Conoce todo sobre el Dios Júpiter, principal deidad romana

Una vez que Grecia fuera invadida y saqueada por los romanos no solo fue dominada las ciudades sino que también se apropiaron de la cultura griega, haciendo una especie una mimesis (o copia) de sus deidades, una de ellas fue la de Zeus que en Roma se conocería en adelante como el Dios Júpiter.

Dios Júpiter

Conozcamos al dios Júpiter

Definitivamente la cultura romana es desde sus inicios, alrededor de los años 700 a. C., un ejemplo de expansión y de valentía por lo guerrera que fue, sobre todo alrededor de los años de la venida de Cristo e incluso después cuando las ideas religiosas de practicar el cristianismo se impusieron, antes de su caída en el 400 d. C., abarcando con su ideología todo el imperio y en consecuencia gran parte del mundo.

Los mitos romanos que se fueron construyendo y reconstruyendo con el pasar de los siglos nos hacen llegar a personajes como el que tomará nuestra atención en esta oportunidad: el Dios Júpiter, el soberano y supremo de los truenos, relámpagos y tempestades, a quien además se le atribuye la tarea de guiar a los hombres.

Sabemos que por intercambio cultural todos los dioses romanos tienen su origen o son equivalentes a un dios griego; Júpiter es Zeus quien en la mitología griega es hijo de Cronos, el dios del tiempo, y de Rea, la madre tierra, quienes en el mundo romano son Saturno y Ops.

Roma se fundó en el centro de lo que hoy es Italia rodeada de grandes monarquías, desde sus mitos fundacionales partimos ya desde una riña que se refiere al momento en que los gemelos Remo y Rómulo fundaron Roma, después de que Rómulo matará a Remo. Originalmente estos primeros pobladores creían que los espíritus de sus antepasados los observaban y por eso imprimieron características míticas en esas fuerzas misteriosas, acabando por convertirlas en sus dioses.

Los tres primeros dioses que reconocieron los romanos fueron Marte, el Dios de la guerra; Quirino, una personificación similar a un dios en honor a Rómulo; y el dios supremo Júpiter. El iría avanzando en esta triada llegando a ostentar el nombre de Júpiter Optimus Maximus hasta que llegó un punto en que los tres dioses principales de Roma eran él mismo. Por otra parte, su esposa era Juno, o Hera en Grecia, reina de los dioses y su hija Minerva, diosa de la sabiduría.

El dios Júpiter era la personificación de la luz, era quien daba la victoria y un gran protector durante la derrota, se le apellidaba como Júpiter el emperador, Júpiter el general supremo, el invicto, el triunfador, entre otros adjetivos rimbombantes que subrayaban su carácter de magnificencia.

En tiempos de guerra protegía al pueblo romano y en tiempos de paz propiciaba la prosperidad, su iconografía se reconoce por ser la imagen de un viejo que viste toga, tiene una larga barba blanca; está sentado en el trono supremo y tiene un cetro sobre el cual se encuentra un águila posada en la parte de arriba.

A cualquiera le podía caer un rayo de Júpiter por eso era tan respetado, seguido y temido por los hombres de su pueblo. Pero el dios a pesar de ese poder no iba a lanzar nunca un rayo sin haber advertido muy bien a la persona antes de la estocada final, dándole así oportunidad de corregirse, además, tampoco lo haría sin consentimiento de otros dioses.

En la huella de las civilizaciones griegas y romanas se resguarda una gran cantidad de información importante para el mundo, nada más y nada menos, recordemos que en Grecia vivieron los tres primeros filósofos que se vienen a la mente de cualquiera cuando pensamos en Filosofía: Sócrates, Platón y Aristóteles.

Por el surgimiento de destacados personajes como estos, que por cierto en Roma también tuvieron sus seguidores como es el caso de Plotino, se nos hace sumamente interesante e importante asomarnos al pensamiento de la antigüedad para ver que ideas avivaba el fuego del pensamiento y la creación en este tiempo y una de ella es sin duda, la religión.

Dios Júpiter

Orígenes de la palabra Júpiter

Los estudios lingüísticos revelan que la palabra Júpiter surge de la composición proto- indoeuropea dyēus- pəter- que tiene varios significados, pero principalmente Dios padre que gobierna el cielo, el día y también el que brilla o es muy brillante, por su asociación con el trueno o mismísimo sol.

De este mismo dyēus- pəter- provienen en el sánscrito y en el germánico (ambos idiomas antiguos que le dieron base al hindú y alemán) sus palabras para describir a sus dioses supremos como Dyaus o Dyaus Pita de las Vedas y Tiwaz respectivamente para cada caso, incluso en el griego es de esta raíz lingüística y gramatical de donde proviene el nombre y palabra: Zeus.

Como coinciden tantas culturas, incluidas también la Védica y la Nórdica, en asociar esta idea de que el dios del cielo es el dios supremo, no es nada raro inclinarse a pensar que precisamente esa era la idea originaria más popular en la cultura proto-indoeuropea.

Esto pone en evidencia también que el dios Júpiter no fue solo tomado del panteón griego como sí ocurrió con otros dioses. Es decir, lo aborígenes, de lo que vendría a ser hoy por hoy Europa, tenían una gran sensibilidad y cuidado por lo que observaban en el cielo y como los movimientos del sol y el clima intercedía en sus vidas, que a la larga se tiño en sus lenguajes una vez establecidos como civilizaciones.

Otro nombre por el que se le conoce al dios Júpiter y mucho más en la actualidad es por el dios Jove (o Lovi), así que si consigues una bibliografía por allí en donde te hable del dios Lovi o Jove recuerda que te está haciendo referencia al mismísimo Júpiter.

Funciones

El dios Júpiter se encarga de guiar y mantener el equilibrio entre los hombres, es el regente del cielo, también se ocupa de observar que sus compañeros dioses tanto hermano como hijos y otras deidades estén haciendo bien su trabajo en cada área especifica de interacción con los humanos. Además, una de sus tareas es la de gestionar las tormentas, rayos y truenos en la Tierra.

A nivel político también tenía grandes responsabilidades tanto en el panteón de los dioses como en el mismo seno de la vida humana puesto que era usado como una referencia para muchos fines políticos, fue llegado a llamarse Júpiter Optimus Maximus que se traduce en el mejor, el salvador, el grandioso y por ende, era parte de la forma de pensar y hacer discursos de los líderes.

Incluso se cuenta que había emperadores romanos que decían que soñaban lo que tenían que hacer y en esos sueños aparecía el dios Júpiter para decírselo, además, su relación directa con la justicia era innegable cuidando especialmente que se cumplieran los juramentos y tratados.

Incluso en caso de que algún romano quisiera hacer algún juramento lo ponía al nombre del dios Júpiter o Jove, con eso impregnaba de credibilidad y confianza que iba hacer lo que había dicho porque era en honor al supremo, sino este lo podía castigar.

Además de justicia interna se le atribuye ser gran defensor de los límites de Roma y sus relaciones internacionales, según sus segundos y terceros nombres podíamos encontrar a: un dios Júpiter Teminalus, que se ocupaba de defender la geografía de la nación; o a un dios Júpiter Víctor, que otorgaba la victoria en la guerra e incluso, ayudaba a llevar los botines de los diferentes lugares invadidos . Cada vez que una embarcación del ejercito llegaba victoriosa del campo de batalla debían asegurarse de pasar por el templo o capitolio del dios Júpiter.

Dios Júpiter

Como podemos ver la disciplina y respeto por este dios era mucha, los militares no dejaban de pasar a agradecerle a su supremo dios Júpiter antes que a cualquier otro; los políticos hasta soñaban con él y lo tenían como guía en sus decisiones más difíciles y la gente común juraba en su nombre. Realmente era una constante en la vida del romano, un dios salvador, un dios supremo, el dios Júpiter.

Júpiter en la religión romana

La cultura romana comparte con otras culturas muchos aspectos, como el que pasaron de tener muchos dioses a tener uno solo, es decir, las indoeuropeas, el tener esa fascinación por una religión que explicaba todo desde el por qué salía el sol por la mañana, hasta su ocaso y el paso que le dejaba a la luna.

Estos eran cultos o sociedades en donde los dioses protegían a todos sus integrantes y había un dios o diosa en particular para cada aspecto de la vida, como la fertilidad, el amor, el mar, la guerra y el cielo cuyo representante era el supremo, entre otros dioses.

Ya en el desenvolvimiento de la vida del imperio ocurrió, como hemos visto suceder en otras civilizaciones ya formadas, que el sistema religioso se unió tanto al político que se podría decir que hasta lo condicionó, porque los políticos romanos tomaban sus decisiones considerando lo que interpretaban o les llegaba de lo que decían los dioses. Eso ocurrió así tanto en la política con “p mayúscula”, es decir, la que aplica para todo el pueblo como en ámbitos muy personales.

Pero ese esquema de dependencia a las respuestas de los dioses llegaría hasta que Teodosio, en el año 380 d.C., impusiera el cristianismo como la religión oficial del imperio romano, en ese momento se dieron varios cambios puesto que la visión de la religión dejo de ser comunal y paso a ser individual.

Dios Júpiter

No se les conoce un texto en particular, su rituales y oraciones eran más vivenciales y mediante los cuales calmaban o evaden la ira de los dioses. Lo más parecido a un texto religioso pudo haber sido la Pax de los dioses también conocido como la Pax romana, tratado según el cual cumplían con el compromiso y el código de vivir en paz a puertas adentro del imperio.

La visión del romano en cuanto a la religión de los pueblos que iban conquistando, recordemos que fueron un imperio expansionista, era la de tolerar las representaciones de los otros, pero no adoptar más que unas cuantas figuras (caso especial es Grecia) para seguir siendo fiel a su panteón poligenista. Sin embargo, apenas observaban un nuevo simiente religioso en su dominio que pudiera debilitarlos, eran muy duros con ello.

Es el caso de la persecución a judíos y cristianos emprendida por Nerón, quien era tan violento que hasta mató a su propia madre. Los proto-cristianos y los judíos debían hacer sus rituales muy escondidos en barracas o huecos para que ni el emperador ni sus fuerzas los aniquilaran, lo curioso es que entre más crecían como culto, más peligro representaba para ellos pero continuaron creciendo hasta llegar a convertirse el cristianismo en la religión de Roma.

Así fue, los romanos fueron muy proteccionistas en cuanto a sus ideales religiosos politeístas la mayor parte de vida del imperio, hasta que un emperador cambió las reglas del juego y aunque esto no fue solo por ver que su pueblo se estaba inclinando a seguir a Jesús sino que también representaba una buena jugada política, de ese modo llego un cambio de rumbo en el que el dios Júpiter dejó de ser venerado en masas para pasar a serlo el paradigma cristiano.

Templo en Roma

Si bien es cierto que el imperio se transformó y con el tiempo también desapareció, de igual manera es cierto que los romanos fueron unos grandes constructores, arquitectos e ingenieros que desde templos a coliseos y hasta acueductos y termas no dejaron de sorprender en su tiempo. Incluso, todavía existen tuberías romanas funcionando ¿Cómo no admirarlos?

Es el caso del siguiente y oportuno ejemplo, aunque ya al dios Júpiter no se le venere en masa, ni reuniéndose para cultos ni hacer sacrificios, su templo sigue existiendo y se encuentra en la colina Capitolina, fue terminado alrededor  del año 509 a. C. y está compartido con su esposa la diosa reina de los dioses Juno y su hija Minerva.

Actualmente en el templo del dios Júpiter podemos encontrar una enorme escultura del dios salvador, que es de la época, y los nueve libros llamados sibilinos que contiene los oráculos de la nación que se consultaban solamente en épocas de guerra y crisis. Este templo es el más grande de Roma en su tiempo y era el destino final de las procesiones de los generales que ganaron las guerras con la ayuda del Júpiter Invictus, que es uno de los nombres por los que se le conoció.

El dios Júpiter Invictus, Víctor, Imperator y Triumphator todos son segundos nombres que se le agregan al dios para enaltecer todavía más y también son huellas de ese amor y agradecimiento que pueden verse en el templo. A las procesiones que venimos tratando se les llamó Triunfo hasta Roma y consistían en que al llegar al imperio, el ejército se dirige primero al templo para agradecer la victoria, los botines y dejar ofrendas.

La estructura de esta procesión iba de la siguiente manera: al frente el general, vestido con una túnica púrpura, un cetro en su mano derecha y montado en un carro de bronce tirado por caballos blancos; seguido por ciudadanos, prisioneros de guerra encadenados o atados, que venían a ser esclavos, y su ejército todos en masa detrás de este líder que al llegar al templo, hará un sacrificio que puede ser el de alguno de los prisioneros, le dejaba la mitad de su botín a Júpiter y le agradecía por la asistencia en la guerra.

Dios Júpiter

Pero así como encontramos a este dios Júpiter asociado a temas militares y de guerra, esto no significa que solo fuera un dios violento, en ambientes también de debate, pero más refinados como la asamblea o el Senado, las decisiones no se terminaban de tomar antes de tener su bendición y por eso fue reconocido también como el dios castigador de los entuertos.

Aunque también en la paz o la Pax romana estuvo muy presente porque a este dios era al que se le celebraban los principales juegos que se daban en Roma, los Ludi Romani de septiembre, su versión de las Olimpiadas. Eran observados, jugados, dirigidos y hechos en honor al dios salvador, al magnífico, al dios Júpiter Víctor.

El descenso del dios del trueno

Pero no todo fue color de rosa, el dios Júpiter, antes del establecimiento del cristianismo también enfrentó algunos reveses en los que su ideal se vio trasnochado por varios detractores, retos y desafíos. Así como en la historia encontramos a emperadores que lo enaltecieron hasta convertirse en sus  sacerdotes personales, como es el caso de Julio César, también encontramos otros que amedrentaron su culto como el ejemplo claro de Elagabalus.

Elagabal era un dios sirio que el emperador, de nombre similar, adoraba y quiso establecer su culto en Roma llegando hasta construir un templo para él y traer una piedra de Siria que lo representaba. Elagabalus empezó todo un movimiento alrededor de este símbolo que con el tiempo y la llegada de Alejandro Severo como nuevo emperador desapareció, ya que Severo siguiendo el llamado del pueblo romano restituyó el culto al dios Júpiter y devolvió la piedra a su lugar, es decir, a Siria.

En un  pequeño paréntesis y aprovechando que venimos tratando temas sobre otras naciones, es posible que también te interese leer sobre la mitología de la India, por eso te invitamos a conocer sobre los dioses del budismo.

Dios Júpiter

Entre otros quizá tan extravagantes como el emperador Calígula que afirmaba ser un dios viviente en representación de una tendencia que aumentada en los emperadores de auto-proclamarse dioses o creer que descendían de dioses como el dios Júpiter, caso de Galba. 

Sin embargo, se dieron casos como el emperador Augusto quien no quería ser reconocido como dios, pero la adoración al emperador como uno parecía ser cada vez más popular y pero al final la rechazó. Aunque otros emperadores a lo largo de la historia parece que disfrutaron la idea del culto a la personalidad.

Al considerarse a un emperador como dios las atenciones a los dioses y en especial al dios Júpiter, pasaron a según plano. En este orden de ideas, otro culto que se puso los guantes frente al del dios Júpiter fue el del Sol Invictus, un líder de soldados. Pero de este trance Júpiter es salvado por el emperador Diocleciano.

Otras acusaciones o señalamientos están incluso alejados del tiempo del imperio romano y son el caso de bien entrado el medioevo, en que filósofos y pastores del cristianismo como fueron San Agustín escribieron sobre el dios Júpiter, no solo para alegar que no había podido defender al pueblo romano sino que también había sido un adúltero y por lo tanto, un mal ejemplo a seguir.

Ahora que la historia ha pasado y ya el poderoso Júpiter es sobre todo parte de una mitología que leemos en los libros, junto a otros nombres como Venus, Marte, Saturno y que ahora son asociados a planetas que a dioses.

Sin embargo, no podemos dejar de recordar que esta fue una figura, quizás arquetipal si seguimos a Jung, que llenó de vigor a una gran población durante miles de años y que en victoria o en derrota, sirvió como ideal y como utopía para hacer que muchos guerreros siguieran avanzando.

Su legado

La mayoría de sus huellas en este mundo han quedado en el dialecto, esto claro si no consideramos el impulso que representó para el pueblo romano en su tiempo, frases que se utilizaban coloquialmente en senados y tribunales romanos, como es el caso de la frase “por Jove” que era uno de los nombres que se le atribuían.

Y adivinen de donde viene la palabra jovial, pues, no es más que una adaptación del antiguo Jove y, efectivamente, seguro tu vida cambiará por lo menos un poquito a sabiendas de que al catalogar a una persona alegre, divertida y entusiasta como jovial también en parte se le está diciendo que tiene algo de Júpiter, algo de fuerte y algo de guerrero. Ojalá las palabras tuvieran un solo significado, pero no, vivimos en un mundo polisémico.

Otro gran ejemplo del legado que nos dejó el dios Júpiter es que su nombre fuera utilizado para nombrar al quinto planeta del sistema solar, una vez la historia y los estudios de astronomía avanzaron tanto como para descubrir que formamos parte de un sistema de planetas. Tanto Júpiter como Venus, Martes y Saturno son planetas que recibieron nombres de deidades romanas, incluso la Luna y el Sol también son astros que recibieron sus nombres durante estos periodos.

Este es un fenómeno que seguimos viendo en la actualidad que parece ser un poco común en la comunidad científica, que es el de nombrar a sus descubrimientos naturales usando las referencias del pasado greco-romano. Júpiter ostenta ese nombre también por ser el cuerpo celeste más grande del sistema.

Y por si fuera poco, ¿saben de donde viene la palabra jueves, jeudi en francés o giovedi en italiano? Pues de esta influencia, si tienes un jueves jovial seguramente se lo debas agradecer al Júpiter o ¿Quizás a Júpiter?

Ya nos hemos referido a su par Zeus en la mitología griega, ambos son el dios de trueno y ambos descienden de fuerzas originarias que están incluso por encima de ellos, pero que no guían el destino de los hombres sino que lo dejan en manos de sus hijos los dioses. Pero, además de que uno pertenece a la mitología griega y el otro a la romana, ¿en qué se diferencian?

Una de las mayores diferencias que encontramos entre Zeus y Júpiter es la distancia o cercanía que tuvieron en relación con los humanos, Zeus bajaba constantemente del Olimpo y se mezclaba entre los hombres con distintos disfraces o adoptando nuevas formas.

En cambio Júpiter rara vez abandonó el cielo, él gobernó desde las alturas como el supremo, escuchó, cuidó, celó y protegió a la Tierra y a los humanos pero no interactuó con ellos más que para asuntos de guerra o para aprobar o desaprobar decisiones que eran interpretadas por los más sensibles o por los sibilos.

Otra diferencia significativa gira en torno a la visión del destino, que en el mundo greco-latino es una especie de dictamen que simplemente es, como vemos en ejemplos como el drama de Edipo. Pues por más ilógico que nos parezca el mismo Zeus estaba sometido a esas suertes que son a dónde nos lleva el destino mientras que Júpiter es superior incluso a esto, y no rige su vida ni las acciones que lleva a cabo con los humanos en su favor o en su contra.

Dios Júpiter

En cambio en cuanto a las similitudes tanto el dios griego Zeus como su par romano Júpiter, pues ambos tenían una relación incestuosa con sus hermanas al punto de estar casados y tenían con ellas hijos a los que amaban hasta el punto de ser sus fanáticos; de igual modo, eran los más poderosos de su mitología; tenían la habilidad de adoptar la forma o imagen de lo que quisieran ya fuera un animal, una persona u otro dios; entre otras coincidencias.

El padre del dios Júpiter

Referirnos a alguien como el padre de Dios es un poco confuso desde la perspectiva cristiana occidental, diríamos en su lugar que es el padre de Jesús y ese que es Dios es en principio el creador de donde surge todo; pero para los romanos no era así, porque había una especie de árbol genealógico de dioses en donde los encontramos a todos y entre ellos a Saturno o Cronos en el mito griego.

Dentro de la mitología romana se cuenta que Saturno dios representante de la agricultura y Ops diosa representante de la fertilidad (que por cierto en el mito griego era la madre del dios del tiempo), tuvieron varios hijos entre ellos al dios de rayo el dios Júpiter pero antes de llegar a él, Saturno se había comido a sus anteriores hijos porque había una profecía que decía que uno de ellos lo iba a destronar por eso cuando nació el dios del trueno, Ops lo escondió.

Saturno engulló en cambio una piedra cual si fuera un recién nacido dios y se quedó tranquilo creyendo que ya su labor estaba hecha, pero el destino era diferente, los hijos de Saturno se resguardaban en su barriga como si fuera una prisión viviente y no podían hacer nada para salir, eran prisioneros aunque ya habían crecido.

De escenas mitológicas tan impresionantes como estas tenemos cuadros excepcionales que se hicieron a lo largo de la historia, como es el caso del Saturno devorando a su hijo de Goya.

Saturno después de haberse comido la piedra empezó a presentar síntomas de una especie de indigestión que hizo que vomitara tanto la piedra como a sus otros hijos que se había comido anteriormente, luego de esto y con el agradecimiento de sus hermanos, Júpiter pasó a ser el dios de los dioses y a dominar el trono del mundo.

Esta sucesión de tronos se fue dando en repetidas ocasiones en la historia porque fue hasta el mismo Saturno quien destronó a su padre Caelus, Urano en el mito griego, en el principio de los tiempos, este que era un padre opresor fue derrocado del mandato del mundo por su hijo y luego a este otro le paso lo mismo con su hijo el dios Júpiter.

Venus y Júpiter dioses emparentados

¿Por qué San Agustín dijo eso? y ¿por qué señalar a Júpiter como adúltero? Pues sabemos que su esposa oficial era Juno con quien tuvo a Minerva pero la lista de lazos extraconyugales es larga, la contamos a continuación:

  • Con Maia tuvo a Mercurio, el dios del comercio.
  • Junto a Dione engendró a Venus la diosa del amor.
  • Con Ceres a Proserpina, la diosa de la primavera.
  • Enlazado con Diana tuvo un hijo y una hija, el dios del sol Apolo y Diana la diosa de la luna.
  • Con la mortal Selene tuvo a Baco el dios del vino. Se puede decir que esta fue una de las pocas veces que interactuó con los humanos, más allá de lo político o militar.

Estas son solo algunas de las relaciones fuera del matrimonio que mantuvo el dios Júpiter, sin embargo, podemos encontrar muchos otros enlazamientos con otras diosas e incluso humanas que ocurrieron en la mitología romana pero no destacaron tanto como los enlistados.

Dios Júpiter

Júpiter para niños

¿Cómo transmitir toda esa historia enérgica, jovial y de guerra a los niños? Pues con versiones para ellos podemos conseguir cuentos o películas, quizás como Hércules, que nos permitan hablar del tema de la mitología griega y romana con los más pequeños, sin embargo, pensando en este objetivo te traemos a continuación, una reinterpretación del mito de Júpiter, Juno e Io.

En una ocasión Júpiter estaba muy aburrido allá en el alto cielo y no encontraba qué hacer, pensaba en visitar a alguno de sus hermanos. Neptuno, a quien le dio el mandato del mar, o a Plutón, a quien le otorgó el inframundo, pero la verdad era que no quería adoptar la forma de un pulpo para llegar nadando hasta Neptuno y Plutón era un tipo demasiado lúgubre como para ir a verlo un domingo por la mañana.

Júpiter, como diríamos hoy en día estaba “rascándose la panza”, en plena Pax ya no encontraba qué hacer porque no había decisiones importantes que tomar, ya que los humanos estaban descansando y ningún otro dios le había dado razón de nada. Pensaba en buscar a Juno pero ella estaba ocupada susurrandole a los oídos de las casadas consejos para su matrimonio y entonces no podía compartir tiempo con Júpiter.

Uno de los pasatiempos que se le ocurrió fue que al ver un par de humanos que iban caminando por un campo puso su voz entre ellos, lo que por cierto hacía muy bien el dios, con la frase de “¡Óyeme estúpido!” Acto seguido los dos se vieron y antes de mediar palabras ya se estaban peleando, esto divirtió mucho al dios que riéndose en el cielo por haber cumplido su objetivo se entretuvo un buen rato.

Pero no conforme con eso Júpiter siguió observando al mundo y a Roma desde su trono hasta que encontró en un rió a una bella ninfa del agua llamada Io y para hacerla subir hasta los cielos hizo que se creara una densa capa de nubes en la cual ella pudiera estar mientras estaba en el cielo, pero esta variación del clima le llamó la atención a Juno y de inmediato se encaminó a ver que estaba pasando.

Dios Júpiter

Cuando Juno llegó vio a Júpiter de pie al lado de una linda y pequeña vaca y repitiendo que él no sabía cómo esa vaca había llegado hasta ahí. Juno no cayó, sabía que Júpiter había convertido a la ninfa en vaca y con un estrategia militar casi tan aguda como las de su esposo preguntó si se podía quedar con esa “bella” vaca. Júpiter no pudo negarse y Juno puso bajo vigilancia a la vaca.

Júpiter planeó una estrategia para salvar a Io, y menos mal porque bien podría no haberlo hecho, la que consistía que con ayuda de su hijo Apolo la iba devolver a su rió pero Apolo lo cumplió, quizá por distracción, hasta la mitad puesto que dejó a la vaca en el afluente de agua y no a la ninfa, es decir, no le devolvió su forma original.

Cuando Juno se dio cuenta de que la vaca no estaba envió a una mosca que pica en su contra y esta mosca persiguió a Io por todo el río hasta llegar a la entrada del mar, la vaca gritaba “Moo Moo” y siguió huyendo hasta cambiar de rumbo y llegar a Egipto en donde Juno apareció y la transformó nuevamente en ninfa, le dijo que se buscará un esposo y desapareció dejando a la pobre Io sola en aquel sitio triste para una ninfa de río.

Lo último que se sabe es que Io volvió nadando a Roma, pero no hay muchos detalles con respecto a cómo lo hizo, si te gustaron estas historias, cuentos y senderos te invitamos a que sigas leyéndonos en artículos como el del mensajero dios hermes.

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