que se espantaron, ella llegó directo a donde estaban y les absorbió el alma, hasta que sus globos oculares se vieron totalmente sin expresión. Luego de esto se fue de la misma forma en que había llegado, desvaneciéndose al terminar la carretera.

Este tipo espanto de cuentos de terror largo, había causado que todos se marcharan del poblado, no querían seguir alimentando a la criatura con sus miedos. Cuando llegaron Romina y su familia, sólo sirvieron de alimento al espeluznante ser, quedando solamente sus restos sin vida.

La noche eterna

El entusiasmo de María Luisa era inmenso, tenía mucho tiempo sin ver a su hermana pequeña. Cuando ella se marchó, su hermanita quedó al cuidado de su progenitora, en el pueblo donde vivían. Ella mientras tanto estudiaba y se preparaba para una profesión en la ciudad.

La verdad, no recordaba haber pasado mucho tiempo en convivencia con sus familiares. Cuando era una niña pequeña, la habían enviado lejos con otros familiares, para que estudiara. Ya era una adulta y se había graduado, nada impedía que volviera a ver a su hermana y madre. En los años de separación las había visitado solo en algunas fiestas, prácticamente sólo hablaban por teléfono.

No les avisó que las visitaría, quería que fuera una sorpresa, ni la mamá ni su hija, se enteraron de su llegada. Al llegar observó que todo era raro, no recordaba nada de cuando se marchó. No se veía nadie en las calles, todo se veía vacío.

Se vio obligada a ir caminando a la vivienda de su familia, ya que no encontró ni transporte ni taxi que la llevara. Cuando pasaba por las casas y la miraban, la gente entraba a sus casas y cerraban la puerta.

Luego de caminar más de sesenta minutos, por fin llego a casa, muy agotada y sudada, al disponerse a entrar, se dio cuenta que no recordaba casi nada, sólo tenía el recuerdo de su madre metiéndola a la casa en lo que se acercaba la noche.

Esperó un rato y alguien abrió, era su hermanita, se veía desmejorada, extremadamente pálida y solo suspiró, su hermanita no la había reconocida. Sólo cuando María Luisa la acarició, fue que supo quién era. La hermana comenzó a estremecerse, primero creyó que era el impacto de la sorpresa, al rato se dio cuenta que la razón es otra.

La hermana la acompañó a ver a su progenitora, para su sorpresa se encontraba exactamente igual que la última vez que la vio siendo niña, sólo que no hablaba ni se movía, tenía la mirada fija en algún punto del espacio. La muchacha ni se imaginaba que comenzaba a formar parte de uno de los cuentos de terror largos.

Se acercó con cariño a su mamá y la acarició, pero al observar a su hermanita le vio una extraña expresión, daba la impresión de estar muy asustada. Se marcharon a otra área de la casa, pero una vez allí, en lugar de interrogarla sobre su vida, la hermanita le reclamó que hubiera llegado sin avisar y de repente.

Ella para calmar a su hermana, le anunció que no se quedaría muchos días, solamente saludaba a la familia y se marchaba, además quería saber si ella se quería ir a vivir a la ciudad con su hermana mayor. Que colocarían a mamá en algún lugar donde la cuidaran bien y ellas vivirían juntas, así podrían compartir sus vidas.

La hermanita no dio ninguna respuesta, pero sus ojos se llenaron de lágrimas, esto le causó todavía más extrañeza a María Luisa, se fue a la que fuera su habitación de niña. La mantenían intacta, se durmió y se despertó con sonidos en la parte de arriba de la casa, era muy entrada la noche, pero no encontró a nadie.

Salió al patio y al mirar bien pudo ver a su mamá levantando vuelo, esta soltó una horrible risa, que la dejó congelada. Trató con todas sus fuerzas de despertar, pues pensaba que era una pesadilla, pero no ocurría nada. La noche no tenía fin, ella se acurrucó y seguía tratando de despertar, hasta que sintió una mano que la tocaba, abrió los ojos y pudo ver que era su hermanita.

Esta le dijo, debes salir de aquí inmediatamente, pues ya se acerca la noche sin final y ya no podrás salir. La explicación que le dio fue tan espantosa, como ver a su madre volando. Su progenitora era la hechicera del lugar, al llegar la luna más grande, en el poblado, la totalidad de las hechiceras de la zona se reunirían, a esto lo conocían como la noche que no tiene final.

María Luisa, preguntó a su hermanita por qué no escapas a mi casa, ven conmigo. A esto la hermanita contestó, no puedo soy la elegida para ser la heredera de la posición de nuestra madre.

Esta es la razón, por la que su mamá la había alejado de la casa materna, sólo podía haber una heredera, la otra debería morir. Su madre para salvarla la mandó lejos, al oír esto, salió huyendo hacia su casa urbana y no volvió al pueblo, ni volvió a saber de su familia.

Una noche cualquiera

Como un buen inicio de una de las historias de los cuentos de terror largos; había anochecido como otras tantas veces, nada era distinto a otros días. Había estado lloviendo, entonces escampó y decidí salir a correr, es un gusto que siempre tuve, correr sobre los charcos de agua. En la medida que corro mis pies y piernas, con la humedad se comienzan a enfriar, y eso hace que deba hacer más esfuerzo en el trote.

Otra cosa que me gusta mucho es recibir la brisa fría en el rostro, me gusta la sensación de este frío en mi nariz y boca, esto hace que correr requiera un esfuerzo mayor para respirar. Pero sobre todo me gusta ir al parque a trotar, es el mejor lugar en estas temporadas, me gusta porque la niebla cubre todo y no veo lo que hay al frente.

Si hay más personas, prácticamente no me doy cuenta; es como estar solitaria, gozando el mundo, la vitalidad totalmente libre. Disfruto el esfuerzo de mi cuerpo al trotar en estas condiciones, me incentiva a superarme, a poner más empeño en el trote.

Trotando en la niebla, choqué contra algo blando, y de gran tamaño. No podía ser una piedra, es más no había razón para una piedra grande en el camino, además se pudo oír una especie de lamento. Por supuesto caí al piso a causa del golpe, me levanté y regresé a ver con que había chocado. Mire al piso y por los laterales y encontraba nada fuera de lugar, revisé y revisé y no vi nada diferente.

Pensé que no había nada, hasta que me di la vuelta y encontré unas piernas a la altura de mis ojos, era una criatura flotando, se veía como una niña, sin darme oportunidad de nada, se abalanzó sobre mí, y me envolvió el cuello como una constrictora hasta que me desmayé.

Por fin recobró la conciencia, volví a mi hogar convencida de que todo había sido por causa de forzar mi cuerpo, me faltó el aire y me desmayé luego de sufrir alucinaciones. Al mirarme al espejo me di cuenta que todo había ocurrido, pude ver lesiones en mi cuello y de un par de huequitos, salía algo de sangre.

Mi cara se veía muy pálida y podía sentir cómo ardía la sangre en mis venas, sentía como mi corazón cada vez se hacía más lento, de pronto dejó de latir y me derrumbé. El dolor que sentía era insoportable y comencé a estremecerme sin control, era tan intenso que sentía como mi esqueleto se resentía. Nuevamente quedé inconsciente.

Al recobrar el conocimiento, para mi sorpresa estaba muy bien, en mejor condición que nunca, enorme, fortalecida, con poder, no paraba de sonreír, estaba muy feliz sin ninguna razón, el malestar y la sensación dolorosa era ahora combustible puro. Sentía que quería salir volando y hacerlo a más velocidad que el viento.

Me puse en pie de un brinco, comencé a trotar por la casa, y sin más me lancé por la ventana, me sentía más libre que nunca. La niebla se abrió como una cortina para que yo pasara, y se cerró a mi espalda donde había unas hermosas alas. Adoro como el frío, forma escarcha en ellas, lo que hace que deba aletear más fuerte, igual que me encanta el silbido del viento entre mis colmillos, esto hace que me sienta fuerte y muy libre.

Ahora en las noches, me gusta volar entre la niebla, y ocultarme en el follaje de los árboles, para caer sobre mis víctimas, y saciarme con su sangre caliente. Es fabuloso sentir como la sangre entra en mi cuerpo y me quita la sed y el hambre. Me gusta enterrar mis colmillos en sus venas. Me gusta ser un personaje más de los cuentos de terror largos.

La carroza de la muerte

Hay hijos malcriados, pero Rodrigo era un verdadero maltratador con su mamá, lo aprendió de su papá, que eran un machista golpeador. Un día llegó muy tomado a la vivienda, y como era de esperarse, su madre era la víctima de la resaca que sentía. La señora ya estaba muy deteriorada por el maltrato, ya que no se trataba de alguien realmente entrada en años. Sólo trabajaba y recibía maltratos de su único hijo.

El muy patán llegó totalmente ebrio, gritaba, pateaba y maldecía, le escupía a su madre en el rostro, que porque no se había muerto, que ya era hora, que no estorbara. Al escuchar estos gritos, sobre todo la parte de la muerte, los vecinos decidieron intervenir, para proteger a la indefensa mujer, y se ocuparon de correr de la vivienda al hijo ingrato y malvado, es decir, lo echaron de la casa.

cuentos de terror largos

Un vez  llegó la mañana, las habladoras y charlatanas del pueblo, se encontraban en las calles para tener su habitual cotilleo, de lo ocurrido. Cada quien daba su propia historia de lo que había ocurrido, pero hubo una de estas versiones que le crispó los nervios a todos.

La más rezandera del corrillo de las chismosas, contó que había oído rodar por las pedregosas y polvorientas vías al carruaje que conducía la muerte. Con seguridad era la aterradora carreta, pues no le sonaban las ruedas, si no que se oye en cada vuelta el lamento de un alma torturada.

Esto causó gran conmoción, las mujeres se encontraban estupefactas, en eso llegó Rodrigo que aún se encontraba sumamente ebrio, esto avivó el barullo, golpeaba con los pies la entrada de la vivienda de su madre, le reclamaba que lo había ido a buscar a la vivienda de su compadre, donde se había ido a refugiar. Esto no podía ser cierto, ya que después de la escena anterior, la señora quedó en la cama, y aun no se había levantado.

Las señoras del cotilleo, al ver aquello, decidieron advertirle que la muerte estaba rondando por el lugar, ya que habían notado la presencia de la carreta de la muerte. No es bueno estar circulando por las calles, y el que vagaba tanto podía ser confundido, por la muerte, con la persona a la que le tocara morir. Al estar tan borracho, se comportaba talmente incrédulo e irreverente, y simplemente ignoró la advertencia.

Al llegar la oscuridad nocturna, la población se había recogido ya en sus viviendas, como precaución por si acaso era cierto lo de la carreta de la muerte, el único sonido que escuchaban eran los escándalos de Rodrigo. Este cantaba, como si fuera el ser más alegre del mundo, y lo hacía muy fuerte, para que todos lo disfrutaran.

De repente, un alarido terrible se escuchó por todos los lugares, empeorando el nerviosismo de la noche. Se sintió una ventisca muy fuerte que abrió al mismo tiempo, las puertas y ventanas, de todas las viviendas de la calle donde cantaba Rodrigo.

Se pudo ver a Rodrigo, corriendo con una mirada de pánico, y aun articulando aquel espantoso alarido. Los que lograron mirar su cara de cerca, comentaron que en su rostro había un rictus de terror, sus ojos estaban desquiciados.

Nadie averiguo, mucho más que aquello, y se mantuvieron a cierta distancia, pues todos podían escuchar los famosos lamentos de las ruedas de la carroza de la muerte. Incluso podían sentir el fuerte calor que emanaba del fuego de las fauces de los caballos. Eso ya quedaba para los anales de los cuentos de terror largos.

El cadáver de Rodrigo, fue encontrado en la puerta de la vivienda de su mamá, se podía ver los lugares donde arañó la puerta tratando de pasar. La maltratada mujer, estaba enferma en su dormitorio, por causa del malvado hijo. Quizás si no hubiera maltratado a su madre, con toda seguridad habría podido, levantarse de la cama y abrir la puerta a su hijo para salvarlo.

Huéspedes malditos

Era una vivienda que había tenido mejores días, pero la familia se venía a vivir en ella con mucho optimismo, sin que les importara la mala condición de la vivienda. Esta era la oportunidad de iniciar una novedosa etapa en su vida familiar. En la noche del día de la mudanza, por un hábito desarrollado con el tiempo, los seis hermanos se las arreglaron en un solo cuarto.

Esta habitación les gustó, porque se podía ver un árbol desde la ventana, estaba sembrado al lado justo de la casa. A pesar de que la alegría por su nueva vivienda era bastante, era más el agotamiento y por eso se durmieron casi de inmediato.

A la mitad de la noche, sintieron un sonido bien particular, tenía ritmo y era constante. Se levantó el padre; se dirigió de una vez al cuarto de los muchachos, su intención era reclamarles por seguir sin acostarse. Sin embargo, no logró llegar ni siquiera a la puerta de la habitación.

cuentos de terror largos

En pleno pasillo, hacia el cuarto, la media iluminación que aportaba el satélite natural de la tierra, permitió que pudiera mirar, la silueta de un ser humano ahorcado en el medio de la habitación de los niños. Esta forma se mecía, y chocaba sus piernas contra la pared.

Con la intención de que los demás no entraran en pánico, se controló para poder decidir qué hacer. Su mayor nervio, estaba en el hecho de que el ahorcado fuera uno de sus niños, esto lo estremecía, en algún punto no pudo más y gritó con temor.

El grito del padre, despertó a todos, se levantaron rápidamente y uno de los muchachos prendió la luz, los otros se abrazaron asustados entre ellos. Una vez que el dormitorio quedó iluminado, ya no se vio más la figura colgada de una cuerda, y el padre poco a poco se calmó.

Por las dudas, les pidió que se cambiaran de habitación, y los acostó con él en su cuarto, allí no durmió, sino que pasó la noche en vigilia cuidando a sus hijos. Muy tenso estaba esperando el amanecer, para analizar con mente fría lo sucedido. Ya formaba parte de uno de los cuentos de terror largos.

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La noche se le hacía interminable, no dejaba de escuchar el mismo ruido que lo hizo ir hasta la habitación, sólo que ahora sabía que eran los pies del ahorcado, chocando contra la pared. Se armó de valor para volver a presenciar la escena. Esta vez no vio a un ahorcado, sino que el ruido venía de un hombre no muy fuerte pero muy molesto, que le reventaba la cabeza a batazos a una muchacha.

Logró tener la calma necesaria para iluminar la habitación, y así las visiones se fueron; pero él presentía que esto no era una solución permanente. No pasó mucho rato, y ocurrió que los espectros, aparecieron en la siguiente habitación a oscuras, que era donde se encontraban durmiendo en esos momentos. Se veía a una vieja mujer, llevando un hachón, y tirando de un bojote bañado en sangre, atravesando la entrada al dormitorio, y salpicó con el efluvio sanguinolento a los chicos que descansaban en el piso.

Lleno de terror, el padre prendió las luces, el aparecido se desvaneció con cualquier vestigio de que hubiera estado en la habitación. En un arrebato de lo que parecía locura, el padre alumbró cada esquina, a la vista de su sorprendida familia. Cada noche ocurría exactamente lo mismo, siempre cerca de la media noche, se daba alguna macabra escena de muerte.

En muchas ocasiones el padre lograba dar luz a la vivienda entera, sin que lo notara la familia. Cuando no lograba hacerlo, se veía obligado a presenciar la macabra aparición, no entendía qué pasaba. Investigando averiguó, que en esa casa vivieron una dulce anciana con su enfermizo pero agradable nieto.

Definitivamente, en vida no eran tan buenos como decían, bastaba ver la forma en la que penaban, sólo los que pasaban la noche en la casa lo sabían. Ahora lo que debía decidir el padre era, irse de allí o aprender a vivir con la maldición de los anteriores habitantes. No es fácil ser parte de la historia de uno de los cuentos de terror largos.

Cuentos de horror de centros urbanos

Son cuentos de terror largos, que  se dan en la vida diaria de las ciudades, incluyen crímenes, abusos, vidas en el anonimato, en fin cualquier desarrollo aterrador asociado con lo urbano. En los tiempos modernos, la mayor parte de los cuentos de terror largos que se escriben pertenecen a este género.

La caja misteriosa

Juan Carlos Segovia, era un hombre como cualquier otro, pero estaba en una etapa muy crítica de su vida. Tenía muchos compromisos económicos que no podía pagar, además de muchos asuntos que le quitaban el sueño. Además de todo esto, su descendiente estaba aquejado por un mal, que los médicos no lograban diagnosticar.

Fue a la calle a encender un cigarro, y se puso a pasear un rato bajo la luz de la luna más grande del mes de noviembre. Era una noche fría, y mientras avanzaba por una vereda que se encontraba sola, pensaba que siempre quiso irse de ese lugar, y sus múltiples problemas nunca se lo habían permitido.

Estaba cavilando en sus necesidades, y culpando a Dios por una gran parte de ellos. De pronto se tropezó con un contenedor de metal, este lo tumbó y se golpeó. Se levantó elucubrando, sobre su mala fortuna que lo acompañaba a todas partes, cuando al ver el envase vio que se encontraba abierto. De esta forma se sumergió en una de las historias de los cuentos de terror largos.

Se agacho a ver lo que había dentro, mientras pensaba si aquí adentro se encontrara un lingote de oro, se solucionarían muchas de sus penurias, esto lo pensó como un chiste malo. Al terminar de abrir el contenedor, vio dentro un lingote de oro. Primero pensó que era una clase de mala jugada, pero al ver alrededor y no encontrar a nadie, decidió agarrarlo.

Tomó el envase y volvió a toda velocidad a su casa, estaba un poco nervioso, pensando que lo podían haber visto y seguido. Al entrar a la vivienda, ya todos se encontraban en cama; muy emocionado miró nuevamente dentro del envase, igual pensaba con angustia, que probablemente su mente le había jugado una broma.

Con buena iluminación, pudo observar que el lingote aún estaba allí y miró algo que no había notado antes, un papel escrito. El papel decía, “el envase cumplirá tu deseo o sueño, sin embargo esto tiene un precio, parte de tu ser interno se quedará dentro de ella, en 24 horas deberás decidir si aceptas o no el intercambio, de no aceptarlo debes regresarla”.

Meditó largamente hasta que amaneció, miraba el brillo del lingote, reflexiono y llegó a la conclusión de que el mismísimo demonio lo estaba tentando. Luego surgió en su mente la duda, después de todo Dios nunca hizo nada por él. Al levantarse su cónyuge, le informó todo, sus problemas eran tantos que los dos estaban dudosos. Si quieres leer más cuentos de terror largos, puedes ver cuentos de terror inventados.

Sin pensarlo más, tomaron el lingote y lo negociaron, les entregaron mucho dinero. La cantidad era suficiente para vivir de ella por siempre, o eso creía. Pasaron los días y su vástago cada vez estaba peor, hasta que el niño falleció, ningún doctor por famoso o costoso que fuera pudo hacer nada, la enfermedad lo consumió.

En ese momento, se dio cuenta, que parte de su ser acababa de perder, el envase maldito se cobró el costo del oro. En el envase seguían apareciendo lingotes, como de costumbre se cobraba el precio, cada vez que llegaba uno nuevo, se preguntaba qué le quitaría. Ya el dinero no le daba tranquilidad, siempre estaba a la expectativa de cuál sería el costo.

Entonces, ante tanta angustia, agarro el envase y lo llevó al mismo lugar donde lo encontró, lo puso en la misma posición y se ocultó para mirar qué ocurría. Al pasar una persona, al igual que con él, tropezó la caja y se la llevó, en su interior pensaba que así se quitaba el estigma del alma.

Al ver como se la llevaban, por primera vez en mucho tiempo respiró con calma. Pero todo dependería, si el nuevo dueño del envase, se lo quedaba. Lo espió por toda la noche, rogando para que aceptara el lingote, y así pasar la maldición a otro.

Se alegró mucho, cuando lo miró sacar el lingote y guardarlo, en ese momento se libró de la maldición, nunca supo qué pasó con el nuevo dueño, pero estaba seguro de haber visto la sombra de una figura demoníaca, riendo en la esquina de la casa de la nueva víctima. Se marchó, con la plena conciencia de que otro espíritu incauto se acababa de vender al diablo.

Un loco anda suelto

Ronda acostumbraba bañarse justo antes de dormir, siempre prendía la tv para tener algo de ruido mientras se bañaba. De golpe escuchó que decían, una persona demente escapó, enseguida, se cubrió con un paño y salió a ver de qué hablaban en el noticiero. Pero no pudo aclarar nada, no mencionaron más la noticia. Cambió de canal por mucho rato y no volvió a encontrar ninguna mención al respecto.

Como en toda historia de los cuentos de terror largos, se fue a acostar, pero el pensar en la noticia no la dejaba conciliar el sueño, la simple sospecha de un demente peligroso, rondando por su zona le producía terror. A pesar de ser una noche tranquila y sin ruidos sospechosos, su miedo era tan grande que a ella le parecía que todo era tenebroso.

cuentos de terror largos

Ella se sentía como una boba, estaba asustada sin mucha razón, si necesitaba información simplemente podía acudir a las redes y averiguar. Entonces tomó su equipo inteligente y buscó información, para su sorpresa no encontró nada de lo que esperaba. Esto la tranquilizó y pensó que solo había escuchado mal, que a lo mejor dijeron otra cosa y ella interpretó el resto.

Más calmada, se relajó y se quedó dormida, con un sueño reparador y tranquilo, no le incomodó ni la tormenta que acababa de desatarse, con mucha lluvia y truenos. A pesar de que la ropa de cama se cayó al suelo, con excesiva lentitud, no se preocupó. Falló la electricidad y esto tampoco la hizo dejar de descansar.

Pero repentinamente le agarraron las piernas y tiraron de ellas con fuerza, enseguida alarmada pensó el demente está aquí. Comenzó a gritar tratando de zafarse del loco, de pronto se encontró frente a un rostro muy malvado, con una sonrisa que infundía terror.

Y una voz aterradora le dijo: de verdad crees que soy un loco, si fuera un demente podrías golpearme y escapar, o podrías pedir ayuda y recibirla, pero no puedes, soy el amo de lo aterrador. La voz era como escuchar un volcán en erupción, estaba frente a un demonio.

Este demonio refunfuñaba, tengo que enseñar a los mortales a que nuevamente me teman, imagínense creer que soy un loco, todo esto lo decía mientras arrastraba a la muchacha al inframundo, a la fauces del mismísimo averno.

El niño psicópata

Por increíble que parezca los niños también pueden ser psicópatas, uno de los primeros casos es el de Jesse Pomeroy, un muchacho de quince años que fue culpable de haber cometido una cantidad de homicidios en sus cortos quince años de vida.

Su historial de homicidios

Su primer delito fue contra un infante de siete años, William Paine que lo encontraron el primero de diciembre de mil ochocientos setenta y uno, unos hombres que caminaban por un lugar apartado, notaron algo extraño que resultó el infante.

Oyeron un llanto muy leve, y se encaminaron hacia el sonido, este provenía de un pequeño cobertizo, al ingresar al sitio, para ver qué era lo que escuchaban, hallaron al pequeño amarrado por los brazos y guindado como una res. Casi no tenía conciencia y se quejaba bajito, le vieron enormes cortes y la espalda muy llena de golpes de color violáceo. No lograron hacerlo declarar quien le había atacado así.

cuentos de terror largos

Más o menos a la mitad del mes de abril de mil ochocientos setenta y dos, ofreció que llevaría al circo al infante Robert Maier. Lo encaminó supuestamente al lugar de diversión, y al arribar a un lugar solitario, le quitó toda la ropa, lo golpeó y se masturbó frente a él, obligándolo a mirar. Además mientras arremetía contra él con una vara lo obligaba a gritar maldiciones.

Cuando acabó, lo dejó ir y le prometió que lo asesinaría si comentaba algo a los agentes de la ley. Luego escapó del sitio. Interrogaron a cualquier muchacho del lugar que cumpliera con la descripción pero no lograron nada. Ruth, la progenitora de Jesse Pomeroy, abruptamente se fue del sitio, mudándose al sur de Boston.

George Pratt, también fue torturado por el Jesse, un día que andaba tranquilamente por la calle, fue interceptado por Pomeroy, este le ofreció dinero por hacerle un mandado. De esta forma el niño se fue confiado con él, y al llegar a un sitio apartado, le hizo lo mismo que los demás. Le quitó toda la ropa, lo golpeó sin contemplación por todo el cuerpo y con mucha fuerza, esta vez con un cinturón de cuero.

Le propinó unos horribles mordiscos en la cara, y lo agredió con sus uñas por todas partes. Además le introdujo una larga aguja por muchas partes de su humanidad. Intentó insertarla en uno de sus globos oculares, pero el niño se enrolla sobre sí mismo y no pudo hacerlo. Lo último que le hizo fue darle un fuerte mordisco en una nalga.

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Otra de sus víctimas fue Joseph Kennedy, con él se ensañó particularmente, no solamente lo golpeó, sino que le hizo una gran herida en el rostro, y lo metía en el agua de la playa, para que la sal del agua le produjera más dolor.

La última víctima conocida fue Gould, este era un infante de tan solo cinco años, se lo llevó asustándolo con un cuchillo en su cuello. Con él se encaminó por las vías del tren, pero se dio a la fuga cuando unos operarios del tren lo vieron con el niño.

Gould, logró dar mejores datos a los agentes de la ley, ya que logró describir mejor su rostro y dijo que uno de sus ojos estaba completamente sin color, era blanco. Ya para los últimos meses de mil ochocientos setenta y dos, llevaron a Gould a recorrer escuelas, pero este no logró reconocer al agresor. Incluso fueron donde estudiaba Pomeroy y no lograron nada.

Luego de esto, el mismo Pomeroy, se dirigió a la jefatura de la ley, y casualmente allí estaba Kennedy, que lo reconoció y así pudieron atraparlo. Estuvo en un reformatorio, y un par de meses luego que saliera libre, una muchacha llegó a la librería de la mamá de Pomeroy, lugar donde trabajaba. Era de su edad, y su nombre era Katie Curran.

Jesse se las ingenió para sacar a los empleados del local. Con esto, logró llevarla a la parte de atrás de la tienda y allí la asesinó con un cuchillo. Por más que su madre la buscó no logró localizarla.

Luego de esto, Horace Millen, un infante de 4 años, murió en manos de Pomeroy. Le compró un dulce para atraerlo, y lo fue guiando a una zona desolada y lejana mientras el niño se lo comía. Le aseguró que vería un barco de vapor en el sitio a donde se dirigían.

Llegaron a un pantanal, donde lo hizo sentarse supuestamente a descansar, sacó un gran cuchillo y con el apuñaló fuertemente al niño. El infante no falleció al instante y trató de escapar y defenderse. Al encontrar el cuerpo sin vida, le encontraron dieciocho cuchilladas, y otra en un globo ocular. Además, para más horror, intentó castrarlo pero sin éxito.

De dónde viene este psicópata

Jesse Pomeroy, nació el veintinueve de noviembre de mil ochocientos cincuenta y nueve. Es oriundo de un lugar en Charleston, Masachussets, fue el segundo retoño de la pareja conformada por Thomas y Ruthan Pomeroy. Y sin que se dieran cuenta educaron a todo un personaje de los cuentos de terror largos.

Era una familia de clase media, desde el punto de vista económico. Su papá afectado por el alcoholismo era un abusador. Se molestaba con facilidad, y tenía continuos accesos de furia, para calmar su ira, llevaba a sus hijos a una cabaña, les quitaba la ropa y los golpeaba con mucha brutalidad. Esto explica, la violencia que Jesse desataba contra infantes, aprendió a ser perverso y malo.

Su complexión física era muy amenazadora, era muy alto para su edad, y tenía siempre una expresión poco amigable. Su globo ocular derecho, no tenía ningún color, lo que le concedía un aspecto de miedo, tan feroz se vio, que sus padres cuando lo miraban a los ojos sentían un escalofrío.

Cuando tenía quince años, fue encarcelado en un reformatorio por tan sólo quince meses, eso fue en la cárcel para jóvenes delincuentes de Westborough. Allí se comportó muy bien, mientras su progenitora, hacia todo lo que estaba en sus manos para ponerlo en libertad. Gracias a esto lo liberaron y su mamá le dio un empleo en la librería de su propiedad.

Pero dos meses luego de salir de prisión, recomenzó con sus fechorías pero esta vez, no con torturas, sino que ahora era un asesino. Por fin, luego de tantos cadáveres creados por él, lo atraparon. Al principio lo condenaron a pena de muerte, pero les resultaba muy penoso que un adolescente de tan solo quince años muriera en la horca.

Entonces lo condenaron de por vida, y como parte de su condena, debía cumplirla encerrado sólo. Por ser tan joven, inspiraba compasión, y es así que en mil novecientos diecisiete le disminuyeron la pena. Le permitieron estar con otros condenados para que no estuviera más en solitario. Falleció en mil novecientos treinta y uno, luego de estar muy enfermo.

La niña del helado

Era ya entrada la tarde, y no tenía ninguna intención de salir de mi dormitorio, ya hacía más de treinta días que hacía lo mismo. Nada me animaba, solamente deseaba estar en mi cuarto durmiendo. Creía no haber ingerido casi ningún alimento, a menos que me obligaran. Creo que estaba con una desesperación muy grande.

Un buen día, mi retoña pasó a el cuarto, cantaba y brincaba como siempre, era una niña muy alegre, me solicitó que le fuera a buscar una paleta helada, aquello fue como un impulso de energía, enseguida le dije que claro, que iría. Me causaba verdadera alegría pasar ese tiempo con mi hija, realmente el clima no estaba como para comer helado, pero igual fuimos.

Un grueso grupo de nubarrones ocultaban el sol, la brisa era una cosa feroz y agitaba la hojarasca de la calle, las levantaba del piso y las agitaba a su antojo. Era algo tan fuerte que hasta las plantas más grandes se agitaban como si tuvieran miedo, y parecían lamentarse.

Una vez en la calle, el frío nos golpeó el rostro, mi esqueleto rechinaba como si fuera madera vieja. A duras penas caminaba y muy lentamente, sin embargo mi niña caminaba dando saltitos como un conejito, se movía por todas partes. De pronto me di cuenta que éramos las únicas en la calle, no habían más personas, no se veían automóviles, ni siquiera gatos o perros, de esos que viven libres en las callejuelas.

Seguí andando, y mientras intentaba ver si había algo que me indicara que estaba vivo, me asusté un poco y le pregunté a mi niña: ¿Seguro que no quieres en lugar de un helado un chocolate caliente?; ella simplemente no contestó, me giré para verla y no estaba, no la miraba por ninguna parte, seguramente quería jugar al escondite conmigo.

Estaba muy nerviosa y no quería jugar, así que la comencé a llamar, pero no obtuve respuesta, esto me hizo entrar en pánico, todo era muy lúgubre. Estaba desesperada, todo mi cuerpo lo sentía, el clima no contribuía en nada para mejorar mi estado de ánimo y que pudiera pensar. El viento soplaba fuerte y frío, hacía sonar los portales y celosías, parecía gemir junto a mí.

Hice un esfuerzo para serenarme, y me avergoncé por la crisis de miedo, era muy posible que simplemente volviera a nuestra vivienda, no nos habíamos alejado mucho, seguramente regresó por ropa para abrigarse. Así pues yo también me devolví a casa. Cuando entre, ciertamente allí la encontré, sonriendo muy pícara, con esa expresión que usa cuando está planeando una diablura.

Me abalancé sobre ella y la tomé entre mis brazos, tenía la sensación de no haberla tenido por gran cantidad de días, tenerla tan cerca me hizo llorar. No quería que se alejara de mí, así que no la soltaba. Sentí su cuerpo tan frío que me angustió, busqué una ropa abrigada para ponerle, pero me quede impactada al notar que no tenía reflejo en el espejo, a pesar de estar frente a él.

Estupefacta, no entendía lo que ocurría, estaba parada justo frente al espejo, yo podía verla sin ninguna duda. Ella al ver mi angustia me preguntó qué me pasaba. No sabía que responder, aparte de no querer agobiarla, simplemente no sabía cómo explicar el fenómeno, así que nuevamente la tomé entre mis brazos, muy fuerte. Un rato después ella me dijo: mamá me estás mojando.

Primero creí que se refería a mis lágrimas, pero entonces sentí húmeda mi camisa, me retire del abrazo y con verdadero terror, pude observar que las dos estábamos empapadas de sangre, esta salía a raudales del cuerpo de mi hija. Ambas estábamos fuera de control, ella preguntaba qué estaba ocurriendo, y yo intentaba decirle que todo estaría bien.

De pronto comenzó a caer al piso, yo la sostuve para que no se golpeara y nos caímos las dos, cada vez la sentía más liviana, y ante mi mirada impávida, comenzó a desaparecer, cada vez la veía más brumosa. Yo no entendía nada, me sentía enloquecer, más de pronto, vinieron a mi mente terribles recuerdos, como en pequeñas películas, comprendí que mi hija estaba muerta y por eso yo me encontraba tan triste y pesarosa.

Quise volver a tocarla, pero ya no estaba, desapareció. A partir de ese día, espero con ansias los días encapotados, a lo mejor vuelve a llegar a mi dormitorio para invitarme a salir a comer algo. Este es uno de los más tristes finales de los cuentos de terror largos. Si quieres leer más historias de terror, puedes visitar leyendas de Querétaro.

El hospital de la luz

La clínica de la iluminación, era un instituto de salud privado con muy buena fama en la zona, era tan bueno su renombre, que los profesionales de la salud, tanto los recientes como los que tienen experiencia, competían por un puesto en él. No era nada fácil lograr un puesto en la institución, es por esto que para todos fue una sorpresa, que Nayeli, una nada buena estudiante para enfermera, obtuviera el puesto de auxiliar.

Nadie entendía el puesto que le daban, pues no parecía hacer falta, además prácticamente no debía hacer nada. En el piso siempre se encontraban ocho tituladas en enfermería, por cada guardia, es por esto que parecía ridículo tener una auxiliar de enfermería. Los rumores no tardaron en aparecer, decían que tenía un romance con un galeno, y que solo duraría en el cargo lo que durará el capricho del médico.

Por las dudas, y pensando que podía ser verdad, el resto del personal la trataban simplemente en lo profesional, sin darle mayor confianza. Claro que la enseñaban, porque no querían problemas con el tan supuesto amante, y de esta forma afectar su trabajo.

Apenas llegó Nayeli, le asignaron una sola labor, pues no tenían claro de que sería capaz. Su única labor, era estar con las enfermeras tituladas para aprender todo lo que pudiera de cómo hacían su trabajo. En un instante, en que todas se encontraban haciendo algo de su trabajo, Nayeli se quedó totalmente solitaria en el puesto de enfermeras.

El piso se encontraba muy relajado, pero de pronto se escuchó un quejido muy fuerte y repentino. Era el sonido de que alguien sufría un dolor insoportable. La muchacha, se dirigió inmediatamente al cuarto que se encontraba de último en el piso, allí se escuchaba el lamento.

Ya cuando se disponía a abrir la puerta, fue detenida por alguien, al voltear se dio cuenta que había sido detenida, por una de las enfermeras con más experiencia. Con amabilidad se fue con ella al puesto de enfermería.

Por el camino, le dijo, que a ese cuarto no podía entrar, allí se encuentra un paciente especial, que es atendido por una sola persona. La muchacha quiso saber qué le pasaba, ya que se quejaba muy lastimeramente. Le explicaron que ya no se podía hacer nada por ese paciente, que su dolor no se podía aliviar.

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Pero la curiosidad de la muchacha fue tal, que cuando tuvo otra oportunidad se dirigió a la misma habitación, abrió con mucho cuidado, lo más en silencio que pudo. Igual si hubiera hecho ruido, nadie la escucharía, pues los alaridos del paciente eran muy fuertes. Gritaba a tal volumen que hacía vibrar las paredes, la chica lo sintió cuando puso la mano buscando el interruptor de la luz.

Por más que lo intentó, no logró encender la luz, así que la única luz que entraba al cuarto provenía del pasillo. A duras penas logró distinguir la silueta de un hombre sentado en un gran mueble, que le daba la espalda a la entrada. Entró a la habitación lentamente, para preguntarle al paciente si lo podía ayudar en algo, siguió sin tener ninguna respuesta.

Llegó hasta el sillón y tocó al paciente, para que se diera cuenta de que ella estaba allí. Apenas tocó al señor, sintió una especie de corriente que le recorría el brazo. Esto continuó hasta que la cubrió por completo, se comenzó a llenar de unas especies de líneas rojizas. No lograba gritar para pedir ayuda.

Las líneas rojas ahora comenzaban a invadir la habitación, hasta que cubrieron paredes, piso, techo, se movían como que si tuvieran vida propia. Nayeli, abrió por completo sus ojos, llenos de asombro, porque el señor que estaba en el sillón se levantó, quedando de pie.

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Era tan alto, que a pesar de que, ella estaba separada casi un metro del piso, por causa de los brotes venenosos, tenía que voltear hacia arriba para tratar de ver su cara. En un instante, con un poco de luz que entró, pudo ver un rostro envejecido y siniestro, con una boca tan grande que parecía partir su quijada, su expresión era la de alguien sin alma. La muchacha por no seguir las instrucciones se había encontrado con uno de los personajes de los cuentos de terror largos.

Miraba fijamente a Nayeli, esta batallaba intentando escapar de lo que le ocurría. Por más que se esforzó no logró nada. El hombre aterrador hizo un ademán con la mano y la boca de la muchacha desapareció, dejándola incapaz de emitir sonido alguno. Con otro gesto le desapareció los ojos, en su lugar quedaron dos cuencas vacías y sanguinolentas. La muchacha ya estaba perdida, y llena de mucha angustia.

En algún momento, una enfermera salió de la habitación de al lado, y vio entreabierta la puerta, enseguida llamó a todos, y Nayeli no apareció, la buscaron por todo el lugar sin ningún resultado. Nadie se atrevió a entrar en la habitación, de pronto la puerta se cerró por sí sola, y el gafete de la joven fue deslizado por debajo de la puerta.

A partir de esa noche, no hubo más gritos provenientes de la habitación, y se rumora que es porque el demoníaco espíritu, que habitaba en ella, ahora tenía quien lo cuidara. Este pertenecía a un hombre malvado, que murió allí tras una lenta agonía. Creando una historia típica de los cuentos de terror largos.

La fonda de Tete

La siguiente es una historia verdadera, que parece uno de los cuentos de terror largos. Es increíble como algo tomado de la vida misma puede darnos semejantes sustos. Había un restaurant, que en su momento pertenecía a una abuelita. Cuando falleció, se hizo cargo de la administración su hija. Al poco tiempo la mujer enfermó, cediéndole el trabajo a su hija Teresita, para continuar con el negocio familiar.

A pesar de todos los esfuerzos de la muchacha, el negocio comenzó a declinar, seguía todas las recomendaciones que le hacían, pero no lograba despegar con el negocio. Llegó al punto de solicitar dinero prestado para poder sacar a flote tanto el restaurante, como para resolver la enfermedad de su madre. Todo esto era un perfecto preámbulo para ser uno de los cuentos de terror largos.

Dependían económicamente del local, y la vivienda de la familia se encontraba en el mismo terreno. Si no lograba que el negocio diera ganancia lo perderían todo, en algún momento fueron muy famosos y les sobraba clientela. Cierto día mientras cerraba el local, no dejaba de pensar en que pronto vendrían a embargar. Efectivamente llegó el representante del banco, y en pocas palabras le dijo o paga o la embargo.

Muy triste, la muchacha estaba despidiendo al señor del banco, cuando escuchó que su madre venía al local. Muy nerviosa, para que ella no se llevara el disgusto de saber que las iban a embargar, tomó un rodillo del mostrador, y golpeó al hombre por detrás de la cabeza con todas sus fuerzas, haciéndole una enorme y fea herida.

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Rápidamente, arrastró al cuerpo por los pies, y lo oculto, pero no tuvo tiempo de limpiar la sangre. Eran un enorme charco que iba desde el centro del local, hasta detrás del mostrador. Cuando la madre entró, se impactó con el charco rojo, y la muchacha le dijo, como explicación, que se le había derramado una salsa de tomate. Que lo limpiaría luego, antes de que el piso se manchara.

Con esta explicación, logró que su madre regresara a la vivienda. Aún muy nerviosa, la muchacha estaba pensando qué hacer con el cadáver. Se fue a la vivienda y allí acostó a dormir a su madre. Cuando esta se durmió, la muchacha regresó al restaurante, donde cortó el cadáver en trozos y lo guardó en el congelador. Era mucho más fácil disponer del cuerpo en trozos. Limpió muy bien cualquier rastro de sangre y se fue a descansar.

Cuando fue a abrir en la mañana, estaba muy preocupada, pues no tenía dinero, ni siquiera para adquirir la carne para las comidas. Entonces muy resuelta decidió, que aquel desagradable hombre sería de utilidad, y preparó diferentes guisos con él. Los clientes regulares quedaron encantados, y corrieron la voz entre sus amigos. Esto hizo que el local nuevamente se llenará, la comida les parecía exquisita.

Todo siguió avanzando para mejorar, el banco se puso en contacto con ella, para informarle que su caso se había llevado de manera fraudulenta. Resulta que el hombre que la visitó tenía deudas de juego, y estaba presionando clientes para sacarles dinero. Asumían que estaba desaparecido, por no haber pagado las deudas de sus apuestas.

Dado que ya era seguro que nadie lo extrañaría, terminó de aprovecharlo en sus recetas, cuando ya no quedaba nada del cuerpo, consiguió uno nuevo.  Aprovechó a uno de sus clientes que no tenía familia, y así como anfitriona investigaba todo lo posible a cada cliente, para poder incluirlos en el menú, y más nunca pasó apuros de dinero. Este es un típico final de los cuentos de terror largos.

Tormenta eléctrica

Un ruido despertó a la niña, que se encontraba descansando en su dormitorio pequeño y de color rosa. El ruido no era constante, pero era lo suficientemente latoso para no dejarla dormir. Al espabilarse, pudo notar que había más ruidos, en todo el ambiente. Sonaba como que si estuvieran abriendo y cerrando las puertas, parecía que la casa se caía.

Los cristales de las ventanas vibraban, el cielo se iluminaba con relámpagos, y los fuertes truenos no dejaban que su progenitor escuchara sus llamados desesperados. Tenía tanto miedo, que no se podía mover de la cama, y eso que lo que más quería era correr al cuarto de sus padres. El miedo era mayor que la urgencia de la ayuda.

De pronto alguien, empujó la puerta, a pesar de la oscuridad, pudo ver como entraba una sombra de cabello largo. La sombra le hizo un gesto para que fuera hacia ella, la niña gritó aterrada, en eso la madre prendió la luz para que viera que se trataba de ella.

Como pasó un susto tan grande, se la llevaron a dormir con los padres. Estaban los tres tranquilamente descansando, pero la pobre niñita no lograba conciliar el sueño. Su mamá decidió ir a la cocina a prepararle un vaso de leche tibia, para ayudarla a dormir. No se imaginó que estaban viviendo uno de los cuentos de terror largos.

Se lo bebió, y al poco rato se durmió, entonces eran los padres los que se mantenían sin poder dormir. Ellos aprovecharon, que la hija se durmió, y se fueron a conversar y a tomar algo a la sala de la casa. El mismo ruido volvió a sacar a la pequeña de su sueño reparador, esta vez sin temor, pues le habían explicado que los ruidos provenían de la tormenta.

Se volteó e intentó seguir durmiendo, pero al mirar hacia el ventanal, pudo apreciar allí a una criatura sonriente no muy definida, no parecía humana, era muy negra, sin rostro, sin facciones, se veían brazos pero no manos con falanges. Era todo un personaje de los cuentos de terror largos.

Ella le preguntó qué hacía allí, pero la figura en lugar de contestar se movió hacia ella, entonces la vio mejor, no se parecía a ninguna persona de las que conocía, era reseca y casi sin cabello, solo tenía dos dientes. Sonreía sin control, sus ojos eran blancos y protuberantes, esto le dio algo de miedo a la niña. Antes de que pudiera gritar, aquella aparición, levita y la empujó contra la pared.

Su cabeza comenzó a crecer, ya estaba enorme, tan grande que podría comerla de un solo mordisco, justo en eso sus padres, llegaron pues sintieron todo el ruido del cuarto. El papá, al ver que aquella cosa, mordía a su hija, arremetió contra la criatura, metiendo las manos entre la boca liberó a la niña, y se quedó forcejeando con aquel ser, dando chance a que su familia se pusiera a salvo.

El padre, ya tenía un buen rato batallando con la aparición, sin lograr hacerle daño, parecía no sentir los golpes, y no lograba nada apretando su cuello. Es en ese momento que comenzó a arrancarle trozos. Primero tiró de los ojos, y luego arranco los brazos, con esto sí logró dañar a la criatura y esta escapó por la ventana, los brazos arrancados y los ojos lo siguieron. A partir de allí cada noche de tormenta permanecían juntos, por las dudas.

La primera noche de brujas

Era la primera noche de brujas de la niña Andrea, tan sólo tenía 5 años, estaba toda alborotada, la otra hija de sus padres, le contaba cosas muy divertidas y le decía que podía ser lo que quisiera. Podrían salir una vez estuviera oscuro, y la gente le daría un montón de dulces, tantos que le duraría por mucho tiempo. La niña no veía la hora, en que su mamá le terminara el disfraz de hada para salir al dulce o truco.

Por fin era la tan esperada noche de brujas, con su familia, salió a recorrer las aceras, tocando en las casas pidiendo dulces. Los disfraces de los niños mayores resultaban un poco aterradores, con lo cual estaba un poco asustada. Había monstruos, zombis, gente herida, vampiros y así muchos otros. Todos eran apariciones de pesadillas o películas de terror.

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A cada momento alguno de sus progenitores, le tenían que explicar que sólo eran disfraces, que muchos eran niños que ella conocía, con eso ella logró seguir su camino más tranquila. Ya en la primera cuadra su cesto estaba lleno de ricas golosinas, su mamá los trasvasaba a una bolsa y seguían recorriendo las casas.

Al arribar a su propia vivienda, la niña se metió en su cuarto, y se llenó de dulces su cama, eran tantos, y tan sabrosos, que no encontraba con cual iniciar. Comió muchos, estaba tan concentrada en comer los dulces, que no pudo notar una figura flotando fuera de su ventana. Dando inicio a una aterradora versión de los cuentos de terror largos.

Parecía una viejita, de largas ropas negras, ella era muy arrugada y reseca y con una fea nariz; tenía enormes cejas blancas, ojos velados y dientes podridos. En su rostro había muchas y muy grandes verrugas, pero eran poco visibles por el aliento verde que exhalaba.

Miraba a la pequeña desde la ventana, y se saboreaba con mucho deseo, relamía su boca con una lengua que parecía deshidratada, tocó la ventana con sus uñas que parecían garras, en eso la niña la miró y se sorprendió. La niña como era inocente, pensó que se trataba de un disfraz, y le dijo tu disfraz es muy feo, no creo que te dieran muchos dulces. A esto la figura respondió, tengo mejores que los tuyos si quieres intercambiamos.

La vieja le mostró a la niña una bolsa repleta de las golosinas favoritas de la infante, codiciosa Andrea la invitó a entrar, ubicadas una frente a la otra, la niña tomó de la bolsa de la vieja todo lo que le gustaba. Ahora era el turno de la anciana, cuando la niña le mostró sus dulces, la anciana rápidamente la sujeto contra el suelo y le metió una manzana acaramelada en la boca para que no pudiera gritar.

Le dijo a la niña, haremos el juego de mordisquear la manzana, tú la muerdes mientras yo mastico mi manjar preferido. Comenzó a morder a la pequeña, mordía y comía sin parar, mientras esto ocurría, la piel de la anciana rejuvenece, así hizo hasta que se comió hasta el último aliento de la niña.

La vitalidad de la niña no fue suficiente para rejuvenecerla por completo, así que fue en busca de otra inocente víctima, después de todo es su noche, la única del año en que son libres para celebrar y festejar. En esta noche nacen la mayor parte de las historias de los cuentos de terror largos.

El mono verde

Lucía y Joaquín, eran los progenitores de una hermosa bebita, que sólo contaba con unos pocos meses de edad. Llegaron a una casa por motivos de mudanza, apenas entraron a la vivienda, se pudieron dar cuenta que la niña no actuaba de forma habitual. Se quedaba mirando a un punto fijo, luego sonreía y seguía algo con la mirada, volteaba y señalaba. No prestaron mucha atención, pensaban que era normal. Este es el inicio de uno de los cuentos de terror largos.

Luego de algunos meses, ya la bebita había cumplido su primer añito, seguía haciendo lo mismo, miraba algo que nadie más veía, pero ahora no solo sonreía y señalaba, también jugaba con alguien. Siguió pasando el tiempo y la niña comenzó a hablar, ahora señalaba y decía allí está. Otras historias interesantes las podrás leer en mitos mayas.

Cuando ya podía comunicarse mejor, sus progenitores la interrogaron, sobre quién era el que estaba allí donde ella señalaba, a lo que la niña respondió el mono verde, ese fue un punto de quiebre, a partir de ese momento, comenzaron a pasar cosas extrañas. Rompían los cristales de las ventanas, los vasos, los platos, los enseres de cocina, espejos de baño, perfumes, cualquier cosa de papel.

De todas estas travesuras culpaban a la niña, ella en su defensa decía: el mono verde fue el que lo rompió, está muy molesto y trata que me culpen. Invariablemente la infante, era castigada enviándola a su cuarto. Aun así las cosas no dejaban de suceder, sábanas rotas, paredes arañadas, incluso un terrible día en que el dinero de la cartera del padre apareció hecho pedacitos. Este es uno de los más angustiosos cuentos de terror largos.

Todo parecía que había sido la niña, ella como siempre dijo que había sido el mono verde, pero como siempre no la creían, ella alegaba que estaba muy molesto porque ella no quería jugar con él, ya que solamente quería hacer cosas malas. A pesar de su angustia sincera, sus padres no le creyeron.

Como castigo, la encerraron en su dormitorio, pero esta vez se aseguraron, con una tranca, que no pudiera abrir la puerta para salir. La pequeña, gritaba con desesperación y mucha fuerza, suplicaba que abrieran y la sacaran de allí, nadie le hizo caso, pues estaba castigada.

Pasadas las horas, cuando amaneció, fueron por la niña, pero al quitar el cerrojo, para espanto de sus padres, cayó la niña muy herida a sus pies. Era tanto lo que arañó la puerta tratando de salir, que se arrancó las uñas y la carne, sus huesos se podían ver, en la puerta había surcos con sus uñas incrustadas. En la espalda había unas feas heridas, más de cien estaba casi desollada, era una terrible trama de los cuentos de terror largos.

Tras este suceso típico de los cuentos de terror largo, los progenitores corrieron con ella al hospital, por mucho que los médicos le pusieran tratamientos, pasaban los días y la niña no mejoraba. Cierto momento, la mamá fue a la vivienda por ropa limpia. Fue a la habitación de la niña, y encendió una veladora, a solicitud de la abuela, de rodillas en el medio del cuarto, justo cuando se iba a levantar, vio a través del humo un bulto en una esquina.

Sólo podía ver aquello a través del humo, sin él no veía nada. La mujer se levantó del suelo, con la veladora en la mano para tratar de agarrar a la extraña criatura. El ente al verse descubierto, saltó sobre la mujer, y le comenzó a desgarrar el rostro, en medio de la lucha, ella podía ver que el mono verde la atacaba sin piedad. De su cuerpo salían unas púas, que se metían en la piel y al salir la desgarraban.

Cada vez que arremetía contra ella, le dejaba los huesos a la vista, las púas hacían muy bien su trabajo de descarnar a la víctima. Al padre de la niña, le pareció que la mujer se estaba tardando mucho, así que fue a ver qué le ocurría. Cuando entró a la casa, y pasó por la habitación la encontró moribunda, con su último aliento le dijo: lo hizo el mono verde.

Al escuchar esto el padre, se dio cuenta que algo le estaba sujetando el pie. De pronto sintió una succión en la extremidad, se giró a ver, pero ya era demasiado tarde, el mono verde se lo estaba tragando. Cuando lo comió completo, al rato escupió por su enorme boca los huesos del hombre.

En ese instante la niña recobró la conciencia, y se volteó hacia su abuelita y le dijo: el mono verde se tragó a mi padre. Desde ese día la niña, pasa sus horas y días meciéndose, en casa de sus abuelos, repitiendo como una cantinela: el mono verde lo hizo. Este es uno de los tristes finales de los cuentos de terror largos.

12 uvas, 12 deseos

Para recibir el año nuevo hay cantidad de tradiciones y costumbres, esto varía según el país donde se esté.  En algunos lugares, entre las tradiciones, se tiene la de las doce uvas, se come una por cada campanada del reloj, y se pide un deseo por cada uva. Para muchos esto debe ser totalmente irrelevante, pero para otros es de suma importancia hacerlo, para  un año nuevo próspero y bueno. Lo que no se logran imaginar es que así comienza uno de los cuentos de terror largos.

Aquella víspera de año nuevo, Laura se encontraba sumamente ansiosa, pues era su primera celebración en la casa de los suegros. Había en la mesita bolsas de las que se utilizan para regalo, contenían vasitos con uvas, en cada vaso se podían contar doce, y una etiqueta, en los coloridos cordones de la bolsa, donde estaba escrito el nombre de su dueño, había una por cada uno de los invitados de la fiesta.

En la celebración familiar se divertían mucho, es más todos se esmeraban para que Laura se sintiera bienvenida, ella estaba feliz todo era mejor de lo que podía esperar. La celebración en su casa siempre terminaba de forma caótica, así todo esto para ella era nuevo, su familia política le daba amplias muestras de aprecio, de inmediato se sintió en ambiente.

Yendo hacia la cocina, en un instante de la noche, tropezó la mesita donde se encontraban las bolsas con los vasos llenos de uvas. Algunas bolsas se voltearon, y las uvas se cayeron de los vasitos, ella toda nerviosa, las devolvió a los envases, sin reparar en cuál debía estar en cada bolsa, ni cuantas colocaba.

Para ella todo era nuevo, así que no le dio importancia al incidente, según su criterio no se notaba el incidente. A todas estas, continuaron con la festividad, se divertían mucho, conversaban y reían. Al acercarse la media noche, una niña le entregó a cada quien la bolsita con su nombre, acto seguido todos vaciaban el contenido del vasito en una copa.

Cuando llegaba ya la media noche, teniendo ya todos con ellos las copas con las uvas, se dispusieron a cumplir la tradición de los deseos: con cada gong del reloj, se comían una uva, y con cada frutilla pedías se les concediera un deseo.

Laura, que no estaba acostumbrada a esto de las uvas, no había preparado nada con antelación. Es así que básicamente, pedía cualquier cosa que se le ocurría. Cosas materiales y de buenas marcas, como un perfume costoso, un carro nuevo, un abrigo caro, viajes, mucho amor. Además incluyó, que no conocieran a su familia, que sus suegros no pudieran estar sin ella, y que siempre pudiera estar con ellos.

Dio inicio el nuevo año, en el momento en que se retiraba de la vivienda de sus suegros, para dirigirse hacia su casa, la hermana de su novio, le derramó encima una copa de vino, y le manchó el abrigo. Por supuesto en retribución le dio el de ella que era hermoso y muy lujoso. Con esto comenzó su historia en los cuentos de terror largos.

Ya manejando para su casa, un chofer imprudente y un poco ebrio la chocó, el hombre se bajó de su carro muy nervioso, pues ya antes había tenido problemas por lo mismo. Para evitar que ella lo denunciara, y a él lo metieran preso, se ofreció a cambio de olvidar todo un auto nuevo. De esta forma, uno a uno sus deseos se fueron cumpliendo en muy corto tiempo, no había pasado ni siquiera una semana.

De la nada le salió la oportunidad de un viaje de vacaciones, el cual disfrutó mucho. Al regresar, su novio la esperaba muy ansioso por la separación, la complació en todo con mucho amor durante varios días. Llegó un momento que se sintió tan agobiada, él solamente quería que estuviera en su casa, sólo para él. No la dejaba ir alegando que sus suegros la adoraban no querían separarse de ella ni por un momento.

Ya se encontraba totalmente aburrida de la familia del novio, era demasiado, se metían en cada asunto de su vida, no la dejaban ni un momento a solas. El colmo fue, un día que se encontraba durmiendo, y se despertó sobresaltada, sentía que la miraban. Cuál es su desagradable sorpresa, al darse cuenta que en medio de la oscuridad, había unas sombras a las orillas de la cama, eran sus suegros.

Totalmente en pánico, les preguntó que hacían allí, pues resulta que estaban haciendo guardia, custodiando la cama, para velar por sus sueños. Decidió mantenerse lejos de ellos por un tiempo. Se fue a la vivienda de sus padres, y en su primera noche allí, escuchó un fuerte grito, rápidamente se dirigió hacia la cocina, pues de allí provenían los gritos.

Al entrar en la cocina, pudo ver a su progenitor cuan largo era en el suelo, revolcándose de dolor, apretaba su torso con los brazos. Su mamá se encontraba maniatada y amordazada en una esquina de la cocina. Acudió de inmediato a soltarla, pero no logró hacerlo, sin que lo notara dos figuras salieron del comedor, y saltando sobre ella, la inmovilizaron de alguna forma la hicieron perder el conocimiento.

En lo que despertó, se enteró de que sus progenitores habían sido asesinados. Lo hizo la familia de su novio, y además la secuestraron y la encerraron con ellos en una casucha en el bosque. Por su propia supervivencia les siguió el juego, simulaba que se encontraba muy contenta con su nueva familia, estaba a la expectativa, esperando el momento oportuno para escapar de aquella bizarra situación. Para leer otra narración de miedo sigue el siguiente enlace, el alicanto.

Unos pocos días después logró escapar, fue hasta la comisaría policial y puso la denuncia de todo lo que le había pasado en manos de su familia política. Cuando las autoridades llegaron al lugar de los hechos, con espanto encontraron los cadáveres de toda la familia. Todos ellos habían cometido suicidio. El en lugar encontraron una carta que decía: el dolor de su partida es insoportable, preferimos mil veces la muerte que vivir sin ella.

A partir de aquel momento, la pobre mujer no logró dormir tranquila, noche tras noche soñaba con la familia del novio acechándola. Cada noche revivía el horrible asesinato de su madre y padre. Lo peor era el terrible miedo por estar sola, pero eso no tenía solución ya que no había para ella más nadie en el mundo.

Cierto día, se dirigió al camposanto, a visitar la tumba de su padre y su madre, estaba bañada en llanto por la gran tragedia de su muerte, y lo mucho que los extrañaba. Se auto compadecía, no entendía que había hecho para merecer tanta desgracia. La tierra comenzó a moverse donde ella se encontraba. Ya no podía evitar formar parte de la historia de los cuentos de terror largos.

De pronto un rostro nebuloso se formó frente a la muchacha, de la tierra salía un extraño vapor. Ante su sorpresa el rostro del humo habló y le dijo: Todo esto te ocurrió porque así lo pediste, y aún te falta por cumplir tu último deseo, ¿lo recuerdas? Aquel rostro tenía unos ojos rojos brillantes al verlos la muchacha con voz temblorosas dijo: Siempre estar con ellos.

El rostro le mostró una macabra sonrisa, pero de pronto se abrió para dar paso a unos brazos, que sujetaron a la muchacha con firmeza y fuerza, eran los brazos de su suegra y su suegro, que venían por ella, para que estuvieran juntos para siempre, así fuera en la mismísima muerte.

El manuscrito de un loco, uno de los cuentos de terror largos más impactantes

Aún puedo acordarme, de los días en que me daba miedo comprobar que estoy loco; me sobresaltaba por las noches. Solía pedir a Dios que me librara de la condenación de mi familia. Justo en la generación anterior a la mía no se había visto rastro de la maldición, por eso temía por mi cordura. La locura formaba parte de mis genes, sabía que los que me señalaban decían que estaba predestinado a ser un loco.

De noche escuchaba voces que me recordaban, que el piso de la casa familiar, estaba teñido por la sangre de mi abuelo. El mismo se había herido por estar afectado por la locura. Finalmente ocurrió, me di cuenta que estaba loco, esto no me pareció algo para temer, no sé por qué antes me asustaba. Así me encaminé a mi propia versión de los cuentos de terror largos.

Más nadie sabía de mi locura, me las ingenié para engañarlos. Me causaba mucha gracia, pensar que mis amigos compartían conmigo, sin saber que el cuchillo que afilaba, solo deseaba hundirlo en el corazón. La vida era muy buena conmigo.

Heredé a mi familia, como era de esperarse, tenía una gran fortuna, me dediqué a disfrutar, mantenía mi gran oprobio muy oculto. Por supuesto las autoridades que me entregaron mi herencia, ni se imaginaban que estaban haciendo rico a un loco. La inteligencia del loco los superó a todos.

Al tener tantos bienes de fortuna, todos querían estar conmigo. Me adulaban, ante mí se rendían los más elevados. Estos encumbrados en ruinas me alababan y el más viejo, me presentó a su hija, y los más jóvenes me mostraban a la hermana. Eran cinco muy pobres. Cuando me casé con la muchacha, todos pusieron una sonrisa de triunfo, se habían conectado con una gran fortuna.

Por supuesto yo también reía, pero era de pensar que ni se imaginaban, que se habían emparentado con un enajenado mental. Pero yo también, a pesar de mi astucia, fui víctima de un engaño, aquella bella mujer hubiera preferido morir a casarse conmigo. Su corazón ya tenía dueño, ella fue forzada a sacrificarse, para beneficio de su padre y hermanos. De esta forma se adentran en la trama de los cuentos de terror largos.

Ya olvidé los detalles, pero sé que era bella. La veo por las noches en mi celda, donde va a visitarme tras salir fresca de su ataúd. La vi llorar por casi doce meses, al inicio no sabía por qué, pero al final lo descubrí. La bella no quería desposarse, amaba a otro hombre. En mi cerebro giraban ideas varias, eran los pensamientos de un loco. A ella no la odiaba, pero al hombre que amaba sí.

Por ella sentí pena, era una víctima de sus ambiciosos familiares. Era una mujer que no viviría mucho tiempo, yo sabía que cualquier descendiente que engendrara, tendrá una maldición dentro de sí, transmitirá la locura. Eso decidió todo, tenía que matarla antes de que esto ocurriera.

Pasé bastante tiempo elaborando el plan, quizás la envenenaría, o quizás la ahogara, también considere quemarla. La visión de la gran y lujosa casa incendiada, y mi mujer, la esposa del loco convertida en cenizas, me resultaba hermosa. También me resultaba atractiva, la visión de un hombre ahorcado, culpado por un crimen que no cometió. La locura me hacía muy inteligente, era divertido salirme con la mía estando loco.

Todas estas ideas las deje atrás, me decanté por un cuchillo. Era un gran placer sacarle filo, todos los días, me ocupaba en mantener un borde brillante y muy afilado. Con este gran filo, me imaginaba como sería la abertura que podría causar con un solo golpe. Como en muchos cuentos de terror largos, a mí una voz en mi mente me indicó que era la hora, y me pusieron el cuchillo en la mano.

Agarré el afilado cuchillo con firmeza, temblaba ante la emoción, de llevar a cabo lo que tanto había planificado, lograría engañar a todos, la mataría el loco. Me levanté de la cama, y me recliné sobre mi hermosa mujer, que se encontraba dormida. Su rostro no se veía por el cabello, se lo aparté, y me di cuenta que había estado llorando, aun se veía el rastro de las lágrimas en su rostro.

Eran unos hermosos rasgos, plácidos y serenos. Los miré, y en eso ella sonrió mientras dormía, e iluminó sus facciones. Le coloque, con toda la suavidad que pude, mi mano sobre su hombro. Esto la sobresaltó, no dormía profundamente como yo pensaba. Me incliné nuevamente hacia adelante y ella gritó y despertó.

Un solitario meneo de mi brazo y jamás tendría que volver a pronunciar un chillido o ruido. Pero me espanté y me eche para atrás. Su mirada estaba fija en mí. No sé por qué, pero me acobardaban y asustaban, por tanto gemí ante ellos. Se levantó, sin dejar de mirarme con fijeza. Yo temblaba, tenía la navaja en la mano, pero no podía moverme. Ella se dirigió hacia la puerta. Cuando estaba cerca, se dio la vuelta y apartó los ojos de mi rostro.

El hechizo se acabó. Salte hacia el frente y la agarre con fuerza. Gritando sin control, cayó al piso. La pude haber matado sin problemas, pero toda la casa se había despertado. Oí pasos en los escalones. Dejé la cuchilla en el cajón habitual, abrí la puerta y grité en voz alta pidiendo ayuda. Vinieron, la cogieron y la colocaron en la cama.

Persistió con el discernimiento disipado por algunas horas y cuando recobró la vitalidad, la vista y logró hablar, había degenerado la razón y estaba desvariando como una demente. Convocamos a diferentes galenos, hombres importantes que llegaron hasta mi casa en finos carruajes, con hermosos caballos y criados llamativos. Estuvieron junto a su lecho durante semanas.

Hicieron varias juntas médicas y consultaron unos con otros, hablando bajito y seriamente en otro cuarto. Hubo un médico, el más listo y con renombre, vino a conversar conmigo y me pidió que me preparara para lo peor. Me dijo que mi esposa estaba loca… ¡a mí, al loco! Permaneció cerca mío junto a una ventana abierta, mirándome directamente al rostro y dejando una mano sobre mi hombro.

Pensé, que haciendo un poco de fuerza, realmente poca, hubiera podido tirarlo por la ventana, caería en la calle. Me divertía sólo con pensarlo. Me detenía que debía guardar mi secreto, estaba en juego y dejé que se marchara. Unos días más tarde me dijeron que debía someterla a algunas limitaciones: debía proporcionarle alguien que la cuidara. Nuevamente los engañe, otra vez ganó el loco.

Mi esposa falleció en menos de veinticuatro horas. Mi suegro falleció detrás de ella, los otros familiares lloraron ligeramente, sin ningún verdadero dolor por la muchacha, a la que nunca trataron como un ser pensante. Todo aquello alimentaba mi alegría secreta, y reía oculto por el pañuelo blanco que tenía sobre el rostro mientras regresamos cabalgando a casa, hasta que las lágrimas brotaron de mis ojos.

A pesar de haber logrado lo que me propuse, y la había matado, estaba impaciente y trastornado, y cavilé que no pasaría mucho tiempo para que se enteraran de mi secreto. No podía ocultar la alegría y el regocijo salvaje: que hervían en mi interior y que cuando estaba a solas, en casa, me hacía dar saltos y batir palmas, dando vueltas y más vueltas en un baile frenético, y gritar en voz muy alta.

Cada vez que hacía vida social de algún tipo y miraba a la gente ocupada en sus cosas, que caminaba por la ciudad, o asistía al teatro y disfrutaba de los conciertos y contemplaba la danza de los demás, sentía tal gozo que me, habría precipitado entre ellos y les habría despedazado miembro a miembro. Pero apretaba los dientes, afirmaba los pies en el suelo y me clavaba las afilada uñas en las manos.

Puedo recordar, no obstante que es una de las pocas cosas que logro recordar, me pasa que la realidad se confunde con mis alucinaciones, y estoy muy ocupado, tanto que hacer, habiéndome traído siempre aquí tan apresuradamente, no me queda tiempo para separar entre los dos, por la extraña confusión en la que se hallan mezclados.

Otro recuerdo que viene a mí, es el momento en que por fin el secreto se supo. Las miradas de pánico de las personas aún me hacen gracia. La sensación que tuve cuando se apartaban de mi lado, mientras yo hundía mi puño cerrado en sus rostros blancos y luego escapaba como el viento, y les dejaba gritando atrás. Cuando pienso en ello me vuelve la fuerza de un gigante. Mirad cómo se curva esta barra de hierro con mis furiosos tirones.

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Lograría destrozarla como si fuera un palito, pero no es la única, detrás de ella hay muchas otras; no conozco el camino entre ellas, estaría perdido; y aunque lograra, sé que allá abajo hay puertas de hierro que están bien cerradas con barras. Saben que he sido un loco astuto, y están orgullosos de tenerme aquí para poder mostrarmelo. Me gusta ser un personaje de los cuentos de terror largos.

Percibamos, sí, me habían visto tal cual era. Ese día bien por la tarde, arribé a mi vivienda y allí estaba el más presuntuoso de los tres presuntuosos hermanos, quería verme. Me habló de que era un asunto urgente, lo recuerdo bien. Odiaba a ese hombre con todo el odio de un loco. Muchas veces mis dedos desearon despedazarlo. Me dijeron que estaba allí y subí rápidamente las escaleras.

Como era una visita importante, mande a los empleados domésticos que se fueran. Era de noche y procuré quedarme solo con el que era mi cuñado, jamás había ocurrido antes. Al principio aparté cuidadosamente mis ojos de él, pues era consciente de lo que él no podía ni siquiera pensar, y me glorificaba en ese conocimiento: que la luz de la locura brillaba en mis ojos como el fuego. Permanecimos unos minutos sentados en silencio.

Por fin, dijo a lo que había ido. Mi nuevo desenfreno, y unas acotaciones extrañas hechas poco después del fallecimiento de su hermana, resultaba una ofensa para el recuerdo de esta. Uniendo a ello otras muchas circunstancias que al principio habían escapado a su observación, había terminado por pensar que yo no la había tratado bien. Deseaba saber si tenía razón al decir esto.

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Me dijo que era una falta de respeto a la familia, y exigía una explicación en consideración al uniforme que llevaba. Había comprado un rango de la milicia, con mi dinero. Él fue el que: más había tramado para incidir y quedarse con mi riqueza. Él había sido el principal instrumento para obligar a su hermana a casarse conmigo, y bien sabía que el corazón de aquélla pertenecía al piadoso muchacho.

Me di la vuelta, y lo vi directo a los ojos, ese uniforme era su degradación, no le dije nada. Al sentir mi mirada, su actitud cambió repentinamente. A pesar de que era un valiente, su rostro se tornó muy pálido y retrocedió en su silla. Acerqué la mía a la suya; y mientras reía, pues entonces estaba muy alegre, vi como se estremecía. Sentí que la locura brotaba de mi interior. Sentí miedo de mí mismo.

Yo quise mucho a su hermana cuando aún vivía, le dije, mucho. Él miraba inquieto para todos lados, y me fije como agarraba el espaldar del sillón; pero ante aquella muestra de inquietud no comenté absolutamente nada. Es usted un villano, le dije. Le he descubierto. Descubrí sus infernales trampas contra mí; que el corazón de ella estaba puesto en otro cuando usted la obligó a casarse conmigo. Lo sé… lo sé.

Repentinamente le puso de pie, y se colocó a la defensiva, forzándome a ir hacia atrás, ya que mientras yo hablaba avanzaba para estar cada vez más cerca de él. Yo comencé a gritar, sentía como la locura se arremolinaba dentro de mí, y los viejos espíritus me susurraban y tentaban para que le sacara el corazón. Condenado sea, dije poniéndome en pie y lanzándome sobre él. Yo la maté. Estoy loco. Acabaré con usted.

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Me aparté para esquivar que me golpeara, en su espanto, me había tirado un sillón pequeño, y allí nos fuimos a las manos. Con mucho ruido, nos fuimos peleando al suelo y giramos en él. Fue una buena pelea, pues era un hombre alto y fuerte que luchaba por su vida, y yo un loco poderoso sediento de su destrucción. No había ninguna fuerza igual a la mía, y yo tenía la razón. ¡Sí, la razón, aunque fuera un loco de los cuentos de terror largo!

Ya casi lo había acabado, a horcajadas sobre él y con mis manos en su cuello, ya no podía respirar. En eso la puerta saltó con un estruendoso ruido, y una turba se precipitó por ella, gritándose unos a otros que cogieran al loco. Mi secreto había sido descubierto y ahora sólo luchaba por mi libertad. Me puse en pie antes de que me tocara una mano, me lancé entre los asaltantes y me abrí camino con mi fuerte brazo.

En lo que llegué a la calle, con toda la velocidad que pude, me di a la fuga, las personas se alejaban de mi enloquecida carrera. Podía escuchar que corrían tras de mí, así que aceleré. Se fue haciendo más débil en la distancia, hasta que por fin desapareció totalmente; pero yo seguía dando saltos entre los pantanos y riachuelos, por encima de cercas y de muros.

Profería unos aullidos bestiales, que sólo podían escuchar unos entes raros que de cualquier lado, se dirigían hacia mí. Estos seres aumentaban este ruido, para apoyar al loco. Este sonido hacía agujeros en el viento, yo iba llevado en los brazos de demonios que corrían sobre el viento, que traspasaba las orillas y los setos, y giraban y giraban a mi alrededor con un ruido y una velocidad que me hacía perder la cabeza.

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Finalmente algo me hizo caer al suelo, y no supe más de mí. Al recobrar la conciencia estaba en esta celda gris, solo recibiendo la visita de ella, que con su figura inmóvil sigue de pie en la esquina. Este es el final de uno de los más perturbadores cuentos de terror largos.

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