Leyendas de Michoacán, populares, terror, amor y mucho más

Michoacán, es uno de los estados de México que aún conserva intacta su vinculación con su pasado ancestral, un elemento que se pone de manifiesto a través de sus expresiones, tradiciones y su amplia diversidad cultural. De allí se deriva la creación de varias historias y mitos que han pasado de generación en generación, recopilándose en Leyendas de Michoacán.

Leyendas de Michoacán

Leyendas de Michoacán

Las Leyendas de Michoacán, están constituidas por un compendio de historias, relatos, mitos y casos, originadas en dicha región mexicana y que hacen gala de la amplia gama de tradiciones, rituales, anécdotas y experiencias vividas por esa población, donde muchas de ellas hacen parte importante en la formación de las mismas regiones.

Gracias a la cuantiosa imaginación popular de los habitantes de Michoacán, es que han surgido estas historias o relatos, muchos de ellos de carácter fantástico, que forman parte de su cultura y sus tradiciones, viendo a través de estas leyendas de Michoacán, una manera de poder divulgarlas y darlas a conocer a otras localidades en el mundo.

El componente esencial del contenido de estas historias es su rica tradición cultural, la desprendida candidez de su gente, y especialmente, el realce de sus tradiciones ancestrales, manteniéndose vivas a través de su exposición. Y es que incluso, algunas de estas leyendas han sido parte de la historia del propio México, muchas de las cuales, han servido turísticamente para dar a conocer al país.

Leyendas Populares

Como ya se ha dicho anteriormente, el estado de Michoacán cuenta con una gran variedad de leyendas, más sin embargo, hay algunas que tienen un mayor arraigo popular que otras, debido a su contenido, ya sea verdadero o imaginario, solamente por identificarse con los pueblos.

Este elemento ha sido tomado en cuenta por los autores de estos relatos quienes dentro de sus historias, han sabido llegarle al lector, atrapando su atención, calando en sus gustos. Aquí presentamos algunas de esas historias. Otras historias mexicanas puedes revisar en el artículo Leyendas Mayas.

La Cañada de las Vírgenes

La Cañada de las Vírgenes, se encuentra geográficamente ubicada en una de las rinconeras de la sierra Madre Occidental. Allí, se puede contemplar como un jubiloso chorro de agua penetraba al vacío, va quebrando las piedras a una gran altura.

El agua cae a un embalse transparente con un fondo de color verdoso, contentivo de unos vistosos y peculiares amarillentos peces. El paso hacia esa zona se dificultaba debido a lo estrecho de los pliegues de la sierra, razón por la cual, casi nadie podía beneficiarse de esa agua fresca de montaña.

A pesar de esos, algunos más osados como el caso de los pobladores de Uruapan, emprendían expediciones con la finalidad de acercarse a la famosa cascada, pero eran pocos lo que continuaban la travesía, llevados por el temor que les acarreaba una historia emanada de aquel hermoso y místico lugar.

Según los relatos de los pueblerinos, a un lado del hermoso embalse, permanecían las evidencias que acreditaban la veracidad de la historia que se registra sobre aquel sitio. Se trata de la existencia de tres piedras, dos de ellas colocadas en posición que hacían la forma de una especie de cama, y la tercera, ostentaba una forma geométrica triangular y puntiaguda, a uno de los costados.

Cuentan que la leyenda que se tejió en la región, data de la época prehispánica, y que era en ese lugar donde los habitantes se reunían para celebrar rituales y ceremonias de sacrificios, que no les eran permitidos realizar en el propio Michoacán, restringidos de acuerdo a los estatutos de la ley de los tarascos.

Muchos de los sacrificios eran de muchachas vírgenes que eran ofrecidas a los dioses según las tradiciones de los cultos de la época, por lo que comenzó a señalarse que los espíritus de dichas doncellas sacrificadas, se habrían quedado atrapadas entre los muros y las cavernas de aquella cañada.

De igual manera, comenzó a correrse el rumor de que todo hombre que se bañaba en las cristalinas aguas, terminaba ahogado, pues presuntamente, las vírgenes que estaban atrapadas en el lugar, los jalaban de los pies hasta ahogarlos.

Uno de los hechos más significativos que ocurrieron en la cañada, fue el de la historia de Carlos de Labastida, un funcionario del gobierno de Borbónica que llegó a la región de Uruapan – Michoacán a comienzos del año 1795.

Se dice que se encontraba en la zona con la intención de inspeccionar unos terrenos donde al parecer se estaba sembrando tabaco, una práctica que para aquellos tiempos era considerada como ilegal según lo que dictaban las leyes españolas. Fue así entonces que Labastida realizó su expedición, recorriendo la esplendorosa montaña, avistando el lugar donde estaba la Cañada de las Vírgenes.

El ambiente de la temporada y el fresco clima que emanaba del embalse, motivaron a Don Carlos a meterse en las cristalinas aguas, al igual que nació el deseo en todo el grupo que lo acompañaba, incluyendo a su hijo Ignacio.

Mientras los Labastidas se bañaban en el embalse, de repente comenzaron a hundirse, sintiendo que el agua los iba jalando con una gran fuerza empleada por numerosas manos, que hacían que el agua los tapara por completo. En ese momento, ocurrió algo para ellos verdaderamente sorprendente, vieron la figura bajo el agua de unas hermosas doncellas que los besaban y acariciaban.

Según el relato, eran alrededor de unas 30 jóvenes vírgenes, que los mantenían vivos en lo profundo del estanque, atrayendolos con su aliento mágico. Las almas solitarias de estas féminas se encontraban ardorosas y dispuestas a satisfacer el apetito de sus cuerpos ya mutilados debido al sacrificio y por ende, sin corazón.

Sin embargo, las vírgenes no podían hacer nada con ellos vivos, por lo que les hicieron una propuesta a padre e hijo de cambiar la vida del resto de los integrantes de la expedición que eran tres hombres, por la de ellos dos.

Para poder cumplir con la parte del pacto, los Labastidas tendrían que sacarle el corazón a cada uno, utilizando para ello tres rocas que se encontraban en la superficie de la Cañada, pues los hombres deberían ya estar sin corazón en el fondo del embalse.

Días después de los ocurrido, Don Carlos decide dejar la ciudad de Uruapan, sin decirle nada, ni siquiera despedirse de nadie, trasladándose hasta la población de Valladolid. Luego, volvió a la capital, la ciudad de México, donde entregó su renuncia ante las autoridades del gobierno a quien prestaba sus servicios, excusándose con que estaba presentando algunos problemas de salud.

Leyendas de Michoacán

De la ciudad de México se fue luego a Veracruz, específicamente a la localidad de Coruña, que era su pueblo natal, donde aún residía su familia y poseía algunos bienes y otras riquezas. Cuentan que tanto él como su hijo Ignacio ingresaron a un monasterio de la región.

Muchos años más tarde, luego de aquellos hechos, el agua de la Cañada de las vírgenes continuaba siendo espléndida y los alrededores del embalse ostentaban una abundante vegetación, aunque se podía percibir que algo había cambiado desde entonces.

Un día, un campesino que pasaba por el lugar, cayó de manera accidental dentro del embalse, pero logró salvarse de morir ahogado, pues se agarró de una cuerda, salvándose de que alguien lo jalara de los pies. Aquel hecho fue considerado por los habitantes como un verdadero milagro.

En agradecimiento de que no le ocurrió nada, el hombre llevó hasta el embalse a un sacerdote para que bendijera las aguas de la cascada, y que con ello se dejará atrás la leyenda. El Padre bendijo las aguas pero además ordenó que se lanzaran las tres piedras al fondo del embalse.

Sin embargo y pese a los esfuerzos de los habitantes, la leyenda volvió a tomar vida luego de que se consiguiera en el sitio los restos de un hombre colgado de un árbol. Era el cuerpo de Ignacio Labastida, que habría vuelto al sitio para pagar por sus culpas.

La Dama de la Cascada

La Dama de la Cascada, es una de las leyendas de Michoacán que tiene lugar en la población de Tepuxtepec, específicamente referida a la Cascada de El Salto en Contepec. La historia describe a un grupo de jóvenes que fueron al lugar animados para nadar.

Ya sobre aquel místico lugar existía una misteriosa historia, la cual fue desestimada por los jóvenes que aunque la conocían, decidieron no darle importancia. Los jóvenes se metieron al agua a altas horas de la noche, iluminados tan solo por el resplandor de una hermosa puesta de luna llena.

Cuentan que se encontraban disfrutando de lo más placentero, cuando de repente lograron observar a una mujer algo acicalada, llevando una túnica blanca con vestimenta. Según la descripción de aquella mujer, esta era muy bella y con una extensa cabellera de color negro, cuyo largo le bajaba a más de la cintura.

Tenía una piel extremadamente blanca en igualdad de condiciones que el color de su túnica. Esta mujer llamó mucho a la atención de los jóvenes, pues se encontraba deambulando por la orilla del río, caminando sobre el agua como si estuviese flotando sobre las aguas.

Leyendas de Michoacán

Otro de los datos que aportaron, es que iba sollozando como si sintiera un dolor muy grande. Al percatarse bien de su presencia, el grupo de jóvenes observó como aquella mujer se dirigía hacia donde ellos estaban. Lo primero que pasó por sus mentes, es que la dama iba nadar con ellos y así podrían ver más de cerca su hermoso cuerpo.

Sin embargo, a cada paso que la mujer se acercaba a ellos, comenzaron a sentir un escalofrío pavoroso, y los pelos se les ponían de puntillas. Además de la extraña sensación, también se comenzó a escuchar un horrible chillido fantasmal que venía de aquella mujer vestida de blanco. De inmediato, todos se salieron corriendo del agua y se fueron del lugar hasta sin ropa procurando escapar de aquel espectro.

Al día siguiente, todos los jóvenes se enfermaron, pues no les pasaba alimento ni bebida al estómago y tampoco podían conciliar el sueño. Y cuando al fin lograban quedarse dormidos, entonces tenían unas terribles pesadillas. La madre de uno de estos jóvenes, llevada por la angustiada que le causaba el ver a su hijo tan atormentado y asustado, decidió visitar a una curandera del pueblo.

Lo mismo hizo el resto de las madres, quienes reunieron a todos los jóvenes para que la curandera les realizará una “limpia”, utilizando algunas hierbas especiales y otros elementos de magia y hechicería. Este remedio les dio resultado y todos fueron curados. Más nunca volvieron a aquella cascada en la que se les había aparecido La Dama de la Cascada y que pasó a ser parte de las leyendas de Michoacán.

La Llorona

La historia de La Llorona, es una de las leyendas de Michoacán más conocidas en todo México y en otras regiones del mundo con ciertas variaciones según sea la zona. Se trata del relato de una mujer que andaba vagando por las calles a altas horas de la noche, en la búsqueda perenne de sus hijos, los mismos a quien ella quitó la vida, una noche que perdió la razón.

Cuentan que también ha sido vista en las lagunas y los ríos, de igual manera a altas horas de la noche, llevando un traje largo de color blanco, con una figura esbelta. Otros testigos de su presencia señalan que apenas se puede su silueta desdibujada en el horizonte y como si estuviese flotando por el aire.

Sin embargo, todas las versiones concuerdan en que va emitiendo una exclamación con un tono algo terrorífico y alargado, como una especie de alarido diciendo: “¡Ay, mis hijos!, ¿dónde están mis hijos?”. Este relato cuenta con diversas interpretaciones, pero la historia que toma mayor fuerza en cuanto al origen es la de la existencia de una mujer indígena en los tiempos de la colonia española, que se volvió la amante de un noble español.

Como estaba obsesionada con aquel hombre, la mujer le pidió formalizar la relación, a lo cual el noble se rehusó alegando que él era un hombre de sociedad, con dinero y poder y ella una simple india. Esto desencadenó la desgracia que hoy es el contenido de esta leyenda, pues ciega de dolor, perdió la razón y se fue esa noche a su casa donde dormían sus pequeños hijos.

Cuenta el relato que tomó un puñal y luego los despertó para que la acompañaran hasta un río cercano. Eran una hembra y un varón a los cuales apuñaló varias veces hasta dejarlos sin vida. Tarde reaccionó ante el horrible crimen que había cometido, por lo que salió corriendo desesperada por las adyacencias del río. Se dice que en castigo, su alma está en pena y desde ese momento comenzó a emitir ese espantoso grito que la hizo tristemente famosa.

Leyendas de Michoacán

El Hospital Fantasma de Morelia

El relato del Hospital Fantasma de Morelia, es una de las leyendas de Michoacán originales, razón por la cual se ha convertido también en una de las más populares. Cabe destacar que este hospital se encuentra en la ciudad de Morelia, y aún se está operativo. La narración cuenta que en lo profundo de sus salas y corredores, al igual que en sus numerosas habitaciones, habitan espectros y fantasmas, al igual que se perciben presencias sobrenaturales.

Una de las personas que relató haber sido testigo de la manifestación de estos espectros, es el guardia de seguridad del edificio, quien ha presenciado la ocurrencia de cosas insólitas dentro del hospital, en horas donde no hay nadie circulando por el interior del hospital. En el quirófano del hospital, se dice que se puede ver la silueta de un hombre todas las noches, que puede atravesar las paredes como un fantasma.

De igual manera, hay ocasiones donde se escuchan alaridos de dolor, de los cuales se ha dicho que provienen de un enfermo que murió en las instalaciones del hospital y que cuya alma aún no ha conseguido tener el reposo eterno. Con frecuencia se suele escuchar un rechinar de las puertas en la sala de la morgue del hospital, como si alguien la estuviese abriendo o cerrando, además de varios ruidos extraños, como de vidrios que se caen al suelo y se parten.

Igualmente, se percibe una sensación espantosa al pasar por dicho lugar, como si alguien observara a la persona que transita todo el tiempo.En el octavo piso del hospital, se encuentra la sala de cuidados intensivos donde varios testigos han señalado que por las noches se aparece una mujer deambulando por los corredores, llevando puesta una bata blanca de hospital, y que a su paso, va dejando manchas de sangre en el piso y también en las paredes, las cuales atraviesa cual fantasma. Luego de un tiempo, las manchas se desvanecen.

El vigilante indicó que en referencia con el caso de la extraña mujer del octavo piso, se trató de una paciente a la cual le habían realizado una operación de trasplante de riñón, pero la intervención tuvo complicaciones y el órgano no le fue compatible. Los médicos le informaron que tenía pocas probabilidades de vivir y esta decidió entonces quitarse la vida, lanzándose desde una ventana en el octavo piso.

El Tesoro de la Catedral de Morelia

De las leyendas de Michoacán, el Tesoro de la Catedral de Morelia, es una de las narraciones que toma como escenario a la tradicional ciudad de Morelia, que en los tiempos ancestrales era conocida con el nombre de Valladolid.

Cuenta la tradición que en una de las pendientes de la loma de Santa María, se encontraba la entrada de un túnel, cuya trayectoria cruzaba toda la ciudad. Sin embargo, él mismo estaba obstruido con unas rocas inmensas. En aquellos tiempos no se permitían la construcción de ninguna edificación en esos espacios, pues eran terrenos pertenecientes al ayuntamiento.

A pesar de esto, los vecinos que habitaban las adyacencias del túnel, aseguraban que de allí provenían gritos de terror. Esta anécdota está vinculada al hecho de que hace muchos años, una banda de delincuentes planificaron la ejecución de un robo en las instalaciones de la Catedral de Morelia, específicamente en una de las habitaciones especiales donde se hallaban grandes riquezas y un sustancioso tesoro.

En dicho recinto se atesoraban grandes riquezas, mucho dinero, así como joyas, gemas y otras piedras preciosas. Todo ese tesoro se había logrado acumular gracias a las donaciones que hacían los feligreses y las familias adineradas de la ciudad que asistían a la santa eucaristía.

Dentro de su planificación, los ladrones habían determinado que ingresarían a la catedral entrando por el túnel de Santa María, cuyo trayecto llegaba hasta el cuarto especial donde se encontraba el tesoro. Así lo hicieron, y al llegar al lugar, comenzaron a excavar en el piso del cuarto de los tesoros en su búsqueda.

Al darles resultado, los ladrones volvieron a robar la Catedral en tres oportunidades más, sin que nadie se percatara siquiera del tesoro faltante. Un día, el obispo encargado de la catedral, mandó a buscar una pieza que necesitaba y que hacía parte del cuantioso tesoro.

Dicha pieza había desaparecido, percatándose en ese momento de la falta de otras más, por lo que dio parte a un grupo de religiosos que enseguida comenzaron a revisar el inventario, verificando la ausencia de muchas cosas que debían estar allí. En ese momento se enteraron también de que la ocurrencia de los robos venía pasando en los últimos años.

A pesar de que se hicieron las investigaciones pertinentes por parte de las autoridades, más pudieron capturar a nadie. Tampoco contaban con explicación alguna de cómo se había perpetrado el robo y de la entrada de los ladrones al recinto donde estaba resguardado el tesoro, por lo que los bautizaron como “robos enigmáticos”.

Los ladrones continuaron con la ola de robos en la catedral, repitiendo su hazaña un par de veces más, luego de que se habían comenzado la búsqueda de estos sujetos. En una de las ocasiones cargaron con un jugoso botín contentivo de dinero y un cofre lleno de monedas de oro. Estos hechos estaban atemorizando a los habitantes de la ciudad, quienes ya le acreditaban estas acciones al mismísimo Diablo.

Pero, dicen que hubo una noche, en la que uno de los sacerdotes entró en la habitación de los tesoros y se encontró con tres hombres que ya estaban cargando con el oro, metiéndolos en unas bolsas. En ese momento, el padre alertó al resto de los sacerdotes que se encontraban en el recinto, y junto al personal que trabajaba en la Catedral, comenzaron a cercar a los sujetos que intentaron escapar utilizando el túnel.

El grupo de religiosos y los criados también se adentraron por el túnel, para seguir y capturar a los ladrones. Todos corrían rápidamente a través del túnel, cuando de repente se sintió un temblor que originó un derrumbe, quedando atrapados los religiosos.

Al sitio se acercaron las autoridades policiales junto a un grupo de soldados preparados para el rescate, pero estos se dieron cuenta de que el túnel se había dividido en dos partes luego del derrumbe. Una de las direcciones daba hacia el oriente y arribaba al sótano de un mesón, y la otra daba a la entrada de la loma de Santa María.

Pero en ningún lado se encontraron a los ladrones, quienes al parecer, se habían desvanecido de forma misteriosa. Los robos en la catedral mermaron y jamás se volvió a saber de los malhechores. Tiempo después, comenzaron a aparecer por toda la ciudad de Valladolid y otras regiones de Michoacán, varias monedas de oro y plata, pasando a conformarse en parte de las leyendas de Michoacán.

Leyendas de Michoacán

Leyendas Históricas

Como ya hemos dicho con anterioridad, las leyendas de Michoacán están estrechamente vinculadas a su herencia ancestral, cargadas de cultura y tradición, razón por la cual una de las categorías que las componen son los relatos históricos.

Ya que sus contenidos tienen una gran carga de pasado histórico, además de un importante componente indígena que describe perfectamente a esta región mexicana, se han logrado describir y el registro de estas leyendas de Michoacán con una rica fuente histórica, muchas de las cuales forman parte de las vivencias de los pobladores.

El Cerro de Mariana

Esta es una de las leyendas de Michoacán situada en la naturaleza de la región, específicamente en el Cerro de Mariana. Su ubicación se encuentra geográficamente al Sur del estado de Michoacán, entre las localidades de Carácuaro y Nocupétaro. Cuentan que en los tiempos remotos, el Rey de los Nahuatlacas y los Chichimecas, vivía en el Valle de Nocupétaro, hace ya bastante tiempo atrás.

El nombre de este soberano era Campincherán, quien vivía en una gigantesca construcción, rodeado de riquezas. Cuentan además que el carácter de este personaje era aterrador. Campincherán, tenía una hija llamada Maril, con la cual era muy celoso, ya que era su única descendiente.

La leyenda reza que la joven era de una apariencia muy hermosa, y que su belleza se hacía notar aún más, gracias a su preciosa y extensa cabellera, la cual le llegaba hasta los tobillos. Relata la historia que un día, el rey tuvo que asistir a una importante reunión con el grupo de mexicas y aztecas, pero que tenía miedo de dejar sola a su hija, por todo el tiempo que tuviese que ausentarse.

Pero tampoco se arriesgaba a llevarla consigo a la reunión, para que ninguno de los asistentes la miraran y mucho menos buscar pretenderla. Si alguno se atreviera a conquistarla, esto representaría una verdadera pesadilla para el padre, quien consideraba que ninguno era digno de ella.

Dicen que al quedarse sin opciones, no encontró otra solución que acudir a su amigo el Satán (que significa demonio inferior), para que le ayuda en este caso, como ya había ocurrido en el pasado. Satán accedió al pedido de su amigo, que consistía en proteger y atender a su hija Maril, mientras que el padre cumplía con sus compromisos en la celebración de la reunión.

El rey se marchó confiado en que sus preciadas posesiones incluyendo a su hija, estarían resguardadas en las manos del satánico espíritu. Cual el rey emprendió su camino, la hermosa joven le rogó al demonio Satán que se casara con ella, alegando que debido a los celos de su padre, jamás había tenido un novio, y ni siquiera algún amigo.

Leyendas de Michoacán

La princesa le dijo que se sentía muy enamorada de él y terminó implorándole que le solicitara el permiso debido a sus superiores para poder casarse. El Diablo comenzó a apilar piedras y lodo para cercar con ello las propiedades que el rey le había encargado cuidar y proteger.

Luego, colocó a la princesa arriba de la montaña y le pidió que no se moviera de allí y que lo esperara a que volviera de donde sus superiores. Cuando el Diablo le expuso el caso a su superior, recibió una fuerte tunda, ya que nunca lo iban a autorizar para que tuviese por suegro a un ser tan envidioso como lo era Campincherán.

Además de los golpes, fue encerrado y puesto bajo vigilancia para impedir que se escapara y cometiera lo que ellos consideraban una locura. Por esta razón, el Satán jamás volvió al lado de su princesa. Las piedras y el lodo se transformaron en lo que hoy en día es el Cerro de Mariana.

La joven aún se encuentra recostada y a la espera de su único amor para casarse, convirtiéndose en la vegetación verdosa dispuesta en el cerro. En cuanto al destino del padre de la joven, se dice que terminó enloqueciendo por la desaparición de su hija, convirtiéndose en un fuerte vendaval, que anda por todo el Cerro, en busca de su hija.

La Milagrosa Pila de San Miguel

En el estado de Michoacán, existe una preciosa localidad ancestral llamada Pátzcuaro, una importante zona que ostenta el señorío del imperio uacúsecha o purépecha, conocido también como Tarasco, que hizo parte del México precolombino.

Es un pueblo asombroso, fundado en el año 1300, por Curatame, el hijo mayor de Tariácuri, que a su vez fue quien la convirtió en un centro religioso, durante el Período Posclásico. En los tiempos de la colonia española, este noble señorío, fue habitado por Cristóbal de Olid y gobernado por Nuño Beltrán de Guzmán, tiempo más adelante.

En dicha población se originó una de las leyendas de Michoacán contentiva de un relato histórico. Tiene lugar específicamente en la casona llamada “La Casa de los Once Patios”, la cual estaba ubicada al final de la Calle de Navarrete.

Cuentan que en ese mismo sitio se hallaba una fuente de la época colonial, cuya estructura era muy hermosa, y cuya edificación fue ordenada por parte de Don Vasco de Quiroga, quien fue el primer obispo del estado de Michoacán.

Cuentan que los sacerdotes ancestrales de purépecha, iban a la fuente para lavar sus collarines hechos con caracoles, para quitarle con el agua que emanaba de esta, la sangre originada de los sacrificios que practicaban en secreto. Con el tiempo, el agua de esta fuente se fue tornando con un sabor salino.

La estructura de la fuente, cuenta con una especie de cavidad en la parte de arriba, que forma parte de su ornato, un elemento que la engalana. Muchas de las mujeres indígenas llegaban a la fuente para cargar agua y utilizarla en sus actividades diarias.

A pesar de ser muy concurrida, se comenzó de repente a correr un rumor de que aquella fuente estaba tomada por el Diablo, noticia que terminó por espantar a los pobladores de la ciudad que visitaban constantemente la fuente.

Ante tales hechos, Don Vasco de Quiroga, a quien los indígenas llamaban “Tata Vasco”, le encargó la tarea a un pintor indígena, de que dibujara la figura del Arcángel San Miguel en la hornacina de la fuente.

Luego de tan sabia decisión, el Diablo jamás se volvió a presentar por la fuente, pasando a ser conocida como la Pila de San Miguel. De igual manera, se comenzó a divulgar que el agua de esta fuente es milagrosa, y que contiene propiedades curativas que ayudan a sanar todo tipo de enfermedades.

El Lago de Pátzcuaro

De las leyendas de Michoacán históricas, llega esta titulada El Lago de Pátzcuaro, específicamente donde hoy en día se encuentra ubicado su lago, que servía como hábitat para los primeros pobladores de esa localidad, campesinos que trabajaban las tierras fértiles, cultivando los alimentos.

Relata la leyenda que todos en esa región eran muy felices viviendo allí, un hermoso bosque que se adornada con la puesta de un cristalino riachuelos, el cual utilizaban para surtirse con agua y regar los campos y sus siembras, además de otras actividades diarias, como el aseo habitual, la preparación de los alimentos entre otros.

Los agricultores tenían como tradición pedirles a sus ancestros y otros dioses, para que les fuera bien en sus cosechas, y también le manifestaban un respeto a sus gobernantes, que para aquellos tiempos se mostraban humanitarios y justos.

Todo marchaba bien en la región, hasta que llegó un funesto día, donde de repente la tierra comenzó a calentarse, los campos se tornaron el llamas y los ríos se secaron, la sed y la deshidratación se apoderaba de los habitantes, provocando que los pobladores huyeran del lugar junto con sus animales, para evitar morir por la acción radical del calor.

La situación hacía que las personas fueran presa fácil para sufrir de pánico, y mientras emprendían la huida, escucharon un ruido aterrador desde el cielo, siendo esto la aproximación a la tierra de una inmensa bola de fuego, un fenómeno nunca antes visto. Todos comenzaron a correr despavoridos y gritando desesperados, rogándole a sus dioses para que intervinieran y los salvaran, buscando a su vez un sitio para poder resguardarse.

Leyendas de michoacán

En cuestiones de segundos, aquella gigantesca bola de fuego impactó contra la Tierra, provocando un estremecedor ruido, desprendiéndose del impacto una resplandeciente luz, y temblores en la tierra, que indujeron a provocar que emergiera de ella torrentes de agua, que sirvieron para aplacar el calor inaguantable por varios días.

Del agua emanada de la tierra tras la ocurrencia de aquellos hechos, fue que se creó el Lago de Pátzcuaro, tan bello y hermoso como se conoce actualmente. Los temores de en la población se disiparon, cuando se dieron cuenta de que la terrible ola de calor había terminado y que en su lugar, los dioses le habían regalado un precioso lago, volviendo confiados a sus hogares.

Pero cuando retornaron al campo, observaron que la tierra se anegado por el agua del lago, por lo que nuevamente acudieron a los dioses para que los orientarán y saber la manera en que podrían obtener sus alimentos. Los dioses prometieron que jamás escasearían los alimentos y que el mismo de ahora en adelante los obtendrían de las nuevas aguas.

El lago estaba lleno de pescados blancos, de los cuales comenzaron a alimentarse los pobladores para no pasar hambre, mientras que la región se transformó de un poblado agrícola a uno de pescadores. El sitio donde cayó aquella bola de fuego fue conocido como Huecorio, que significa “sitio de la caída”. Con el paso del tiempo, la enorme bola de fuego terminó convirtiéndose en roca, bautizada como La Huecorencha, que quiere decir “lo que descendió”.

El Origen del Cerro del Tecolote

El Origen del Cerro del Tecolote, es una de las leyendas de Michoacán más sencillas, y que entra dentro de la clasificación de históricas debido a que se ubica en los tiempos del siglo XII, cuando los indígenas purépecha llegaban a la región de Zacapu, liderados por Iré Ticatame, a quien de inmediato le encantó mucho el lugar por lo llamativo, estableciéndose allí.

Construyó un santuario para rendirle honores a Curicaveri, el dios protector de la tribu. Al poco tiempo de instalados, estableció contacto con las otras tribus que ya estaban en la región, como era el caso de los Naránxhan, a quienes le ofreció ayuda y cooperación a través del jefe llamado Zirán-Zirán.

A cambio de esta ayuda, los miembros de su tribu debían prestar también apoyo en mantener encendido el fuego sagrado con el que se honraba a Curicaveri, aportando la leña requerida con cierta regularidad, algo con lo cual el cacique estuvo de acuerdo. En el marco de la amistad que había surgido entre ambos grupos, Zirán le ofreció en matrimonio a Iré Ticatame, a su hija llamada Pisperama, que significa Flor de Maravilla,.

De aquella unión nació entonces Sicuir-Achá, que quiere decir, “El Señor Trajeado de Pieles”. Cuando aquel niño creció, fue descubierto un día por su padre, construyendo flechas para matar a los de Naránxhan, ya que según él, habían robado unos venados que  Sicuir-Achá les había entregados a los dioses en calidad de ofrenda.

En ese momento, tanto el padre como el hijo, resultaron emboscados por los de Naránxhan, resultando agredidos por ellos y luego emprendieron la huida velozmente. Al poco tiempo, Iré-Ticátame volvió a ser atacado por este grupo, quienes ahora tenían intenciones precisas de matarlo. Sin embargo, logró repeler el ataque, usando las flechas sagradas que le habían entregado sus dioses para que pudiera defenderse.

Pero, la defensa fue poca contra los numerosos y vengativos atacantes, por lo que al final, el guerrero cayó herido de muerte. Pisperama, al conocer de la muerte de su esposo, fue en la búsqueda de su cuerpo y lo colocó sobre un altar, cubriéndolo con varias flores de colores y flechas sagradas, para luego encender una gran fogata.

De repente, las llamas se fueron agrandando de tal forma que se fue formando la imagen de un cerro inmenso, que luego se transformó en un gran volcán, el de mayor tamaño en la región de Zacapu, pasando a ser con el paso de los años lo que hoy en día se conoce como el Cerro de El Tecolote. Aquel cerro expulsaba fuego desde su interior constantemente.

Al enterarse de la muerte de su padre, Sucuir-Achá se enfureció tanto que eliminó a todos los de Naránxhan, una acción que se tomó a su vez como una ofrenda ante el volcán, que luego de estos hechos, calmó su furia y se durmió siendo ahora pacifico.

A partir de ese momento,  Iré-Ticátame, se convirtió en el protector del pueblo de Zacapu, siendo elegido para dicha misión por parte  del dios Curicaveri, quedando como un hermoso volcán, cuya elevación es de más de tres mil metros, y siendo registrada como otras de de las importantes leyendas de Michoacán.

Leyendas de Amor

El amor, juega un papel relevante dentro las historias comprendidas en las leyendas de Michoacán. En las mismas, se resalta la parte humana y sentimental manifestada por nuestros antepasados, quienes fueron los primeros habitantes de este majestuoso territorio. Aquí te presentamos algunas de esas historias. Si deseas conocer otras historias de romance, le invitamos a leer sobre mitos de Bolivia.

Los Aretes de la Luna

Una hermosa historia de amor se comenzó a tejer desde los tiempos de los antepasados del imperio purépecha en el estado de Michoacán, donde se narraba que el Sol y la Luna eran una pareja de enamorados y que vivían muy felices en el cielo.

Sin embargo, un día apareció de repente en el firmamento, Vénus, una estrella que refleja la aparición de la mañana y de la tarde, influyendo en la felicidad de la pareja. Cuentan que en una oportunidad, la Luna consiguió al Sol hablando con ella, y de inmediato la invadieron los celos, pues Vénus era una estrella muy hermosa, que ostentaba una larga cabellera, la cual exhibía con mucha coquetería.

La Luna enfrentó al Sol y lo cuestionó por sus coqueteos con Vénus, lo que desencadenó en una riña que condujo a señalamientos, insultos e incluso, se dieron de golpes. En vista de que el Sol era más fuerte que la indefensa Luna, le produjo en el rostro varios moretones, que se dicen, son las manchas que se le observan a la luna.

Leyendas de Michoacán

Como consecuencia de este desencanto, la Luna tomó la decisión de separarse del Sol, marchándose muy lejos, sin volver a tener contacto con él, y por eso ahora a uno se puede ver por el día y al otro por la noche, para no encontrarse, conformándose así en la Tierra el día y la noche. Los antepasados indicaban también que cuando se producían los eclipses, era porque en el cielo se unían el Sol y la Luna nuevamente, para renovar su amor.

Agrega la leyenda que cuando llega el momento en que deben separarse la pareja nuevamente, la Luna se pone tan triste que comienza a llorar, y sus lágrimas se convierten en gotas de plata, que al caer a la Tierra, son aprovechadas por las mujeres purépecha para con ello fabricar hermosos aretes con la forma de una media luna.

Hay ocasiones donde la Luna no dura mucho llorando, por lo que en ese caso sus lágrimas no se convierten en plata, sino en gotas de rocío, que pasan a transformarse en unas flores de varios colores, amarillas, anaranjadas o rojas, similares a las Dalias. Las raíces de esta flor tienen agua jícamas, un néctar dulce que es extraído por los niños de la zona para saciar la sed.

En agradecimiento por estos regalos, las mujeres purépecha no se cortan el cabello, y si alguna quiere hacerlo, tendrá que esperar a que se manifieste Xaratanga, que es como se denomina a la fase de luna nueva, diosa lunar de los purépecha.

Los Cerros Enamorados

Esta es de las leyendas de Michoacán que aparte de ser de amor, también involucra el tema de la naturaleza. Se sitúa en población de Zamora, donde se pueden avistar dos colinas muy importantes llamadas La Beata y Patamban, de los cuales se desprende una de las más hermosas leyendas de Michoacán.

Cuenta el relato que el Cerro de Patamban, llamado Keri Huata, se enamoró perdidamente de La Beata, pero no se consideraba digno de su amor, pues era muy pobre y no tenía nada que ofrecerle más que su amor, sus ganas de trabajar y un buen corazón. Además de esto, contaba con la estima, el cariño y el respeto de toda la población, incluyendo el afecto amoroso de las mujeres que quedaban prendidas de él.

Sin embargo, este no las tomaba en serio, pues su amor estaba con Beata, en la que constantemente estaba pensando y anhelando. Se dice que las veces que trabajaba el campo, se acercaba a echarle un vistazo a su casa para ver si la veía. Cuando se encontraba con ella y esta le devolvía la mirada, le hacía entender que su amor era correspondido.

Al poco tiempo, Keri Huata y La Beata llegaron a comprometerse, declarando su amor ante el majestuoso cerro de Patamban. Los dos enamorados se profesaron cariño mutuamente, resaltando la belleza que había en cada uno, y los valores de honestidad que también los distinguían.

Cuentan que con esta declaración, el resto de la naturaleza y de las montañas cercanas estaban alegres, festejando en nombre del amor de estos dos cerros, imponentes como hermosos, observando con beneplácito sus quereres. A esta celebración se unían los pobladores de la zona, quienes también estaban contentos por el amor entre ambos cerros.

Dicen que como una muestra de su profundo amor, Keri Huata creó un lindo manantial, y se lo obsequió a La Beata, que se llegó a llamar el Lago de Camecuaro. Los animales del bosque y los compañeros de Keri Huata, lo felicitaban por tan espléndida y hermosa novia.

Todos los demás cerros se unieron a la felicitaciones, como el caso del cerro Las Tres Marías de la Marihuata, quien le mandó algunos obsequios a la flamante novia, o el Cerro del Tuerto, ubicado en las adyacencias del pueblo de Ocumicho, quien abrazó efusivamente a su amigo Patamban. Dicen que incluso el Cerro de San Ignacio, le mandó una salutación y le expresó una sonrisa a pesar de ser tan serio y reservado.

Todos al parecer en la región apostaban al progreso del noviazgo, deseándoles que tuviesen un buen matrimonio y muchos hijos. Sin embargo, lamentablemente no todos estaban felices por la unión, pues existía un Cerro llamado Coco, de carácter malévolo, envidioso y mujeriego, que no aceptaba la felicidad de la pareja, pues también estaba enamorado de La Beata.

Una de las acciones que realizó llevado por la furia que lo embargaba, fue comenzar a dar varios saltos que trajeron como consecuencia la ocurrencia de varios temblores. Sin saber qué hacer para evitar el amorío, se fue a consultar a su tío el Popocatépetl, y que este le diera algunos consejos.

La sugerencia aportada fue que intente enamorar a La Beata, a través de regalos y de declamaciones con frases de amor y hasta poemas, pero esta lo rechazo, dando pie a una pugna entre los cerros por el amor de La Beata, que al final fue ganada por Keri Huata, contrayendo nupcias con su amada y teniendo varios hijos, viviendo felices por siempre.

El Lago Encantado de Zirahuen y La Princesa Purépecha

En todo el centro del estado de Michoacán, se encuentra ubicada la zona de Zirahuén, nombre que significa “reflejo de los divinos”. Es ese mismo nombre que da pie al surgimiento de una de las leyendas de Michoacán favoritas entre el público por su contenido romántico.

Eran los tiempos de la colonia, cuando los soldados españoles comenzaban a llegar a Michoacán. Entonces un capitán de la tropa invasora, vió a Eréndira, una princesa purépecha, hija del cacique de la zona de nombre Tangaxoan.

Al verla, el militar quedó enseguida prendado por su belleza, y decidió raptarla y ocultarla en lo profundo de un hermoso valle cercado por grandes montañas. Cuenta la historia que la noble princesa pasaba los días llorando e implorándole a sus dioses para que intercedieran en su rescate.

Sus plegarias fueron atendidas por parte de los dioses Járatanga y Juriata, soberanos del día y de la noche, quienes transformaron sus lágrimas en un hermoso lago y a ella le dieron la forma de una sirena para que pudiera así escapar. Se dice que aún se le puede ver nadando por el lago en la búsqueda de hombres malvados para envolverlos con su belleza.

Existe otra versión de la historia de esta princesa Purépecha, donde se indica que Eréndira se enamoró de un hombre perteneciente al ejército enemigo, pues en él había notado fuerza y valentía. Cuentan que su padre, el Rey, aceptó la relación pero con la condición de que el caballero se enfrentara en batalla con otro integrantes de la tribu.

El luchador los venció a todos, por lo que el padre de la joven también pidió un duelo, pero la princesa intervino, pidiéndole a su amado que se fuera, ya que no quería ser la responsable por la muerte de ninguno de los dos.

Aquel joven aceptó con resignación la petición de su amada, y ella, llena de dolor, comenzó a llorar tanto que sus lágrimas terminaron conformando el lago, y para que no se ahogara, los dioses decidieron convertirla en una sirena. Luego de esto, se dedicaría a raptar a los pescadores y otros navegantes, atrayendolos con su belleza.

La Noche de Muertos

Dentro de la cultura mexicana, la conmemoración del Día de los Muertos, es parte importante, teniendo lugar los días 1 y 2 del mes de Noviembre. El 1ero se conmemora a los santos inocentes y el día 2, resuenan las campanas en homenaje a los antepasados y demás ancestros.

Cada zona del país tiene su manera particular de festejar esta celebración de carácter Nacional, donde los espíritus de los familiares llegan de visita. Ese día se pasa entre recuerdos, añoranzas y muchas lágrimas pero de alegría, con sentimientos encontrados. Como parte de la celebración, se prepara una variada gastronomía, con las comidas preferidas de los difuntos.

Las flores, algunos dulces y aromáticas velas, hacen parte de la ofrenda que se coloca en vistosos altares donde son colocadas las fotografías de los familiares ya difuntos. También se acompaña el ceremonial con una misa de oración por la paz y el descanso de las almas de los ancestros.

Se tiene la creencia de que al anochecer, llegan las visitas. Comienzan a manifestarse las sombras y los espectros van deambulando por las ciudades y los pueblos. Y como era de suponerse, de esta tradición cultural, también surgió una de las leyendas de Michoacán, que tuvo lugar en el hermoso lago de Pátzcuaro, muchos años atrás.

Dicen que en el marco de la noche de muertos, los espectros salen desde las aguas claras y cristalinas del lago, espíritus antiguos que son guardianes de tesoros y de amores. El relato narra la aparición en escena de una joven que va vagando por la zona afligida y desorientada. Se trataba de una princesa de nombre Mintzita, quien era la hija del Rey Tzintzicha.

Se dirige hacia el lago al encuentro con su príncipe adorado de nombre Itzihuapa, quien era el hijo del Rey Taré. Estos enamorados no pudieron casarse debido a la invasión española, pues el comandante español Nuño de Guzmán, mantenía en cautiverio al padre de Mintzita. Para poder liberarlo de su detención, la princesa le ofreció al español un espléndido tesoro que permanecía escondido en las profundas aguas del lago.

Cuentan que su amado se ofreció para sacar el tesoro de las aguas, pero al llegar al sitio, fue capturado por una veintena de sombras, que lo hundieron bajo las aguas, pasando a ser Itzihuapa el guardián número veintiuno de aquellas notables riquezas. Dicen que la princesa Mintzita murió esperando a su amado en el borde del lago.

Esperan la noche de los muertos para reencontrarse, ella marchando hacia el lago, buscando a su amor con ojos llorosos, y la sombra de él emergiendo de las aguas del lago. Los dos enamorados se convirtieron así en príncipes fantasmas, susurrándose palabras afectuosas, mientras se contemplan con la luz de las velas, escondiéndose de las miradas imprudentes de las estrellas.

Leyendas de Terror

En este artículo también nombraremos algunas de las leyendas de Michoacán de terror, que han despertado la curiosidad de una buena parte de la población, quienes a través de estos relatos, les da pie para seguir indagando y descubrir la veracidad de las mismas. La naturaleza de estas leyendas de Michoacán, son verdaderamente terroríficas y para descubrir más historias de este estilo, te invitamos a revisar el artículo Cuentos de Terror Inventados

La Cueva de la Tigra

Hay una caverna en el Cerro de la Mesa conocida como De la Tigra, bautizándola de ese modo debido a que por mucho tiempo habitó allí una bestia que atacaba el ganado de las haciendas y los ranchos aledaños. Pero a su vez, sobre esa cueva se torna otra historia donde se señala que allí se esconde un tesoro encantado.

La leyenda reza que existe un jugoso botín conformado por grandes cantidades de monedas de oro, que solo podrá ser extraído por parte de un Ser que sea valiente y que se atreva a entrar a lo más profundo de la caverna, sacar el tesoro y terminar con el embrujo que lo custodia. Cuentan que un buen día, entró a la cueva un hombre avaricioso, que iba en búsqueda de enriquecerse con el tesoro.

Hizo mucho esfuerzo para poder arrastrarse a través del túnel, cuyas medidas eran de unos cincuenta metros, para poder llegar hasta la bóveda en lo profundo de la gruta. Para poder llegar a su destino final atravesó por rocas húmedas y bajo escaleras, hasta que al fin pudo visualizar el inmenso montón de monedas brillantes de oro genuino.

Con la respiración acelerada, empezó a llenar dos bolsas que llevaba consigo, y una vez que las llenó, pensó en sacarlas una a una. Pero, cuando se disponía a sacar la primera bolsa, escuchó una voz de mujer que venía desde las paredes de la cueva y le decía que para poder llevarse el dinero, primero debía tomarse una copa de vino con ella.

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Llevado por la curiosidad, el hombre comenzó a buscar de dónde provenía aquella voz, dejando a un lado la bolsa con las monedas, avistando a una hermosa mujer que se encontraba sentada junto a una botella de vino y dos copas, en una mesa con forma circular.

A medida que el hombre se iba acercando a la dama, se percataba de la gran belleza de la misma. La mujer que ostentaba una larga cabellera, se encontraba sentada con las piernas cruzadas y en la boca tenía un cigarrillo. Portaba un traje de color negro que destacaba con su blanca piel.

El hombre le dijo que aceptaba tomarse la copa de vino con ella a cambio de llevarse el dinero. La mujer comenzó a llenarle la copa con una sonrisa en los labios. En el momento en que ambos iban a comenzar a beber sus respectivas copas, el hombre comenzó a notar que los pies de la mujer se convertían en patas de cabra y sus ojos se enrojecían.

Su cara también se iba transformando en un Ser diabólico, parecido a un murciélago que continuaba observándolo y riéndose de él. El hombre se paralizó por unos segundos, pero luego y como pudo, gritó muy fuerte para pedirle ayuda a Dios. Le lanzó la copa en la cara de la mujer y esta desapareció luego entre las paredes de la caverna.

Luego, se produjo un estallido que hizo desaparecer todas las monedas de oro y en su lugar dejó un humo apestoso. Aquel hombre huyó del lugar despavorido y corrió tanto que fue a dar a su casa en poco tiempo. Al día siguiente enfermó y estuvo así por más de un mes, donde hasta el habla había perdido. Con el paso del tiempo recuperó el habla y fue entonces cuando puedo contar lo que le había pasado en la cueva de la Tigra, una de las leyendas de Michoacán con advertencia.

El Jalón de Pies

La localidad de Huetamo de Núñez, ubicado en el estado de Michoacán, se caracteriza por ser un pueblo de Tierra Caliente. Cuenta con una gran riqueza dentro de su cultura popular, de la cual se derivan muchas de las leyendas de Michoacán.

La historia que se narra a continuación, son los hechos que le ocurrieron a uno de los habitantes de Huetamo, un joven de 15 años de edad llamado Esteban, quien vivía con su madre y sus hermanos, y era conocido en el pueblo por ser muy bondadoso.

Cuenta la leyenda que hubo una noche, en que el joven se encontraba dormido en su cama, cuando de repente sintió que le daban un jalón en los pies. Al percatarse de que no había nadie en los alrededores de su cama, comenzó a atemorizarse. A la siguiente noche, el joven vuelve a sentir que le jalan los pies, pero, al igual que la primera vez, no ve a nadie.

Lo mismo le continuó pasando por varias noches seguidas, por lo que decidió contarle lo que le estaba pasando a sus hermanos, quienes le sugirieron que se cambiara de habitación. El joven hizo caso a lo que sus hermanos le aconsejaron, pero la situación del jalón de pies seguía cada noche también en ese cuarto.

Preso por la angustia, Esteban decide contarle lo que le estaba pasando a su mamá, además de pedirle que lo llevara con un cura para que lo orientara al respecto. Sin embargo, la madre no accedió pues no era católica y más bien creía era en la hechicería y en la magia negra. Por varios años el muchacho padeció la extraña situación, sin hacer nada al respecto.

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Fue solo después de la muerte de su madre cuando Esteban recurrió a solicitarle ayuda al sacerdote del pueblo. Luego de que le contó todo lo que había padecido por años, el cura le dijo que cuando le volviera a ocurrir, debía preguntar por qué le jalaban los pies, sin mostrar temor alguno.

Esa misma noche, Esteban volvió a sentir el jalón de pies e hizo lo que le recomendó el sacerdote preguntó el porqué. En ese momento una criatura le respondió que le diera un pañuelo rojo y cuando viera donde había caído, en ese sitio debía excavar, pues allí se encontraba una gran fortuna que sería de él si lograba la hazaña.

Al día siguiente, Esteban comenzó a buscar el pañuelo por los alrededores de la casa hasta que lo consiguió y se puso a excavar eufórico, logrando efectivamente dar con el paradero del dinero. Con ese dinero esperaba realizar muchos proyectos, los cuales no pudo llevar a cabo debido a que producto de su preocupación por los jalones de pies, su salud había desmejorado enormemente.

A los pocos días, Esteban murió sin poder disfrutar del dinero que había conseguido, heredándoselo a sus hermanos quienes pudieron tener una vida desahogada económicamente. De aquella historia tomó vigencia el dicho de que: “Nadie conoce para quién trabaja”, quedando a su vez registrada en estas Leyendas de Michoacán

El Líder y el Aparecido

Esta es de la Leyendas de Michoacán que trata sobre el castigo divino que recae sobre las malas personas cuando cometen malas acciones. Cuentan que hace muchos años existió en la región un hombre llamado Romualdo Juárez, quien era el líder a cargo de un grupo de agricultores, quienes lo aborrecían debido a sus constantes ofensas y maltratos.

Además, sometía a los trabajadores a una explotación, reteniéndolos más tiempo en faena laboral que la legal, además de ser un hombre extremadamente corrupto. Debido a sus acciones se había ganado el odio de sus compañeros de trabajo, quienes hasta le deseaban la muerte para librarse de él.

Romualdo, que era un hombre muy astuto, sabía ya de las intenciones de sus compañeros, por lo que no se fiaba de ninguno de ellos, y siempre estaba acompañado por dos campesinos a quienes consideraba de su confianza. Ya en una oportunidad, el grupo se le había revelado y atacado, usando sus machetes.

Dicen que llegó un día en que salió del trabajo acompañados por sus dos escoltas, quienes lo llevaron a su casa. Cuando llegó, su esposa le dijo que uno de sus hijos, el mayor, se encontraba muy delicado de salud, presentando una fiebre muy alta, y que necesitaba que lo viera un médico.

Pese a la emergencia, Romualdo no quería salir solo de su casa, en vista de que sus guardaespaldas se habían marchado. En el líder surgía el temor, no tanto encontrarse con sus enemigos, sino con “El Aparecido”, un espectro que solía espantar en los previos de su residencia, y cuyo camino era el mismo de la residencia del médico.

Pero, a pesar del miedo, imperó en él su amor por su hijo, y armándose de valor, emprendió camino a buscar al doctor, a bordo de su caballo. Cuando llegó a la zona donde dicen que suele manifestarse El Aparecido, el caballo se alborotó, levantándose en dos patas, arrojando al suelo a Romualdo.

Como pudo, el hombre se puso de pie, y luego gritó con fuerza: “¡quienquiera que seas, vete de aquí!”. Una tétrica carcajada se escuchó muy fuerte lo que hizo palidecer al hombre de terror. Sin embargo, gritó nuevamente con todas sus fuerzas: “¡Vete espíritu maligno, y no te haré daño!”.

La pavorosa carcajada se escuchó nuevamente, y una voz sobrenatural dijo: “¿Acaso eres el amo de tu alma?, porque me la llevaré conmigo!”. Romualdo que por muchos años se consideró ateo, comenzó a rezarle a Dios y a implorarles a todos los santos, pidiendo perdón por sus acciones perversas, especialmente las que cometía en contra de sus trabajadores campesinos.

En ese momento, las carcajadas se dejaron de oír, y al percatarse del silencio, el hombre aun con miedo comenzó a correr hasta que llegó a la casa del doctor, para pedirle que fuera a ver a su hijo enfermo. Dicen que desde aquel encuentro, Romualdo se transformó en un ser creyente, dejando atrás su maldad y atropellos. Se volvió un hombre honesto y jamás trató mal a sus compañeros, llegando incluso a ganarse su respeto, cuya moraleja se volvió parte de las leyendas de Michoacán.

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¡Yo No Confieso a los Muertos!

En un callejón de la ciudad de Morelia, adyacente a la Iglesia de San Francisco, se encontraba una casa de la cual surgió una de las leyendas de Michoacán, pues se comenzó a correr la voz que allí espantaban. Había un vendedor llamado Don Diego Pérez de Estrada, que tenía un negocio de paños y manteles, y quien era de origen español.

Acababa de llegar de su tierra natal, y sus intenciones eran establecerse en la ciudad de Valladolid, donde se casaría con una mujer hermosa y rica, para después volver a España. Sus deseos son cumplidos, pues conoció a una linda y generosa heredera que no tenía familia alguna, llamada Doña Inés de la Cuenca y Fragua, propietaria de una de las fincas más prósperas de la región.

Ya que la mujer contaba con todas las cualidades, el vendedor se propuso enamorarla. Dicen que Doña Inés lo amaba con sinceridad, al contrario del vendedor, que lo movía un interés más egoísta, el poder y el dinero. Don Diego se había hecho fama de parrandero y mujeriego. Le gustaba vestir elegantemente y portar costosas joyas. Tenía muy mal hablar y era de pocos amigos.

Conociendo el amor de Doña Inés por él, Don Diego se animó a pedir su mano en matrimonio. Pero la joven, antes de contestarle, decidió consultarle a Fray Pedro de la Cuesta, quien era su confesor, sobre esa decisión tan importante para su vida.

El sacerdote que se caracterizaba por ser bondadoso y muy justo, quiso primero investigar un poco qué tipo de hombre era Diego Pérez, llegando a descubrir que provenía de una honorable familia española pero que él era la oveja negra y que llegó a la región con un poco de fortuna la cual fue derrochando poco a poco por la vida de fiestas que llevaba.

Además también se enteró de la fama de mujeriego que pesaba sobre él, razón por la cual el fraile le sugirió a joven muchacha que no se casará. Inés obedeció al sacerdote y rechazó a su pretendiente. Don Diego prometió vengarse de fray Pedro por haber interferido con sus planes. Vendió su tienda y se marchó a una habitación situada en una calle por los lados del Norte del cementerio de San Francisco, donde compartía residencia con uno de sus empleados.

Cuentan que una noche, bajo una terrible tormenta, un hombre se acercó al portón del convento, pidiéndole al portero la presencia de fray Pedro de la Cuesta, para que lo acompañara a confesar a un hombre que se encontraba ya agonizante.

Fray Pedro se fue junto al hombre y llegaron hasta un cuartucho alumbrado con una vela. El religioso se acercó hasta el lecho de muerte del presunto moribundo, pero éste no hablaba. Era el mismísimo don Diego. El cura le quitó el manto que llevaba puesto, descubriendo que tenía consigo una pequeña espada con la que pretendía matar al fray, pero que con la que en cambio, se quitó la vida.

Cuando vio aquella escena, fray Diego se alejó del cuerpo y salió corriendo de allí gritando: ¡Yo no confieso a muertos!. Al día siguiente, todos en la región conocían lo sucedido y pasaron a llamar entonces a aquella calle como “El Callejón del Muerto”, formando parte esta historia de las leyendas de Michoacán.

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Un Fraile muy Bromista

Esta es una de las leyendas de Michoacán, cuyos hechos ocurrieron dentro del Convento del Carmen, ubicado en la ciudad de Morelia. A dicho recinto había llegado un fraile muy joven llamado Jacinto de San Ángel, a quien le encantaba gastarle bromas a sus compañeros.

Siempre estaba de buen humor y listo para jugarle una broma a cualquiera con quien se atravesara en el día. Pero, a pesar de esto, sus dotes de bromista le habían causado en el pasado muchos problemas con sus superiores, quienes constantemente le colocaban penitencias.

Cuentan que un día, uno de los religiosos llamado fray Elías de Santa Teresa, se enfermó de gravedad, y otro sacerdote le confirió los santos óleos. Tiempo después, el sacerdote murió. El resto de los religiosos del convento, comenzaron a orar por su alma, y aun sollozando, colocaron su ataúd en la Sala de Profundis, lugar donde se acostumbraba realizar los velorios.

Al final de los actos velatorios, el fraile superior les ordenó a fray Jacinto de Ángel y a fray Juan de la Cruz, a que se quedaran en la sala, acompañando el cuerpo del difunto. También les dijo que podían tomarse un chocolate caliente, pero como fray Juan no quería estar con el muerto, se fue a buscar la taza de chocolate caliente a la cocina.

Cuando quedó solo en el salón, fray Jacinto sacó al fallecido de su ataúd y sentó el cuerpo en la silla que él estaba ocupando, mientras se metía dentro de la urna para hacerse pasar por el occiso. Cuando volvió fray Juan con el chocolate, le colocó una tasa en el puesto de fray Jacinto y al ver que se trataba del muerto, huyó del lugar despavorido.

Fray Jacinto trató de alcanzar a fray Juan para que no le informe al superior de lo sucedido, pues sabía que podía ser expulsado por la dimensión de dicha broma. En esos instantes, el verdadero muerto se puso de pie, y tomó un candelabro con una vela encendida, comenzando a correr detrás de los dos frailes. Cuando los dos religiosos se dieron cuenta de que eran seguidos por el muerto, del susto se lanzaron por una ventana.

Pero antes de que fray Jacinto lo hiciera, el muerto le apagó la vela en el cuello. Al día siguiente, los religiosos del convento vieron sobre la ventana de la sala, el cuerpo sin vida de fray Elías de Santa Teresa, quien aún tenía en su mano el candelabro, y también el cadáver de fray Jacinto, con la garganta quemada totalmente, siendo este relato parte de las leyendas de Michoacán de terror.

 ¡Yo te Bautizo con el Nombre de Santa Teresa!

En el estado de Michoacán, se ubica un místico lago que llama mucho la atención pues se encuentra dentro del Volcán de los Espinos, y que es conocido por los lugareños con el nombre de Alberca de los Espinos. Este mágico sitio natural, dio origen a una de las más antiguas leyendas de Michoacán.

El contexto donde se enmarca la historia es en los tiempos remotos, donde el volcán le había consagrado a Tiripeme Curicaveri, quien era el dios del agua. Las aguas de este fantástico lago eran muy concurridas por parte de las mujeres aborígenes de la época, quienes convergen en el lugar ya sea para asearse o lavar su ropa.

Cuando se produce la invasión española en el territorio, los frailes franciscanos aprovecharon las circunstancias para evangelizar a los pueblos indígenas, específicamente a la tribu de los purépecha. Cada vez iban obteniendo más seguidores que comenzaban a profesar la fe católica, algo que incomodaba al Diablo.

Su ira era tal que un día en que las mujeres llegaron al volcán para realizar sus actividades diarias, creó un fuerte alboroto dentro de las aguas del lago, saliéndose de su cauce y formándose gigantescas olas, que se desbordaba sobre las paredes del cráter. Este hecho terminó espantando al grupo de mujeres que salieron despavoridas por temor a terminar ahogadas.

Al dejar atrás el lugar, podían visualizar a los lejos, la silueta del Diablo en el centro del lago. Lo describían con una gran cabeza fea y malévola, además de unos cuernos inmensos. Su rostro era todo rojizo, y sus carcajadas se podían escuchar similares a unos truenos estrepitosos que paralizaban del miedo hasta el más valiente.

A pesar de los intentos de aquellas mujeres por huir del lugar, para la mayoría fue en vano, pues terminaron muriendo ahogadas en el lago.

Este lamentable suceso sembró gran angustia entre la comunidad de los purépechas, quienes decidieron buscar ayuda y orientaciones con fray Jacobo Daciano, un sacerdote de origen danés que formaba parte de los religiosos evangelizadores y que además se encontraba al servicio de Carlos V, soberano de la Nueva España.

Además de ser uno de los evangelizadores, se encontraba viviendo en Zacapu para así poder brindarles protección a los indígenas. El religioso escuchó atento a los purépechas, y luego de meditar por unos minutos cuál podría ser una solución ideal, les planteó el hecho de que el agua del lago debía ser bendita y bautizada.

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Relata la historia que fue un 15 de Octubre del año 1550, cuando el sacerdote se alistó con todo lo pertinente para llevar a cabo la ceremonia bautismal, subiendo a lo más alto del volcán. Para ese momento, las aguas verdosas se mantenían en calma y el sol se manifestaba con una fuerte intensidad, mientras se escuchaba un suave susurro del viento.

Entonces Fray Jacobo se dispuso a celebrar el rito, levantando la mano en la que llevaba una Cruz. Con ese gesto marcó el inicio del bautismo, algo que fue presenciado por los pobladores de la comunidad indígena. Pero algo extraño ocurrió cuando el fray lanzó el agua bendita hacia el agua del cráter.

Un enorme remolino empezó a formarse, acompañado por un viento muy fuerte. Este escenario había sido creado por el Diablo para marcar su partida del lugar, de donde se fue huyendo y lanzando maldiciones, en especial al cura quien se atrevió a sacarlo de allí.

Como parte del ritual, el sacerdote pronunció las palabras: “¡Yo te bautizo con el nombre de Santa Teresa!”. Después de aquello, todo volvió a la normalidad, e incluso ahora para conmemorar esta fecha, se celebra una festividad cada año que hace parte de las leyendas de Michoacán.

El Vaso con Agua, la historia de El Ahorcado de Zamora 

Estas leyendas de Michoacán nos describe la historia de Juan, un joven que vivía en la región de Zamora, y cuya afición era la de jugar al fútbol, una actividad que realizaba cada noche junto a un grupo de amigos, llegando a pasarse a veces hasta la una de la madrugada.

El centro deportivo donde practicaba este deporte el joven con sus amigos quedaba a una gran distancia de su hogar. Cuentan que una noche de las usuales prácticas, el juego finalizó más tarde de la 1 a.m., y Juan debía apresurarse en volver a su casa, pues andaría solo por las calles.

En su recorrido para poder llegar a su hogar, Juan se topó con una gran mansión, sobre la cual pesaba una de las leyendas de Michoacán, donde se decía que había muerto un joven que se quitó la vida estrangulándose, luego de que además asesinara a su pareja tras descubrir un acto de infidelidad.

Entre los pobladores de la región se corría el rumor, de que el alma del muchacho aún estaba penando y se manifestaba de vez en cuando en forma de espectro o fantasma por las noches. Sin embargo, Juan hizo caso omiso a esos comentarios y continuó con su camino. Pero, cuando se preparaba para emprender nuevamente su camino a casa, de repente sintió un tremendo escalofrío, el cual lo atribuyó al frío de la noche.

Al dejar detrás la temible mansión, se dio vueltas para mirarla y se llevó una desagradable sorpresa, al ver flotar el cuerpo de un joven vestido totalmente de blanco, y portando en su mano derecha una vela. Tenía la cara desfigurada y pálida, con grandes agujeros negros en los ojos, que hacían de su aspecto, algo terrorífico.

Juan huyó despavorido de aquella escena, corriendo a gran velocidad, preso del miedo. Cuando al fin logró llegar a su vivienda, estaba paralizado del miedo y no podía siquiera hablar mucho, menos podía conciliar el sueño, pues solo recordaba aquella horrenda aparición. No le contó a nadie lo que había visto, ya que temía que el fantasma se molestara y se le volviera a aparecer.

Por varias semanas tuvo pesadillas y no se le quitaba el miedo, razón por la cual decidió contarle a su abuela lo que le había sucedido. Luego de escucharlo atentamente, la sabia y bondadosa viejecita le dijo que la única forma de curarse del miedo del espanto y conseguir estar en paz, era volviendo a esa mansión y lanzar un vaso con agua.

La noche siguiente, Juan se dispuso a asistir nuevamente a la terrorífica mansión, llevando consigo el vaso de agua. Apenas llegó al recinto y aún con mucho miedo, lanzó el vaso con agua en la puerta de la casa y resultó ser la mejor solución, pues después de ese día, jamás volvió a tener pesadillas y pudo dormir tranquilo, en paz y sin miedos.

La Mano en la Reja

La Mano en la Reja, es de las leyendas de Michoacán conocidas más allá de las fronteras. El relato data de tiempos antiguos, en una región que hoy en día es llamada Calzada Fray Antonio de San Miguel, donde estaba construida una gran mansión pero que era habitada por un hombre humilde de nombre Don Juan Núñez de Castro.

Este hombre tenía procedencia de familia noble, pues sus abuelos eran originarios de España. Se dice que su linaje era tal que estaba habrían recibido en su casa al mismo Rey Carlos V y a Felipe II. Pero luego se presentaron ciertos problemas en la familia que tuvieron que mudarse a la Nueva España.

Cuando llegaron a instalarse en Valladolid, Don Juan estaba casado con una segunda esposa de nombre Doña Margarita de Estrada, y la pareja tenía una hija a quien llamaron Leonor. Por ser una familia adinerada, comenzaron a derrochar tanto que rápidamente quedaron en la ruina, especialmente por los costosos caprichos de la esposa, que se gastó hasta la última moneda.

Leonor por su parte, era una muchacha joven y hermosa, con un corazón noble y tierno, como son descritas la mayoría de los personajes en las leyendas de Michoacán. Su madre, Doña Margarita, era lo contrario, una persona despiadada y egoísta, quien sometía a su hija a la más cruel soledad, pues no le permitía tener amigas, andar por la calle y ni siquiera se podía asomar a la ventana.

Prácticamente, la mantenía oculta de los pobladores quienes no debían siquiera saber de su existencia. Sus días los pasaba entre los oficios el hogar, pues debido a la crisis económica en que cayeron, ella era quien hacía la limpieza, cocinaba, lavaba, entre otros, pero no pidió tener contacto con nadie fuera de la mansión.

Cuentan que un día, se paseaba cerca de la mansión un noble perteneciente a la corte del virrey, de nombre Don Manrique de la Serna y Frías, quien estaba de comisión en Valladolid. Al ver a Leonor, quedó impregnado con su hermosura. Ella también lo observó y por unos segundos cruzaron miradas.

Al día siguiente, Leonor recibió una carta de aquel caballero, donde le pedía que se vieran a las 8 de la noche, en la reja del sótano donde su madre la mantenía oculta. El oficial español quería asegurarse de ser correspondido sentimentalmente por parte de Leonor, ya que debido a su posición social, sería el candidato ideal para pedirle su mano a Don Juan.

Pero como la joven estaba custodiada para impedir su contacto con el mundo exterior, el militar se diseñó un plan para poder ver a solas a su amada. Le pidió a su ayudante que se disfrace de fraile y que en el rostro se pintara una calavera, para que se apareciera cerca de las 8 pm, por la cercanía de la Calzada. Esto era con la intención de que los lugareños y supersticiosos huyan del lugar y así él podría ver a Leonor.

Por varias noches repitieron el plan, dando resultados positivos pues los pobladores aledaños salían despavoridos ante la presencia del fraile con la calavera, permitiéndole a los enamorados poder hablar y declararse su amor, mientras se tomaban de las manos. Sin embargo, Doña Margarita, comenzó a sospechar que algo estaba ocurriendo y a pesar de que también sentía temor del supuesto fantasma, decidió investigar.

Una noche descubrió la farsa de los enamorados y llevada por la ira, encerró a Leonor en el sótano con candado. Don Manrique partió del país por un llamado que le hacían del virreinato, momento que aprovecharía para solicitar el permiso y poder casarse con su enamorada.

Don Juan no se percató de lo que sucedía, pues ya estaba acostumbrado a no ver a su hija, incluso estando en la misma casa. Leonor se sentía perdida, pues ya no tenía el apoyo de su caballero y su padre no la extrañaría por lo acostumbrado que estaba ya a no verla.

Los días de su encierro los pasó llorando y sin comer. Con el tiempo, llevada por la necesidad, comenzó a sacar la mano a través de la reja pidiendo ayuda. Pero de esto, también su madre se dio cuenta y regó la voz de que la joven estaba loca para que nadie la ayudara. Poco a poco la mano en la reja se volvió conocida, así como una débil voz que salía de ella pidiendo por un pedazo de pan.

Don Manrique volvió al país acompañado de una comitiva española y una carta del virrey para entrevistarse con Don Juan y pedir la mano de su hija en matrimonio. Don Juan comenzó a llamar a su hija con mucho entusiasmo, pero no atendía a su llamado, por lo que interrogó entonces a los sirvientes sobre su paradero y estos le contaron todo lo acontecido con la pobre Leonor, incluyendo lo de la mano que solía sacar por la reja.

El padre corrió al sótano a rescatar a su hija pero ya era tarde. Al abrir la puerta, se encontraron con el cuerpo sin vida de Leonor, quien había muerto de hambre. Desde aquel día dicen que por las noches aún se puede ver aparecer una mano pálida y descarnada asomada por la reja, con una tétrica voz que pide comida, siendo parte de las Leyendas de Michoacán de terror.

Leyendas de Michoacán cortas

Las leyendas cortas es una de las clasificaciones con la cuales cuentan las leyendas de Michoacán. Muchas de ellas son anécdotas expresada mediante párrafos cortos, que se han vuelto muy conocidas con el paso de los años.

Eréndira Ikikunari

La historia de Eréndira Ikikunari, es una de las leyendas de Michoacán cortas, pues describe una anécdota que le ocurrió a esta joven llamada con ese nombre por ser de origen indígena, y entre cuyas características estaba su valor y osadía. Dicen que luchó en armas contra los españoles durante la conquista del siglo XVI.

Formaba parte de la tribu de los purépecha, un grupo indígena de gran relevancia establecido en el estado de Michoacán. Cuentan que cuando llegó a la edad de casarse, se fue contra las leyes de su cultura, pues se negó a ello y en cambio solicitó formar parte del ejército que se preparaba para hacerle frente a los españoles.

Y aunque los episodios de guerra estaba negado la participación de las mujeres, debido al carácter de fuerza y valentía que imperaba en la joven, su tío, quien era jefe de la tribu, autorizó que formará parte del ejército purépecha. Su destacada participación en la guerra convirtió a Eréndira en un símbolo de fuerza y rebeldía.

La Fuente del Ángel

En el año de 1871 fue construida La Fuente del Ángel, a través de la gerencia del Cabildo de la ciudad de Morelia, con la intención de que sirviera para que los pobladores de las adyacencias a su ubicación, pudieran servirse del agua que de ella emanaba.

Dicen que en la antigüedad, esos terrenos pertenecían al jardín del Convento de San Agustín. La fuente es bautizada con el nombre del Ángel, debido a que hace parte de una de las leyendas de en Michoacán donde se narra que ángel bajó desde el cielo para salvar a una niña que se estaban ahogando en aquellas aguas.

La historia dice que hace muchos años, en la población de Valladolid, vivía una dama quien acababa de llegar de España de visitar a su esposo. Un día, se fue a reunir con un grupo de amigas a quienes comenzó a contarles de las bondades que tenía aquel país, de su infraestructura, sus elegantes palacios, lo hermosa de sus colonias, su manera de vestir, en fin.

Las amigas se dieron cita en una fuente de la localidad e iban acompañadas de sus hijos. La hija de la dama en cuestión, le dijo a su madre que tenía mucha sed, y esta le respondió que en un rato más volverían a casa. Luego de un tiempo, la niña le volvió a decir que tenía sed, pero la madre le seguía dando la misma respuesta.

Cuando ya había pasado mucho tiempo después, la niña volvió a decirle a su mamá que tenía mucha sed y para que la dejara tranquila, la madre le dijo que tomara el agua de la fuente. La pequeña obedeció y al inclinarse para beber, se cayó al agua, comenzando a dar de gritos porque sentía que iba a ahogarse.

Sin embargo, la madre no escuchó los gritos de auxilio de la pequeña pero luego de un tiempo de no sentirla, comenzó a buscarla dándose cuenta de que había caído dentro de la fuente. Desesperada, empezó a pedir ayuda, y en ese preciso momento, bajó del cielo un hermoso ángel que terminó por rescatar a la niña de la fuente. Desde ese entonces comenzaron a llamarla “La fuente del Ángel”.

El Perro de Piedra, Eterno Protector de Michoacán

Dentro del patio en el Conservatorio de las Rosas, en la ciudad de Morelia, sirvió de sede para el desarrollo de una de las leyendas de Michoacán, lugar donde se encuentra la construcción de una increíble estructura coronada con la forma de un canino, el cual está tallado en piedra y envuelto por hermosos relieves de cantera.

Esta es de las leyendas de Michoacán donde se nombre a Doña Juana de Moncada, una condesa de Altamira, que luego de quedar viuda, decidió vivir dentro de una casa religiosa, escogiendo el “Convento de las Rosas”. La condesa solo llevaba como parte de sus pertenecías la compañía de una perro grande llamado Pontealegre, que se había convertido en su amigo fiel y guardián.

Las mujeres tenían por costumbre, salir al mirador del convento a tomar el sol todos los domingos, donde eran admiradas por muchos hombres quienes las veían desde la calle. Uno de estos hombres era el alférez Don Julián de Castro y Montaño, quien quedó prendido de la belleza de una de las damiselas de nombre Remedios de la Cuesta, a quien comenzó a escribirle cartas de amor y donde le hacía saber de sus intenciones de matrimonio.

La joven se negó a tal petición, pero aquel hombre se rehusaba a la negativa, tomando la decisión de entrar al recinto para secuestrarla y obligarla a estar con él. Una noche, el osado alférez junto a otros compañeros, entraron al convento a través de la puerta de atrás y en absoluto silencio. Pero, a pesar de sus precauciones, Pontealegre los escuchó y se lanzó sobre ellos con gran fuerza.

El perro atacó al noble español en la yugular, lo que lo hizo sangrar abundantemente. El grupo que lo acompañaba sacaron sus espadas para intentar detener al animal, pero la acción fue tarde, pues Don Julián ya estaba muerto. Desde ese día se colocó la figura del perro Pontealegre, dentro de las leyendas de Michoacán, quien continúa velando por la seguridad de las damas que viven en el convento.

La Rodilla del Diablo

La Rodilla del Diablo es una de las leyendas de Michoacán, que se deriva del Río Cupatitzio, aguas con la cuales se regaban los cultivos de legumbres y frutas, al igual que de la vegetación aledaña conformada por hermosas especies de flores. Un día comenzó a notarse algo inusual, pues ya de este río no volvió a brotar más agua, y su caudal se secó completamente, permaneciendo en esas condiciones por mucho tiempo.

Posterior a este fenómeno se fueron secando los cultivos y las plantas, y los pobladores ya no tenían agua que beber. Los habitantes acudieron ante Fray Juan De San Miguel, quien era el fundador del poblado, para implorarle que realice una procesión llevando la imagen de La Virgen por todos los sectores del pueblo, hasta llegar al nacimiento del Río Cupatitzio.

Así lo hicieron, y al llegar al río, el fraile exclamó algunas plegarias y oraciones para luego lanzarle agua bendita en las orillas del mismo, cayendo algunas gotas sobre unas rocas, las cuales comenzaron a desprender un fuerte olor a azufre.

Luego, se produjo un fuerte temblor emergiendo de lo profundo el demonio, quien al percatarse de la presencia tanto del sacerdote como de la imagen de la Virgen, tropezó con unas rocas al tratar de huir el lugar, dejando estampada la forma de su rodilla. Tras la huida del demonio del lugar, las aguas cristalinas volvieron a brotar. Es por ello que se volvió pieza necesaria de las leyendas de Michoacán. Si te gustó este artículo te invitamos a revisar en nuestro blog Leyendas de Querétaro

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