¿Sabes cuáles son los 7 pecados capitales?, descúbrelos aquí

Una de las grandes preocupaciones del ser humano, siempre ha sido el manejo de su conducta, conforme a cánones éticos que le permitan estar bien con Dios y con la sociedad. A continuación, se presentan los 7 pecados capitales que debe evitar, para lograr este fin.

Lista de los pecados capitales

Las instituciones dependiendo de su objetivo como organización, tienen un cuerpo de normas, estamentos, reglas, que de alguna forma intentan conformar las líneas de acción, donde se mueve los seres humanos que conviven en la estructura organizativa. Se puede decir, que son parámetros éticos en los cuales, los seres humanos que hacen vida en ese escenario social se deben mover. Si te interesa este tema, te recomendamos leer el siguiente artículo: Ritos del Cristianismo

Salirse de ellos, implicaría un costo personal para el que infringe la norma, pero también, tiene una repercusión en la empresa o grupo social donde funciona. La Iglesia Católica, en su organización estuvo llena de inconvenientes, todo ello generado por el asedio y persecución a que fue sometida, ya que el estado que tenía el poder en la época consideraba a los cristianos peligrosos, atentando contra sus valores y costumbres.

Ese mismo estado posteriormente le dio a la Iglesia Católica, formalidad, otorgándole una función social, brindar al pueblo asesoría espiritual, buscando el soporte popular que garantizara la permanencia en el poder de ese estado; nos referimos a lo que se llamó el Imperio Romano. Es a partir de este momento, cuando la iglesia, ya al lado del poder político, empezó a consolidarse como estructura organizativa.

Esta situación implicó, que la iglesia generará principios rectores que regulasen su funcionamiento, no solamente en lo interno, lo que tiene que ver con sus funcionarios religiosos y los distintos roles y niveles de responsabilidad que cumplen; para la iglesia además era muy importante la conducta de su feligresía.

Al respecto, no se debe olvidar, que las iglesias tienen como propósito el cultivo de las almas, formar el espíritu humano, para que pueda ser receptor de Dios y emularlo en su sacrificio por la humanidad, es decir, por todos. Conforme a esta orientación, en sus primeras etapas como iglesia formal, fueron capaces de plantear la tesis de los 7 pecados capitales.

7 pecados capitales

El sentido de este planteamiento, era perfeccionar la función socializadora del a Iglesia Católica en ese momento; los teóricos, teólogos identificaron 7 pecados capitales, es decir, 7 anomalías de conducta que no compaginaba con el ideal cristiano católico; ya en este momento, se exigía que toda persona que se consideraba sujeta al cristianismo, debía entonces procurar una moral cónsona con ese ideal.

La determinación de una conducta pecadora y de paso capital, amerita una explicación; cuando se habla de pecado, nos referimos a toda aquella conducta que va en contra de las leyes de comportamiento, propuestas por Dios nuestro Señor, para ello existen una serie de parámetros que califican una acción como pecaminosa, por ejemplo, los 10 mandamientos de Dios, salirse de estas propuestas, sería inobjetablemente caer en el pecado.

Pero su condición de capital, no responde a que los pecados sean muy grandes o importantes, o que generen más daño. Se llama capital, porque en ellos se concentran, otra gran cantidad de pecados; por ejemplo, el que padece de ira, puede matar, robar, mostrarse arrogante, ser soberbio; es decir, es un pecado que en su esencia involucra a muchas otras acciones negativas que se consideran pecado.

La discriminación de 7 pecados capitales, implicó un proceso de evolución en cuanto a su estudio y posterior divulgación a la feligresía. La determinación sobre el pecado capital, tiene a su vez otras aristas que son importantes señalar, como son: se establece una relación análoga entre conducta viciosa y pecado, es decir, para un cristiano indicar, precisar un vicio, basta con apuntar a la ejecución de un pecado.

Esta conducta es definida por la iglesia como pecado capital, cuando el ser humano desea algo de manera extraordinaria, este impulso de gran fuerza lo lleva a realizar un sinnúmero de pecados. Otra precisión con el pecado capital, o los 7 pecados capitales, es que estos, están presentes en la constitución estructural del ser humano, forman parte de su cuadro de elementos innatos, por lo tanto, existe una propensión natural a buscarlos.

Existen dos personajes que dentro de la Iglesia Católica, se dedicaron a profundizar sobre el tema, ellos fueron: San Casiano y San Gregorio Magno; el primero, señala 8 pecados capitales (ira, soberbia, avaricia, lujuria, pereza, envidia, gula y tristeza); el segundo, estudió el planteamiento hecho por San Casiano, planteando 7 pecados capitales, sacando la tristeza de la clasificación, al alegar que estaba involucrada en la pereza. Véase a continuación la revisión histórica de estos.

La discusión dentro de la iglesia, sobre las conductas impropias de los cristianos, se mantuvo por mucho tiempo, los resultados de estas consideraciones de carácter académico, pero también litúrgica religiosa, muchos especialistas la califican como dinámica, propia de la evolución de la iglesia, que busca sembrarse en la mente y corazón de sus creyentes.

Estas circunstancias, siempre fueron moderadas por una conciencia contextual que impacta en las creencias de cualquier tipo, en este caso, en lo religioso. Acotando el hecho, de que la situación anterior, es provocada por la falta de precisión y claridad en el libro sagrado la Biblia, sobre los pecados del hombre. Es importante señalar que, el trabajo de investigación, análisis y realización de propuestas sobre los vicios del ser humano queda en manos de los intelectuales de la iglesia.

Los 8 pecados capitales

Las aseveraciones sobre los 8 pecados capitales, se dice que fue un teólogo africano el primero en señalarlos, por allá en el 300 d. C.; luego aparecen escritos de otro personaje, el monje Evagrio Póntico, quien escribió en griego sobre “los vicios malvados”, reafirmando la existencia de 8 pecados capitales.

El Evangelio los dividió en dos grupos, uno de tres y otro de cuatro; el de tres marca en el ser humano la necesidad de tener o poseer; aquí encontramos: la gula y la ebriedad, la avaricia y la lujuria. El otro grupo de cuatro pecados, se refiere a los vicios generados por frustración, contra sí mismo, aquí encontramos: la ira, la pereza, la tristeza y el orgullo.

7 pecados capitales

Luego por esa misma época, aparece San Casiano, quien se dedicó a estudiar la propuesta de Evagrio, dándole mayor profundidad y difundiendo su contenido, para este santo existen 8 pecados capitales: gula y ebriedad (gastrimargia), avaricia (philarguria), lujuria (fornicatio), vanagloria (cenodoxia), ira, pereza (acedia), soberbia (superbia) y tristeza.

Posteriormente, entre el 500 y 700 d. C., aparecen otros autores como; Columbano de Luxeuil y Alcuino de York, ambos se dedicaron a estudiar los pecados capitales, llegando a coincidir con San Casiano, al plantear la existencia de 8 pecados capitales.

7 pecados capitales

A partir del 500 d. C., es donde se habló de los 7 pecados capitales, el abanderado de esta propuesta, fue el santo padre Gregorio Magno, quien basándose en la propuesta del monje Evagrio, asume una clasificación nueva, desconociendo a la tristeza como pecado, quedando la lista de la manera siguiente: lujuria, ira, soberbia, envidia, avaricia, pereza y gula.

Posteriormente dos grandes de la historia de la cultura occidental, como San Buenaventura y el grande Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII, confirman la tesis de San Gregorio Magno de 7 pecados capitales, solo que, Santo Tomás cambia el orden de los pecados: vanagloria, avaricia, glotonería, lujuria, pereza, envidia e ira. Si te interesa este tema, te recomendamos leer el siguiente artículo: Ramas del Cristianismo

Como se ha observado, se han presentado diferentes posturas, donde se confirma el planteamiento realizado por San Gregorio Magno, recordemos que el Santo Papa, eliminó la tristeza como pecado capital, al considerar que esta va incluida en la pereza como vicio. También en este mismo enfoque, está Dante Alighieri, quien en su obra la Divina Comedia, describe el infierno señalando la clasificación de los 7 pecados capitales de San Gregorio.

No se puede dejar a un lado, lo ocurrido en pleno renacimiento, momento en que aparecen, autores de otras corrientes cristianas, como el protestantismo que también resaltan la importancia de los 7 pecados capitales, indicando los terribles castigos que sufrirían en el infierno, las almas que se atrevan a infringirlos.

Significado de los 7 pecados capitales

El buen proceder de los ciudadanos, como garantía de equilibrio y paz en el seno de una comunidad, descansa en el cumplimiento de los preceptos morales y normas que la rigen. Al respecto, la Iglesia Católica en su rol regulador de la sociedad, ha caracterizado los pecados, que la feligresía debe evitar, dado que estos constituyen la génesis desencadenante de conductas disruptivas y al margen de la Divinidad. A continuación, se presenta una síntesis de estos.

Soberbia

En términos generales, la soberbia es entendida como esa necesidad o deseo del hombre, de estar por encima del resto, como si fuese más importante y atractivo que cualquiera, llegando incluso bajo esta condición, a no reconocer los atributos y valores de otras personas. Al respecto, la Iglesia Católica, ha considerado la soberbia, como el más potente de los pecados capitales, en virtud de los errores que puede desencadenar; de ahí, su consideración como “pecado original”.

Además de la iglesia, otros autores han tratado el tema de la soberbia, según una visión propia, tal es el caso de John Milton en cuya obra (el paraíso perdido), ejemplifica la soberbia, como el pecado cometido por Lucifer al pretender equipararse en dones a la figura de Dios.

Otro autor, Jonathan Edwards, coincidiendo con la Iglesia Católica, considera la soberbia como la génesis de todos los pecados, agregando además, como algo sumamente negativo de este pecado, el efecto perturbador que ella ocasiona en la paz y sosiego del alma, alejando al mortal, de Cristo nuestro Señor. Difícil de erradicar, esta puede solaparse tras la apariencia de una falsa humildad.

7 pecados capitales

En otros ámbitos, la soberbia se la identifica con aquellas situaciones donde la persona, gracias a una sobrevaloración de su yo, se considera superior de muchas maneras respecto de otras personas, creyéndose incluso capaz de lograr lo que sea, independientemente del contexto. Tras esta consideración se esconde una gran necesidad de logro por alcanzar un estatus personal alto.

La soberbia, pecado que lleva a la persona a valorarse exageradamente, respecto a sus semejantes, conduce directamente a la vanidad, convirtiéndole en una persona centrada en lo banal. Por lo general, esta condición lleva a la persona a manifestar un especial orgullo por sus enormes capacidades, así sean estas un tanto banales. El orgullo aquí se refiere a esa particularidad de jamás reconocer el error cometido, o pedir disculpas.

Contrario al orgullo del soberbio, estaría el orgullo derivado de haber cumplido satisfactoriamente con tareas vinculadas al bien común. La ausencia de humildad y sencillez bajo el influjo de la soberbia, puede llevar a la persona a convertirse en una persona altiva, arrogante y prepotente.

La soberbia tiene variedad de manifestaciones, pero de todas, una muy significativa es la denominada vanagloria o cenodoxia. Esta expresión de la soberbia, alude a situaciones donde la persona, la cual se siente poseedora de bienes materiales y espirituales excelsos, siente el inmenso deseo de ser alabado, como si este fuese alguien muy especial. Para la Biblia esta es una expresión inaceptable de vanidad. La codicia (filargiria) y el amor al poder (filargía) nacen de la cenodoxia.

Ira

Cuando una persona por determinadas circunstancias, experimenta un odio exacerbado que puede llevarlo a cometer acciones reprochables, en virtud del descontrol emocional que presenta, estamos seguramente frente al pecado capital llamado ira. Muchas pueden ser las razones que lleven a alguien a ese estado de desequilibrio, más lo importante a destacar, gira en torno a sus manifestaciones, las cuales pueden ocasionar perjuicios personales y colectivos.

La falta de aceptación de una realidad, puede derivar en estados de ira, así como también, aquellas acciones que la persona considere, una injusticia cometida en contra de su persona, por alguna autoridad. En todo caso, el descontrol generado, probablemente ante la falta de tolerancia como atributo deseable, puede conducir al individuo, a desarrollar sentimientos de odio, venganza, actos discriminatorios e inclusive cometer delitos como homicidio y genocidio.

Avaricia

Equivalente a la lujuria y la gula, este pecado capital tiene que ver con los excesos; es decir, con el hecho de ambicionar una serie de bienes materiales, más allá de los necesarios. La persona envuelta en este pecado, sería capaz de ejecutar cualquier acción ilícita o desdeñable, con tal de alcanzar su fin.

La Iglesia Católica al hablar de este pecado, hace hincapié en la prevalencia de lo material más allá de límites razonables, como un pecado capital; de hecho, Santo Tomás en sus reflexiones, considera reprobable, dar mayor importancia a lo material (temporal), que a lo espiritual (trascendental). Según Dante, la avaricia es castigada en el purgatorio obligando a las personas a recitar sobre una piedra, actos de avaricia y las respectivas virtudes a cultivar.

La avaricia es un pecado capital potente, pues inspira la ejecución de acciones pecaminosas, en perjuicio de la persona y con daños colaterales.  La estafa y el robo como delitos cometidos en la sociedad, por lo general plagados de violencia, califican dentro de este pecado; como también el soborno o engaño para procurarse algún beneficio material. En grado más grave estaría la simonía, acto de avaricia por la pretensión de obtener favores espirituales a cambio de algo material.

Envidia

La envidia es un pecado capital parecido a la avaricia, en cuanto al deseo exacerbado de obtener algo de otra persona, sin considerar si realmente lo necesita; solo que en este caso, la ambición desmedida no sólo se remite a algún bien material, en este caso, se amplía el rango de acción, puesto que cualquier cosa tangible o no, puede ser objeto de envidia.

7 pecados capitales

La persona cargada de envidia, quiere poseer algo, que él cree merecer, y no tiene, o al menos en la medida de sus aspiraciones. Ese algo, que como dijéramos antes, puede ser cualquier cosa, le pertenece a otra persona, circunstancia que llena de rabia y odio al envidioso, quien en lo más profundo de su ser, aspira arrebatárselo, abrigando el deseo de ver al otro sufrir ante la pérdida de su bien material o atributo intangible, según sea el caso.

En el ámbito de la literatura, Dante define la envidia, como el deseo de despojar al otro de lo que le pertenece, indicando además que, en el purgatorio, los envidiosos son castigados cerrando y cosiendo sus ojos, como represalia por haber visto y disfrutado del despojo de otras personas. En otras palabras, por haber cometido el pecado de la envidia.

Lujuria

La actividad sexual del hombre, siempre ha sido motivo de interés en el ámbito general, dada su vinculación a la reproducción y el placer. Todas las religiones se han ocupado de abordar este tema, desde una perspectiva espiritual y moral, al servicio de la sana convivencia en la sociedad. La lujuria como pecado capital, tiene que ver precisamente con esta dimensión del ser humano, es decir, el ejercicio de su sexualidad.

Para la Iglesia Católica, la lujuria tiene que ver con el deseo descontrolado a mantener relaciones sexuales, aunado al exceso de pensamientos asociados a la sexualidad. La persona envuelta en este tipo de pecado, es proclive a cometer acciones disruptivas, que irían, por ejemplo, desde el engaño a la pareja (adulterio), hasta actos de violación en contra de alguna persona (someter al otro a actividad sexual sin su consentimiento).

La lujuria, independientemente que sea entendida, como compulsión o adicción, es un pecado que todas las religiones invitan a no cometerlo, dadas sus implicaciones en el seno de cualquier comunidad. Con una orientación distinta Dante, pareciera no considerarla un pecado, sino más bien, una expresión de amor general hacia cualquier individuo; así mismo. también se ha planteado la lujuria, como un acto de posesión de una persona hacia otra.

Respecto de este tema, la Real Academia Española en su diccionario, ofrece dos connotaciones a este término: la lujuria (vicio), como el uso inapropiado de la actividad sexual, provocada por deseos sexuales descontrolados; y la lujuria como el deseo desenfrenado de algo.

Gula

La explicación de la gula como pecado capital, debe enmarcarse en dos momentos distintos. En la antigüedad, la gula se le asociaba a cualquier tipo de exceso, que llevase a la persona a consumir compulsivamente algo de manera innecesaria, no obstante, hoy día, la gula se le vincula básicamente al apetito compulsivo de alimentos y bebidas. Por esto gula y glotonería se les menciona como equivalentes.

Al respecto, Dante desde el ámbito de la literatura, al hacer referencia a este pecado, dice que en el purgatorio, las personas que en vida habían sido objeto de la gula, ahora debían permanecer pasando penuria, al pie de dos árboles cargados de frutas, que no podían alcanzar para mitigar su hambre.

Finalizando este punto, se puede decir que el consumo excesivo e irracional de algo que provoque conductas compulsivas, independientemente de sus propiedades, cae en el ámbito de la gula y debe ser corregido, dado su carácter destructivo. Un ejemplo emblemático de esto, es el consumo de alcohol y otras sustancias nocivas para la salud.

Pereza

La pereza es el pecado capital que más dificultad presenta a la hora de su explicación, a diferencia de los anteriores, los cuales se pueden objetivar mediante ejemplos que facilitan su comprensión, la pereza, reviste un carácter subjetivo, que se presta a confusión. De hecho, el ocio como también se le conoce, en muchos ámbitos no se le considera como un pecado o falta.

De manera simple, y en forma muy general, se dice que la pereza es una suerte de incapacidad presente en algunas personas, para atenderse a sí mismas en sus necesidades y comprender la obligación que tienen de hacerlo. En un sentido más específico, la pereza o acedía, se vincula al desaliento del creyente frente a sus obligaciones espirituales, las cuales suponen a través de la vida, sortear una serie de obstáculos.

Visto de esta manera, y así se considera en el ámbito religioso, las obligaciones espirituales, demandas por Dios con carácter obligatorio en pro de nuestra salvación, no se deben evadir, todo lo contrario, su cumplimiento aunado a prácticas asociadas a la piedad, y las distintas virtudes cristianas, garantizan la permanencia de la persona, en consonancia con Dios.

En este sentido, estar consciente de esto, y aun así manifestar tristeza y desaliento frente a esas demandas, constituye un pecado capital. Descuidar la salud espiritual que viene del cumplimiento de los mandatos del Señor, empleando como pretexto las contingencias de la vida, nos enfrenta a la caridad de Dios, pues al desatenderlo a él, nos estamos desatendiendo a nosotros mismos.

La pereza como práctica deliberada de abandono espiritual, que conduce a la persona a desconocer la vida eterna al abrigo de Dios, y entregarse a los placeres materiales, es considerada entonces como un pecado capital mortal, dado que implica desconocer la presencia del Señor como creador y conductor de nuestras vidas.

Arte y Literatura

La temática de los 7 pecados capitales, es un argumento que ha sido utilizado, como fuente de inspiración para muchos artistas de distintas disciplinas (pintura, cine, teatro escultura), además de poetas y escritores, que se sienten atraídos por lo fecundo del tema, escudriñando en las entrañas de la naturaleza humana.

Basta con mencionar la Divina Comedia de Dante Alighieri y la película Seven (1995) de David Fincher y escrita por Andrew Kevin Walker, para reflejar el impacto que tiene en el mundo de la creación artística y de la literatura, los 7 pecados capitales. Sin embargo, existen obras que merecen la consideración respectiva en el tratamiento de los 7 pecados capitales.

Podríamos comenzar mencionando el poema Psychomachia de Aurelio Prudencio obra que corresponde a la primera etapa de consolidación de la Iglesia Católica como institución (3009 d. C); ya en lo que se considera pleno período histórico del renacimiento, tenemos el libro del Buen Amor de Juan Ruiz el Arcipreste de Hita, además en esta misma época podemos indicar al libro de Pedro López de Ayala, el Rimado de Palacio.

En el siglo XV, podemos mostrar cómo a través de la pintura de Hieronymus Bosch, nos presenta una ilustración de los 7 pecados capitales, en una obra que traduce con gran naturalidad el sentido litúrgico religioso que envuelve a los 7 pecados capilares, mostrando en forma descarnada el papel de nuestro Señor Jesucristo, con las almas que están en el purgatorio, purificando sus vicios.

También el género literario ha servido para escenificar aspectos relativos a los 7 pecados capitales, en este campo artístico teatral que tuvo un auge significativo en los siglos XVI; XVII y principios del XVIII, teniendo como uno de sus más célebres exponentes al escritor y dramaturgo español Calderón de la Barca.

Virtudes según la Iglesia Católica

La reflexión generada en la Iglesia Católica alrededor de los 7 pecados capitales, fue muy fecunda; al respecto, sus intelectuales procuraron darle a la institución religiosa, un cuerpo de ideas, que no solo explica los vicios del ser humano, sino que también les diera herramientas espirituales y morales, para enfrentar la debilidad del hombre ante el estímulo que lo incitaba a pecar.

7 pecados capitales

En este sentido, la Iglesia Católica propone una serie de virtudes, que de manera perfecta se oponen a los 7 pecados capitales, es decir, establece para cada pecado capital una virtud contrapuesta equivalente en energía y en fuerza, para enfrentar el vicio respectivo. La lista de las 7 virtudes aparece en la obra de Aurelio Clemente Prudencio, que lleva por nombre Psychomachia. Esta obra fue publicada entre el 399 y 400 d.C.

En la mencionada obra, no se exalta otra cosa, que no sea la eterna pugna entre el bien y el mal; posteriormente, luego de que el Papa Gregorio Magno, plantea la consideración definitiva de los 7 pecados capitales, el cultivo de las virtudes, cobra entonces gran relevancia, constituyéndose en los escudos protectores espirituales ante los 7 pecados capitales.

La relación que propone la Iglesia Católica es la siguiente: ante la soberbia plantean como principio la humildad, es decir, la condición en el ser humano, según el cual, este no se cree mejor que los demás; ante la avaricia, contrapone la generosidad, costumbre en el ser humano, caracterizada por prestar auxilio, ofrendar, atender y comprender al prójimo. Sobre la generosidad es importante destacar, que esta implica amor a tu semejante como a ti mismo;

Respecto a la lujuria, se proponen la castidad, comportamiento que asume las apetencias sexuales con la debida mesura, estimando que la energía sexual debe ser controlada a voluntad; en cuanto a la ira, se propone enfrentarla con la paciencia, condición humana que permite solventar cualquier dificultad.

Para la gula, se contempla su control a través de la templanza, equilibrio personal a la hora de enfrentar los placeres; la envidia se enfrentan con caridad, representada por comportamientos amistosos, de solidaridad, de entrega al prójimo; finalmente para la pereza, se sugiere contraponerse con diligencia, es decir, procurar hacer las cosas con acuciosidad, con el mejor de los ánimos, impulsando siempre lo mejor en la actividad.

Relación de los pecados y el demonio

Los distintos planteamientos que realizan los intelectuales y teólogos asociados al cristianismo, definitivamente gozan de una gran fecundidad; así como también, grandes pensadores han utilizado el tema de los 7 pecados capitales, para producir obras artísticas de gran valía.

Factores asociados a la Iglesia Católica de notable presencia intelectual, sumaron propuestas, en distintas aristas del campo religioso espiritual. Tal es el caso, del teólogo alemán Peter Binsfeld, quien en el siglo XI (1589), realizó un trabajo de investigación, tratando de evidenciar la presencia demoníaca en la tierra, utilizando para ello, la presencia y funcionamiento de brujas y hechiceros.

Motivado por esta acción, escribe el famoso libro llamado “Confesiones de hechiceros y brujas” (1589), donde describe los alcances de esta práctica, en la época; pero también, ese mismo año propone una analogía por demás interesante, asociando los 7 pecados capitales a una figura demoníaca. De esta asociación surge un listado de pecados con su correspondiente entidad maligna.

La lujuria es representada por Asmodeo, la gula por Belcebú, la avaricia por Mammon, la pereza por Belfegor, a la ira le corresponde Amón, la envidia es tutelada por Leviatán, mientras que la soberbia y el orgullo son encarnados por el mismísimo Lucifer. Si te gustó nuestro artículo, te invitamos a revisar más temas interesantes dentro de nuestro blog, como puede ser: ¿Cuáles son los Sacramentos?

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